Hallazgo arqueológico confirma la trágica historia de Puerto del Hambre
Tras años de investigaciones meticulosas, un equipo interdisciplinario chileno ha realizado un descubrimiento histórico que pone fin a una de las leyendas más tristes de la colonización española en América. El hallazgo de un pequeño "real de a ocho" de plata, acuñado durante el reinado de Felipe II, confirma definitivamente la ubicación exacta de la efímera ciudad Rey Felipe, conocida tristemente como "Puerto del Hambre" por la terrible historia de abandono que marcó su destino.
Una moneda que habla desde el barro
El destello plateado emergió del barro en el estrecho de Magallanes, a aproximadamente 56 kilómetros al sur de la actual Punta Arenas. "Encontramos la moneda exactamente en el lugar y en la posición descritos por Sarmiento en sus escritos", explica con emoción Soledad González Díaz, investigadora del Centro de Estudios Históricos y Humanidades de la Universidad Bernardo O'Higgins.
La pieza histórica presenta por una cara la cruz de Jerusalén y por la otra el escudo de Felipe II, constituyendo una evidencia material invaluable. Este descubrimiento se enmarca dentro del proyecto 'Ahondando en la epopeya del fracaso: una aproximación multidisciplinaria a ciudad Rey Don Felipe (Puerto del Hambre), Magallanes, siglo XVI', financiado por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo de Chile (ANID).
La crónica de un fracaso anunciado
Fue el navegante gallego Pedro Sarmiento de Gamboa quien, un 25 de marzo de 1584, colocó la primera piedra de la iglesia Nuestra Señora de la Encarnación y enterró ritualmente esta moneda en sus cimientos. Este acto simbolizaba el nacimiento oficial del primer intento colonizador español en la costa norte del Estrecho de Magallanes.
Sin embargo, lo que comenzó como un bautismo terminó convirtiéndose en la crónica de una expedición desventurada. El fracaso del asentamiento representó la muerte por inanición de 337 personas, incluyendo:
- Dos frailes franciscanos
- Pobladores civiles
- Soldados y marineros
Tres años después, en 1587, el corsario inglés Thomas Cavendish encontró sus cuerpos al fondear en una ciudad bien planificada pero plagada de cadáveres. La imagen macabra lo llevó a rebautizar el lugar como 'Port Famine' (Puerto del Hambre), nombre que perduraría en la historia.
Tecnología al servicio de la historia
Los investigadores utilizaron un sistema de geolocalización de precisión milimétrica combinado con detección de metales para mapear diversos puntos del terreno. "En ese momento no sabíamos qué era, solo detectamos una señal muy intensa. Con todos estos datos en la mano decidimos dónde excavar y ahí la encontramos", relata Francisco Garrido, arqueólogo del Museo Nacional de Historia Natural.
Simón Urbina, arqueólogo de la Universidad Austral de Chile, destaca la relevancia del hallazgo: "Es sumamente relevante encontrar evidencias de esta naturaleza 'in situ', no de manera aislada, y que a su vez dialoguen con los testimonios documentales para el lugar".
Reconstruyendo una quimera colonial
La irrupción de este metal ritualístico permite a los arqueólogos proyectar la ubicación del resto de las estructuras del asentamiento, incluyendo casas y bodegas que aparecen consignadas en planos históricos. Este descubrimiento se suma a hallazgos anteriores como las piezas de artillería de bronce encontradas en 2019, pertenecientes a la expedición de Sarmiento.
Joaquín Zuleta, filólogo de la Universidad de los Andes (Chile), explica que este evento "conecta de forma directa las descripciones de los documentos históricos provenientes del archivo colonial con el paisaje arqueológico del estrecho de Magallanes". Además, permite estudiar "la interacción de los conquistadores con los pueblos originarios que circulaban por el estrecho, como los 'aonikenk' y los 'kawésqar'".
La epopeya fracasada de Sarmiento dejó más que una simple moneda: dejó una brújula histórica que, cinco siglos después, sirve como anclaje fundamental para reconstruir la compleja historia de los intentos hispánicos de poblar las tierras patagónicas. Este hallazgo no solo confirma los relatos históricos, sino que humaniza una tragedia colonial que marcó para siempre la memoria del extremo sur americano.



