La estrategia de presión de Sheinbaum: amenaza y negociación para salvar el Plan B electoral
En un movimiento calculado, la presidenta Claudia Sheinbaum utilizó una táctica de amenaza y concesión para asegurar que sus aliados del PT y el Partido Verde respaldaran su Plan B electoral, tras el rechazo inicial a su reforma. Según fuentes cercanas a la negociación, Sheinbaum apareció solo tres minutos en una reunión en Palacio Nacional la semana pasada, mostrando su enojo y creando un ambiente de reclamo que puso a temblar a los socios de la coalición.
El mensaje claro del gobierno: sumarse o dinamitar la alianza
El gobierno transmitió un ultimátum diáfano a los partidos aliados: rechazar el Plan B equivalía a dinamitar la alianza Morena-PT-Verde. Ante esta advertencia, nadie quiso arriesgarse, ya que encuestas internas revelaron que sin Morena, el PT y el Verde batallarían para mantener su registro político. A cambio de su apoyo, el régimen ofreció rasurar las partes más controvertidas del plan, descafeinándolo aún más de lo previsto.
Lo que inicialmente se presentó como la morralla de la reforma electoral se transformó en una versión light tras las negociaciones en la Secretaría de Gobernación. Entre las concesiones clave se incluyen:
- No se realizarán recortes económicos profundos en estados y municipios.
- La consulta popular para temas electorales excluirá asuntos relacionados con la conformación de otros poderes, como los plurinominales.
Intereses y compensaciones en juego
Mantenerse en la coalición oficialista garantiza a los aliados bancadas nutridas en el Congreso, posiciones ejecutivas a nivel nacional y recursos financieros significativos. El Partido Verde, por ejemplo, negoció la posibilidad de que Morena le ceda una gubernatura adicional, además de San Luis Potosí y Quintana Roo, con miras puestas en Zacatecas o Sinaloa.
En Zacatecas, el candidato podría ser el diputado federal Carlos Puente, coordinador de la bancada verde, mientras que en Sinaloa se baraja al también diputado Ricardo Madrid, operador del ex gobernador Quirino Ordaz. Estas maniobras reflejan cómo la aplanadora electoral Morena-PT-Verde, aunque abollada, sigue viva y busca repetir sus éxitos en las elecciones de 2027.
Este episodio subraya la fragilidad de las alianzas políticas en México, donde la presión y el cálculo de intereses pueden imponerse sobre diferencias ideológicas, asegurando la continuidad de proyectos gubernamentales clave.



