UNAM emprende cruzada para rescatar oficios prehispánicos en comunidades indígenas
El Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM ha iniciado un ambicioso proyecto para documentar y preservar los saberes ancestrales de los pueblos originarios de México, muchos de los cuales se encuentran en grave riesgo de desaparecer. El académico Jesús Carlos Lazcano Arce lidera esta iniciativa denominada "Oficios del México Prehispánico. Estudio Etnoarqueológico", que busca rescatar técnicas productivas que han sobrevivido durante siglos pero que ahora enfrentan amenazas por la migración de las nuevas generaciones hacia otras actividades económicas.
Un viaje etnoarqueológico por las raíces productivas de México
El proyecto ha llevado a Lazcano Arce a realizar trabajo de campo extensivo con diversas comunidades indígenas, incluyendo:
- Huicholes y tarahumaras del norte
- Tepehuanos y nahuas del centro
- Mazatecos, tzotziles y tzentales del sur
- Mayas yucatecos y mayas quichés de Guatemala
Además, el investigador ha consultado con especialistas en arte prehispánico de jadeita en Costa Rica, ampliando el alcance transnacional de su estudio. "Las comunidades indígenas poseen una riqueza cultural y conocimientos tan ancestrales como extraordinarios", explica el académico, destacando cómo estos saberes se manifiestan en oficios que van desde la fabricación de morteros y metates hasta la construcción de cuexcomates (grandes ollas para almacenar maíz) y ladrillos de adobe.
Técnicas que conectan el pasado con el presente
La investigación comenzó en el altiplano central, específicamente en la zona arqueológica de Xochitecatl-Cacaxtla, Tlaxcala, donde Lazcano Arce ha estudiado tanto los sitios monumentales como las áreas habitadas por la gente común, a quienes denomina "agroartesanos". Utilizando la etnoarqueología -una herramienta heurística que estudia la cultura material de sociedades vivas para comprender mejor las del pasado- el investigador busca entender cómo se producían y utilizaban diversos artefactos en contextos arqueológicos.
"Mediante el acercamiento a la población agroartesanal actual, sobre todo de localidades indígenas, podemos saber cómo se construían las casas, cómo se elaboraban navajillas, cuentas de jadeíta o cerámica, o cómo se curtían las pieles", detalla el experto. Estas técnicas no solo tenían fines rituales para ofrendas, sino también utilitarios para elaborar cuerdas, vestimenta o morrales.
Saberes que persisten y otros que se desvanecen
Entre los ejemplos más destacados se encuentran:
- Metates de roca basáltica: Tallados con instrumentos de piedra, técnica que aún se conserva en algunas zonas de Guanajuato y Michoacán.
- Cuexcomates: Graneros que en la antigua ciudad de Cacaxtla alcanzaban más de cuatro metros de altura, y que hoy todavía se construyen en Puebla y Morelos, aunque han desaparecido en Tlaxcala donde ahora se almacenan granos en costales.
- Adobe: Material de construcción que sigue empleándose en Zacatecas, Durango, Coahuila y Jalisco, manteniendo técnicas que se remontan al Epiclásico (650-950 d.C.).
Sin embargo, el investigador alerta sobre la pérdida acelerada de estos conocimientos. "Los saberes agrícolas se están perdiendo porque las nuevas generaciones abandonan estas labores por trabajos como taxistas o dependientes de tiendas de conveniencia", lamenta Lazcano Arce. En otros casos, los conocimientos se transforman en artesanías para el turismo, alterando su función original.
La importancia de lo cotidiano y lo comunitario
El proyecto también ha documentado prácticas como la recolección y almacenamiento de leña, combustible indispensable para temazcales, hornos de cerámica y especialmente para cocinas donde se preparan alimentos tradicionales como el pibipollo (tamal del Día de Muertos en el sureste), cuyo consumo ha disminuido por influencias religiosas evangélicas.
Un aspecto fundamental que persiste es la visión comunal. "Antes, como ahora, en la edificación de una casa o en la cosecha hay intervención de la comunidad, como sucede en el tequio común entre zapotecos y mixtecos de Oaxaca", explica el investigador, destacando cómo la solidaridad y el trabajo colectivo trascienden el tiempo.
Un legado que merece ser preservado
Aunque reconoce que "la distancia entre lo prehispánico y lo actual es importante", Lazcano Arce insiste en que numerosas poblaciones mantienen vivas formas de pensamiento y conocimiento ancestral, tanto en el aspecto simbólico como en la actividad productiva. "Lamentablemente varias están en condiciones precarias, pero guardan saberes extraordinarios", afirma.
Con los resultados de esta investigación, el también profesor de etnoarqueología en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales planea escribir varios libros antes de embarcarse en un nuevo estudio sobre el trueque en el mundo prehispánico y contemporáneo, continuando así su labor de puente entre el pasado indígena y el presente nacional.



