Gobierno de Sheinbaum ordena registro de desaparecidos: un primer paso necesario pero insuficiente
Sheinbaum ordena registro de desaparecidos: paso necesario pero insuficiente

Gobierno de Sheinbaum ordena el caos en registro de desaparecidos: un avance crítico pero limitado

El viernes pasado, la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum tomó una medida largamente esperada: imponer orden en el desorden histórico del registro nacional de personas desaparecidas. Esta acción, aunque no resuelve el problema de fondo ni devuelve a las víctimas a sus familias, representa un primer paso indispensable en la política pública. Como bien se sabe, lo que no se puede medir no se puede mejorar, y mucho menos resolver. En México, durante años, los datos sobre desapariciones han sido tanto una herida humana profunda como un archivo administrativo fracturado y caótico.

Depuración de datos: separando el grano de la paja

La presentación gubernamental buscó corregir esta situación con un enfoque responsable, diferenciando entre casos con actividad posterior, registros con información insuficiente y un núcleo de 43,128 personas con identidad suficiente y sin rastro administrativo posterior. Es crucial subrayar que ordenar la base de datos no equivale a esclarecer este grave problema nacional. Sin embargo, esta medida desmonta, al menos temporalmente, una acusación recurrente en el debate público: la idea de que la reducción en las cifras de homicidios era un simple maquillaje estadístico y que los asesinatos se estaban transfiriendo a la categoría de desapariciones.

Los datos presentados por el gobierno no apuntan en esa dirección conspirativa. Más bien, revelan un registro históricamente contaminado por omisiones graves, duplicidades, expedientes mal integrados y denuncias levantadas con datos insuficientes. En esencia, se trata menos de una manipulación contable y más de un desorden institucional a gran escala que ha persistido por años.

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La advertencia metodológica y el punto de dolor real

Esto no significa que el homicidio deba analizarse de forma aislada. Organizaciones como México Evalúa han advertido repetidamente que el homicidio doloso por sí solo no captura toda la violencia letal en el país, debido a fallas en la clasificación y porque actores criminales utilizan las desapariciones para ocultar muertes. Esta advertencia metodológica es seria y merece atención, pero no constituye prueba de una operación sistemática de maquillaje federal. Confundir ambos aspectos solo enturbia el panorama en lugar de aclararlo.

La revelación más impactante del viernes no fue la cifra depurada en sí, sino otro dato escalofriante: de esos 43,128 casos que el propio gobierno considera sólidos, las fiscalías locales apenas habían abierto 3,869 carpetas de investigación. Aquí yace el verdadero punto de dolor y el eslabón roto en la cadena de justicia. En realidad, México sufre una cadena de tres piezas que no encajan entre sí: el registro, la investigación y la identificación. Se presentan denuncias, pero no siempre se investigan; se inician investigaciones, pero no siempre se busca de manera efectiva; se localizan restos, pero no siempre se identifican. Entre un eslabón y otro, se pierde lo más valioso: la verdad.

Del diagnóstico preciso a la acción decisiva

Por ello, el debate público debe evolucionar de la sospecha genérica hacia un diagnóstico preciso. El grave problema de las desapariciones en México no se explica únicamente por una cifra elevada o por una narrativa mal defendida. Se explica por fiscalías locales rebasadas, negligentes o incluso capturadas por intereses ajenos; por años de desorden federal en la materia; y por una maquinaria institucional que ha convertido la búsqueda en una agotadora carrera de resistencia para las familias afectadas.

El dato presentado el viernes será útil solo si obliga a corregir esta maquinaria defectuosa. No servirá de nada si se utiliza únicamente para administrar el costo político de la tragedia. La presidenta Sheinbaum acertó al comenzar por ordenar el registro, una tarea necesaria y urgente. Ahora falta lo decisivo: conectar el dato con la búsqueda activa, la búsqueda con la apertura de carpetas de investigación, y estas con la identificación certera de las víctimas.

Medir fue el primer paso. Investigar en serio es el siguiente. Porque, en el tema de las desapariciones, contar mejor no basta: hay que encontrar.

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