Chapula, Hidalgo: cuatro meses de abandono tras el huracán Priscilla
En la comunidad de Chapula, perteneciente al municipio de Tianguistengo en el estado de Hidalgo, el tiempo parece haberse detenido desde aquella fatídica noche del 9 de octubre de 2025. Más de cuatro meses después del paso devastador del huracán Priscilla, más de 200 familias continúan sumidas en el lodo y el olvido, sin reconstrucción ni apoyo estatal efectivo.
La tragedia que persiste
Donde antes había viviendas humildes pero dignas, hoy solo quedan montones de lodo seco, láminas retorcidas por la fuerza del agua y silencios que hablan más que cualquier discurso oficial. Las lluvias desbordaron todo a su paso, arrasando con viviendas, parcelas de cultivo y animales de corral, cubriendo lo poco que quedó en pie con piedras y tierra.
Los habitantes limpian como pueden, con palas prestadas y manos cansadas, tratando de rescatar entre los escombros fotografías familiares, herramientas de trabajo o algún mueble que todavía pueda servir. La comunidad, que antes del desastre sobrevivía de la agricultura de subsistencia y del pequeño comercio regional, ve cómo su forma de vida se desvanece día a día.
La milpa: corazón económico destruido
La milpa era el corazón económico de Chapula: maíz, ejote, calabaza. Cosechas modestas, sí, pero suficientes para alimentar a las familias y generar algún ingreso en los mercados cercanos. En una zona históricamente marcada por la marginación, cada surco sembrado representaba no solo sustento, sino una forma de resistencia cultural y económica.
"Lo más grave no es solo la fuerza del huracán, sino la lentitud, desorden y opacidad de la respuesta gubernamental", señalan los afectados. Censos cuestionados, apoyos incompletos y promesas de reconstrucción que nunca se materializan más allá del micrófono caracterizan la intervención estatal.
La polémica reubicación
Álvaro López Ríos, secretario general de la Unión Nacional de Trabajadores Agrícolas (UNTA), tras recorrer la zona afectada, denuncia la ausencia de autoridades: "Ni el presidente municipal ni el gobernador han vuelto al lugar, según los propios habitantes".
La presencia del Estado se ha limitado a medio arreglar el camino, reconectar la luz eléctrica y anunciar, con gran despliegue mediático, una reubicación total que pretende llevar a las familias a más de 30 kilómetros del poblado original.
El problema: el terreno propuesto para la reubicación colinda con un tiradero de basura municipal, lo que convierte la solución oficial en un desplazamiento que no reconstruye, sino que borra comunidades completas del mapa.
La resistencia de los pobladores
La mayoría de los habitantes de Chapula se niegan rotundamente a abandonar sus tierras. No quieren dejar atrás su forma de vida, ni enterrar décadas de trabajo bajo un proyecto que consideran improvisado. Sus exigencias son claras y básicas:
- Limpieza completa del pueblo
- Desazolve de ríos y cauces
- Un verdadero programa de reconstrucción en el lugar
López Ríos va más allá en su crítica: "La reubicación huele a negocio. Desarraigar a Chapula significaría abandonar agricultura, ganadería y patrimonio, dejando libre una zona que por años fue ignorada y hoy parece súbitamente atractiva".
Un patrón de abandono
Lo que ocurre en Tianguistengo no es un caso aislado. Representa el retrato de una política de emergencia que privilegia la simulación sobre las soluciones de fondo. Cuatro meses después del desastre, el gobierno que encabeza Julio Menchaca Salazar sigue sin dar certezas, sin un plan integral y sin tiempos claros para la recuperación.
Mientras los pobladores de Chapula siguen entre escombros, el discurso oficial habla de avances que nadie en la comunidad logra ver. La tragedia del huracán Priscilla se ha convertido en la tragedia de la indiferencia institucional.