El tesoro familiar de Jorge Kahwagi: Un legado de amor y valores
Durante casi dos décadas, este periodista tuvo el privilegio de entrevistar en al menos quince ocasiones a don Jorge Kahwagi Gastine. Nunca existieron resistencias ni barreras en el diálogo. En un principio, se atribuyó esta apertura a las habilidades reporteriles para mostrar al hombre más allá de su faceta empresarial, pero con el tiempo quedó claro: era el propio Kahwagi quien, sin ataduras, decidía mirarse al espejo y revelarse como padre, esposo, abuelo, hijo, guía, amigo, compañero y motor de ilusiones.
Los cimientos: De Líbano a México
"A veces pensamos mucho las palabras y en lo que van hacia el corazón ya se enfriaron. Es mejor que hable la emoción, ponerle diques a la razón, para que sólo fluya el sentimiento", expresó en una de nuestras conversaciones. Este era, y sigue siendo, Jorge Kahwagi. De su caudal vital, rescatamos aquí algunos pasajes fundamentales.
Su historia comenzó en diciembre de 1946, cuando acababa de cumplir seis años. Su padre, Pedro Kahwagi, sacerdote católico, llevaba más de un año en México sirviendo a la comunidad maronita. "Vende todo, ya compré los boletos del barco para ti y los niños", le dijo a su madre, una mujer valiente que embarcó desde Líbano con cuatro pequeños.
Fue un viaje épico a bordo de un carguero egipcio, el primero en zarpar desde Medio Oriente hacia América tras el armisticio de la Segunda Guerra Mundial. "Cuando subía el oleaje nos entraba agua hasta el camarote, por eso siempre dormíamos con chalecos salvavidas", recordaba. Tras un mes de travesía, llegaron a Nueva York un día glacial. "Reencontrarme con mi padre, abrazarlo, es una de las estampas que más ha alimentado mi vida, lloramos juntos y ahí entendí que nos esperaba un nuevo amanecer".
La educación pública como trampolín
El 2 de marzo de 1947 pisó por primera vez suelo mexicano por Tamaulipas. Sus padres lo inscribieron inmediatamente en la Primaria Benito Juárez, en la colonia Roma. "No había pupitres disponibles, los maestros debieron rescatar una mesita para que pudiera escribir". Los primeros días fueron complejos por diferencias culturales y lingüísticas, pero pronto hizo amigos sólidos.
"Toda mi formación académica fue en escuela pública: desde la primaria hasta la Universidad, no pagué un solo centavo", enfatizaba con orgullo. "Soy producto de la escuela pública, estudié en la UNAM la carrera de abogado y el doctorado en Administración Pública. Eso marca tu vida".
Los pilares familiares
Al hablar de su esposa Sonja, sus ojos brillaban: "Nada de lo que he logrado habría sido posible sin mi bella Sonja. Tengo una compañera que ha sido el corazón de la unión familiar, un faro". Se casaron en 1964 y desde entonces, "con ella a mi lado, he podido atreverme a cualquier proyecto".
Sobre sus hijos, expresaba: "Mis hijos son seres de bien, gente de trabajo, de esfuerzo y lucha diaria. En la familia, con los hijos, está la semilla real de lo que se quiere dar a la sociedad". Y compartía una metáfora reveladora: la del ciego que de noche deambulaba con una lámpara. Cuando le preguntaban por qué la llevaba si no veía, respondía: "lo que quiero es alumbrar el camino de ustedes, no el mío".
Las tres familias
Kahwagi identificaba tres familias esenciales en su vida:
- La familia nuclear: Formada con Sonja, sus hijos, nietos y bisnietos.
- La familia laboral: Todos sus colaboradores en Crónica y otros proyectos editoriales.
- La familia del Premio Crónica: Los seres brillantes galardonados.
"La familia nos arropa, nos cuida, nos inspira. Hemos sido un país que históricamente le ha dado un gran valor a la familia", reflexionaba. "La familia es un arma poderosa en contra de cualquier problema en el país".
La alegría de los nietos y bisnietos
Como abuelo, encontraba energía pura en sus nietos. "Cuando mis nietos estaban más pequeños me agarraban de la mano y caminábamos juntos. Me preguntaban cosas al oído y siempre me daba tiempo para responder su cariño con un beso en la frente".
Con visible emoción anunciaba: "Ahora mi familia será más feliz: estamos a la espera de dos integrantes más, dos bebés, dos bisnietos". Uno nacería en noviembre de 2023 y otro en enero de 2024, sumándose al bisnieto mayor que ya cumplía tres años. "¿Qué más le puedo pedir a la vida? Vienen meses de alegría plena".
Filosofía de vida
Su rutina comenzaba antes de las seis de la mañana con meditación y un momento frente al espejo. "Soy un hombre de fe. En el espejo suelo decir: 'gracias señor por permitirme, una vez más, aportar mi granito de arena'".
Definía cuatro valores motores fundamentales:
- Amor a la familia
- Lealtad a los amigos
- Amor a la patria
- Respeto por el trabajo propio y el de los demás
"La felicidad no es algo volátil, se logra cuando consigues paz interna y equilibrio emocional. No es tener una casa ni un coche de lujo, es vivir para dar, es tener la conciencia tranquila".
Finalmente, reflexionaba sobre la vida y la muerte como una moneda al aire que nos conmueve, aunque su moneda, don Jorge, siempre cayó en la cara de la vida, dejando un legado familiar imborrable para México.



