Keiko Fujimori asume presidencia de Perú con retos de gobernabilidad y seguridad
Keiko Fujimori asume presidencia con retos de gobernabilidad y seguridad

Keiko Fujimori asumió este martes la presidencia de Perú después de tres intentos fallidos en 2011, 2016 y 2021. La hija del fallecido exmandatario Alberto Fujimori llega al poder con una ventaja de apenas 0.27% sobre su rival Roberto Sánchez, lo que refleja la profunda polarización que vive el país andino. Su mandato comienza con una dura misión: restaurar la gobernabilidad en un país que ha tenido ocho presidentes desde 2016, de los cuales cuatro fueron destituidos por el Congreso, dos renunciaron antes de ser destituidos y solo dos completaron sus mandatos interinos.

Gobernabilidad sin mayoría parlamentaria

Uno de los primeros retos de Fujimori, administradora de 51 años, será asegurar la gobernabilidad, ya que su partido, Fuerza Popular, no tiene mayoría en el nuevo Congreso bicameral. Perú regresó al sistema bicameral después de más de tres décadas, con un Senado de 60 escaños y una Cámara de Diputados de 130. Fuerza Popular tendrá la bancada más numerosa con 22 senadores y 41 diputados, pero ninguna fuerza alcanza la mayoría absoluta. La oposición de izquierda, liderada por Juntos por el Perú de Roberto Sánchez, cuenta con 18 senadores y 39 diputados, mientras que los partidos de derecha e izquierda empatan en el Senado.

“El Congreso de la República es el verdadero centro del poder y ha destituido a cuatro jefes de Estado en la última década”, afirmó Glaeldys González Calanche, analista del International Crisis Group para el sur de los Andes. Aunque Alfredo Thorne, exministro de Finanzas, consideró que no se repetirá una crisis similar porque “no hay votos para el juicio político ni para cambiar la constitución”, González Calanche advirtió que las causas de la inestabilidad, como las desigualdades sociales y la corrupción, siguen latentes. “A pesar del crecimiento económico constante del país, los peruanos confían poco en la disposición de sus líderes políticos para abordar las marcadas desigualdades sociales, la corrupción y las deficiencias de las instituciones estatales”, señaló.

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Llamado a la reconciliación

Fujimori ha propuesto una “reconciliación nacional” para superar una década de inestabilidad. “Pensar distinto no nos hace enemigos. La reconciliación nacional no significa olvidar nuestras diferencias: significa aprender a construir sobre aquello que nos une”, declaró en su discurso tras recibir las credenciales en el Teatro Nacional de Lima. Sin embargo, su llamado no fue bien recibido por la oposición. Roberto Sánchez responsabilizó a la bancada fujimorista de blindar a la expresidenta Dina Boluarte (2022-2025) por las muertes de manifestantes durante las protestas de 2022 y 2023. “¿Cómo vamos a ir a besarle la mano? (...) Lo primero que debería hacer la señora Fujimori es arrodillarse y pedir perdón”, afirmó Sánchez ante sus seguidores.

Seguridad: la mayor preocupación ciudadana

Al igual que en otros países latinoamericanos, la inseguridad es la principal preocupación de los peruanos. Fujimori enfrenta la peor crisis de seguridad en décadas, impulsada por bandas criminales locales y extranjeras dedicadas al sicariato y la extorsión. Los homicidios pasaron de 1,000 en 2018 a 2,600 en 2025, mientras que las denuncias por extorsión crecieron de 3,200 a 26,500, según datos del Ministerio del Interior. Durante la campaña, Fujimori apeló al recuerdo de su padre, quien derrotó a la guerrilla maoísta Sendero Luminoso y fue condenado por violaciones de derechos humanos y corrupción. “Es probable que tenga una actitud muy parecida a la del padre, de tener gestos, no los llamemos populistas, pero sí para la 'platea'”, comentó el politólogo Arturo Maldonado, investigador de la Pontificia Universidad Católica del Perú.

Fujimori promete combatir el crimen con expulsiones de migrantes indocumentados, tribunales con jueces anónimos y trabajo obligatorio para los presos. “Lo que están pidiendo es orden y seguridad, y eso es lo primero que vamos a hacer (atender) la próxima semana”, aseveró ante la prensa.

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Economía estable pero con problemas estructurales

A pesar de la inestabilidad política, la economía peruana se ha mantenido resiliente gracias a un manejo macroeconómico estable. El PIB per cápita pasó de 2,100 dólares anuales en 2003 a más de 8,400 en 2024, según el Banco Mundial. La pobreza se redujo del 59% en 2004 al 20% en 2019, aunque subió al 26% en 2021 por la pandemia. En los últimos dos años, el PIB creció por encima del 3%, y el FMI proyecta un crecimiento de 2.8% para 2026 y 2027, superior al promedio regional de 2.3% y 2.7%.

Sin embargo, la informalidad laboral afecta a siete de cada diez trabajadores, que carecen de protección social. “El problema es que tenemos lo que el Banco Mundial llama la población vulnerable, la población que deja de ser pobre pero aún no se ha unido a la fuerza laboral. Y eso tiene que hacerse con formalización”, explicó Alfredo Thorne. Además, el déficit fiscal ha incumplido el límite legal por tres años consecutivos. El Congreso aprobó reformas que aumentan el gasto público en 36,700 millones de soles (unos 10,700 millones de dólares), equivalentes al 3% del PIB. Fujimori deberá ordenar las cuentas públicas, ya sea mediante recortes de gasto o una reforma tributaria que aumente la presión impositiva y reduzca la evasión.