Si algo es fácil y común en México es modificar la Constitución. Salinas de Gortari cambió 55 artículos de la Carta Magna para “modernizar” al país. Zedillo modificó 78 más para corregir la modernización. Vicente Fox cambió 110 artículos para “democratizar” al país. Calderón promovió 38 iniciativas que generaron otros 110 cambios en artículos constitucionales. Peña Nieto reformó 147, en el famoso Pacto por México. López Obrador hizo 96 cambios a la Constitución para afianzar la llamada Cuarta Transformación. Claudia Sheinbaum ha cambiado 45 artículos en 20 iniciativas en menos de dos años, para construir lo que ella llama un segundo piso.
Sí, nuestra Carta Magna, el documento que da sustento a la nación, ha sufrido en promedio 20 cambios por año en poco más de tres décadas. Luego nos preguntamos por qué los inversionistas no nos ven como un país estable. Ahora viene la primera gran iniciativa para parchar el primer piso: la reforma a la reforma judicial. El que la tan llevada, traída, alabada y vituperada reforma al Poder Judicial tenga que ser modificada antes de dos años no es sino la constatación de que en este país es más fácil cambiar la Constitución que ganar la Copa Oro o un torneo de Concacaf, pero sobre todo que se legisla con prepotencia y soberbia.
El que tiene o construye mayoría cambia las leyes porque puede, sin escuchar a nadie, mucho menos quienes advierten riesgos. No es un asunto de personas o partidos, sucedió lo mismo en el Pacto por México que la Cuarta Transformación o la modernización salinista. La reforma a la reforma es un reconocimiento al fracaso, aunque nunca lo vayan a reconocer y menos aún a llamar así.
La pregunta es si mejorar el sistema electoral y los filtros es suficiente para tener un mejor Poder Judicial, pero sobre todo para corregir el daño provocado particularmente a la Suprema Corte que no solo bajó terriblemente su nivel jurídico, sino que se ha convertido en sí misma en una fuente de incertidumbre. Reconocer los errores y propiciar cambios, corregir los cimientos antes de seguir pensando en el segundo piso, es sin duda una buena noticia. La pregunta es si basta con poner pilotes para soportar la estructura.
Recobrar la confianza de la inversión será mucho más complejo de lo pensado. No basta con patear la reforma judicial y con la palabra de la presidenta, pues por un lado la nueva reforma no está claro que generará una mayor calidad en jueces y magistrados electos (dependerá en gran medida de la conformación de la próxima Cámara de Diputados) y, por el otro, por más confianza que pueda ganar la presidenta con los empresarios e inversionistas su periodo dura 72 meses y solo le quedan 53.



