La investigadora Julia Carabias, miembro de El Colegio Nacional, analiza la crisis ambiental actual. Desde sus orígenes, las sociedades humanas han enfrentado crisis vinculadas con el medio ambiente, algunas naturales como el descenso de temperatura de hace 13,000 años o las sequías mesopotámicas, y otras combinadas con manejo inadecuado, como el colapso maya. Sin embargo, la crisis actual es sin precedentes por su alcance global, magnitud, velocidad y consecuencias.
Consumo y población
Somos cerca de 7,700 millones de personas, con 15,000 nacimientos por hora, consumiendo más recursos que nunca, con grandes asimetrías. Dependemos de la naturaleza para alimentos, agua, energía y minerales (servicios ecosistémicos), pero falta conciencia colectiva e individual. Cuanto más urbanos, más distantes estamos de la naturaleza.
Impacto humano en ecosistemas
La producción de alimentos ha alterado casi la mitad de la superficie terrestre; las pesquerías ocupan la mitad de los océanos y 30% están sobreexplotadas; los flujos de agua dulce están contaminados, creando zonas muertas como en el golfo de México. La evidencia científica muestra que el impacto humano fuerza a los ecosistemas fuera de condiciones seguras.
Nueve procesos globales afectados
- Extinción de especies
- Cambio climático
- Exceso en ciclos biogeoquímicos
- Deforestación y desertización
- Acidificación de océanos
- Estrés del ciclo del agua
- Reducción de la capa de ozono
- Exceso de residuos sólidos, líquidos y químicos
- Exceso de aerosoles
Ya se han rebasado umbrales planetarios en cambio climático, pérdida de biodiversidad, ciclos de nitrógeno y fósforo, y cambio de uso de suelo. Solo la capa de ozono está en reversión.
Desigualdad y pobreza
767 millones de personas viven en pobreza extrema. Los países de la OCDE consumen 15 veces más recursos que los países en desarrollo. En México, 60 millones viven con ingreso inferior a la línea de bienestar (53.2%) y 24 millones no alcanzan para la canasta alimentaria. México es el segundo más desigual de la OCDE.
Necesidad de cambio
De seguir las tendencias, para 2030 la situación empeorará. Cambiar el rumbo es una necesidad civilizatoria, integrando dimensiones económicas, sociales, ambientales, culturales y políticas para el desarrollo sustentable. La Agenda 2030 de la ONU es la expresión más avanzada, pero su aplicación es lenta y desarticulada.
Carabias plantea dos preguntas: ¿es compatible el bienestar de toda la población con la conservación del patrimonio natural? ¿es posible superar contradicciones entre derechos humanos y medio ambiente sano? Responde que sí, pero requiere un cambio de cultura. Destaca la necesidad de analizar los nudos que entorpecen las metas.
El Colegio Nacional puede dar cauce a estas reflexiones, según la investigadora.



