Cherán: 15 años de resistencia y democracia comunitaria
Hace quince años, el 15 de abril de 2011, la comunidad indígena purépecha de Cherán, ubicada en la meseta de Michoacán, dijo "basta" al despojo de sus bienes comunales y a la violencia ejercida por grupos delictivos, frecuentemente solapados por autoridades y partidos políticos tradicionales.
El detonante: la defensa del bosque y el agua sagrada
La mañana de aquel viernes histórico, las mujeres de Cherán se organizaron y enfrentaron directamente a los talamontes que devastaban sus bosques, obligándolos a abandonar varios camiones cargados con madera talada ilegalmente. El punto de inflexión fue la tala alrededor del Jaratin, un cuerpo de agua que la comunidad considera no solo vital para su subsistencia, sino también sagrado.
Este acto de valentía no fue el primer intento de resistencia. Anteriormente, casi una veintena de comuneros habían sido asesinados o desaparecidos al oponerse a estos grupos. Por ello, el 15 de abril de 2011, la comunidad sabía que debía atrincherarse y prepararse para defenderse de posibles represalias criminales.
La organización desde las fogatas
El levantamiento femenino catalizó la organización de toda la comunidad. Se establecieron guardias en las tres entradas del pueblo y se encendieron fogatas en cada cuadra de los cuatro barrios: Kétsikua, Karhákua, Parhikutini y Jurhúkutini. En total, 189 fogatas se mantuvieron encendidas durante semanas completas.
Estas fogatas se convirtieron en el núcleo de la estructura organizativa comunitaria. No solo servían para protección, abrigo y alimentación, sino que en las conversaciones alrededor del fuego, los habitantes decidieron su futuro: expulsar al gobierno municipal y a los partidos políticos, y abstenerse de participar en las elecciones subsecuentes.
Un modelo de autogobierno único
Desde aquel levantamiento contra la narco-política que los gobernaba, secuestraba, asesinaba y despojaba, Cherán ha implementado un sistema de autogobierno sin elecciones tradicionales ni participación de partidos políticos. Este modelo rompe completamente con el verticalismo del sistema de democracia liberal representativa.
En lugar de un ayuntamiento convencional, Cherán se gobierna a través de un Consejo de Mayores (Keris), integrado por 12 personas. El proceso de selección es inverso al sistema tradicional:
- Las propuestas surgen desde las fogatas (estructuras de organización vecinal).
- Se presentan en asambleas de los cuatro barrios.
- Finalmente, se deliberan en la Asamblea General comunitaria.
La elección de los consejeros se realiza por "respaldo": los candidatos se paran en la asamblea y la comunidad vota formándose detrás del aspirante preferido. Quien cuenta con más comuneros a su espalda, asume el cargo. Para ser candidato, deben cumplir tres principios purépechas:
- Vivir bien en lo personal, familiar y social.
- Poseer valores éticos comunitarios.
- Demostrar capacidad de dirección y organización.
Protección comunitaria y recuperación ambiental
Junto con la organización política, Cherán tomó la crucial determinación de autocuidarse. Establecieron rondas comunitarias que, desde entonces, protegen tanto a la población como a sus bosques. Se estima que entre 2008 y 2011, el crimen organizado devastó entre 10,000 y 20,000 hectáreas de bosque. Hoy, ese mismo territorio ha sido reforestado y es vigilado por comuneros que participan voluntariamente en las rondas.
Un ejemplo vivo de democracia alternativa
El pasado 15 de abril, Cherán celebró quince años de vivir sin miedo, resguardado por su propia comunidad y, lo más significativo, gobernándose a sí mismo sin partidos políticos ni una clase política corrupta. Este modelo demuestra que existen formas de organización política más allá de la democracia liberal representativa, donde el poder fluye de abajo hacia arriba.
Cherán no es un caso aislado; representa un ejemplo tangible de que otras democracias son posibles, permitiéndonos cuestionar lo que, desde las estructuras de poder tradicionales, se presenta como la única forma válida de organización política. La comunidad purépecha de Michoacán ha probado, durante una década y media, que otra forma de gobernarse es posible.



