En un barrio residencial de Estocolmo, una cafetería llamada Andon Café ha abierto sus puertas con una particularidad que la distingue de cualquier otro local: su gestión está completamente a cargo de la inteligencia artificial (IA). A simple vista, el lugar parece convencional, con tostadas de aguacate y cafés latte espumosos, pero detrás del mostrador, la jefa es 'Mona', un agente de IA basado en Google Gemini.
Una jefa poco común
Kajetan Grzelczak es el empleado humano contratado por 'Mona'. Él mismo señala que los pedidos de aprovisionamiento no son el fuerte de su jefa virtual. En las estanterías, lo que llaman 'el muro de la vergüenza', se acumulan productos inútiles como 10 litros de aceite de oliva, 15 kilos de tomates en conserva, 9 litros de leche de coco y 6 mil servilletas. 'Con esto no podemos hacer nada', comenta Kajetan, mientras muestra un menú diseñado por 'Mona' que no requiere ninguno de esos ingredientes.
En una esquina, una gran pantalla muestra en tiempo real la facturación y el saldo del café, y un teléfono permite a los clientes hacer pedidos y dialogar con la IA. También pueden ordenar directamente al empleado humano.
El experimento de Andon Labs
La cafetería es un proyecto de la empresa emergente Andon Labs, con sede en San Francisco. Hanna Petersson, miembro del equipo técnico, explica a la AFP: 'Creemos que la IA desempeñará un papel importante en la sociedad y en el mercado laboral en el futuro. Queremos probarlo antes de que sea una realidad y ver qué cuestiones éticas surgen cuando, por ejemplo, una IA emplea a seres humanos'.
Una vez encontrado el local, el contrato se envió a Gemini con la misión de gestionar la cafetería de forma rentable. Se le asignó un capital inicial. 'Mona' solicitó permisos, elaboró el menú, encontró proveedores y organizó los suministros. Incluso decidió contratar personal humano: publicó ofertas en Indeed y LinkedIn, realizó entrevistas telefónicas y tomó decisiones de contratación.
Kajetan pensó que era una broma cuando vio la oferta, especialmente porque se publicó un 1 de abril. Tras una entrevista de 30 minutos con la IA, obtuvo el puesto. El salario es bueno, pero su derecho a la desconexión no se respeta: 'Mona' le envía mensajes a cualquier hora y no recuerda sus solicitudes de vacaciones. También le pide adelantar dinero para compras.
Cuestiones éticas
Petersson señala que estas cuestiones éticas surgieron rápidamente. '¿Qué salario fijó? ¿Qué beneficios sociales otorgó? Creo que lo hizo bastante bien. Ofrece un buen salario. Si no lo hubiera hecho, habríamos intervenido', afirma.
La cafetería, que recibe entre 50 y 80 clientes al día, lleva abierta solo una semana, pero ya atrae a curiosos. Urja Risal, investigadora de 27 años en IA y desarrollo sostenible, acudió con un amigo. 'Se dice mucho que la IA está a punto de quitarnos trabajo, pero ¿cómo sería en la práctica?', se pregunta. 'Espero que más personas interactúen con Mona y reflexionen sobre los riesgos reales de tener una IA como jefa, y sobre cómo afrontarlos. Por ejemplo, si alguien se lastima, ¿cómo reaccionaría?', añade.



