La incertidumbre de la reforma electoral: ¿Un 'perdimos compadre' para los duros de Morena?
La anécdota histórica atribuida al expresidente Ruiz Cortines, donde un compadre le pidió ser gobernador y él respondió con un "¿Qué cree, compadre?, nos la ganaron", refleja una práctica política arraigada en México: la de ganar perdiendo. Hoy, esta dinámica resuena en el debate sobre la reforma electoral impulsada por la Presidenta Claudia Sheinbaum, cuya dirección y alcance permanecen envueltos en misterio.
Desacuerdos internos y señales contradictorias
Sheinbaum nombró a Pablo Gómez al frente de la comisión presidencial para la reforma, un movimiento interpretado por muchos como una estrategia para sacarlo de la Unidad de Inteligencia Financiera y mantenerlo ocupado en un tema que el ex presidente López Obrador ya le había encargado. Sin embargo, hasta la fecha, la Presidenta no ha respaldado públicamente las propuestas de Gómez, que, como era de esperarse, eco fielmente las ideas del ex mandatario.
Los partidos aliados, el PT y el Verde, han comenzado a mostrar señales de descontento, indicando que podrían no apoyar una reforma que aún no ha sido presentada formalmente. Los puntos clave que los sectores más radicales de Morena defienden incluyen:
- Reducción de cien diputados plurinominales.
- Disminución del financiamiento público a los partidos políticos.
- Contracción de la estructura del INE y los organismos electorales locales.
No obstante, las pocas pistas que ha ofrecido Sheinbaum sugieren un enfoque diferente. Podría optar por un sistema de repechaje para los plurinominales, donde sean elegidos los candidatos perdedores con mayor porcentaje de votos en sus circunscripciones, en lugar de los designados por las dirigencias partidistas. Además, se contempla la eliminación de los plurinominales en el Senado, una medida lógica pero que probablemente encuentre resistencia del PT y el Verde.
Retos y posibles soluciones en un contexto complejo
Reducir sustancialmente el subsidio a los partidos se presenta como un desafío mayúsculo, especialmente en un momento donde el crimen organizado ha infiltrado los procesos electorales. Por ello, es probable que la reforma se centre en fortalecer el control y la eficacia en la fiscalización del gasto electoral. Algunas voces han propuesto incluso el voto obligatorio como mecanismo para inhibir la compra o coacción del voto, aunque esta idea enfrenta oposición, incluso dentro de las filas morenistas.
Actualmente, la obsesión de la Presidenta es recuperar la inversión y el crecimiento económico. Si no se logra este objetivo en el corto plazo, el proyecto social de la llamada Cuarta Transformación podría verse seriamente comprometido. Una reforma electoral que cumpla con las promesas de campaña, pero que al mismo tiempo sea percibida como una derrota para los sectores más intransigentes de Morena—similar a lo ocurrido con la reforma de las 40 horas—podría enviar una señal positiva a los mercados y los inversionistas.
¿Un giro estratégico de Sheinbaum?
La pregunta clave que flota en el ambiente político es: ¿Se animará la Presidenta a aplicar el 'perdimos compadre' a Pablo Gómez y, por extensión, a López Obrador? Esta maniobra implicaría distanciarse de las propuestas más radicales del ex presidente y buscar un consenso más amplio, priorizando la estabilidad económica y la confianza institucional. En un escenario tan polarizado, la decisión de Sheinbaum podría definir no solo el futuro de la reforma electoral, sino también el rumbo de su gobierno y la viabilidad del proyecto transformador en un contexto de crecientes desafíos.



