México, un trámite para Trump: el libro que revela su verdadera obsesión
México, un trámite para Trump: libro revela su obsesión

El nuevo libro de Maggie Haberman y Jonathan Swan, Regime Change: Inside the Imperial Presidency of Donald Trump, es una radiografía construida con más de mil entrevistas sobre lo que de verdad desea Donald Trump. Si uno lo lee buscando a México, encuentra algo revelador: México casi no aparece. Y esa ausencia explica más sobre la relación bilateral que cualquier amenaza arancelaria contra la presidenta Claudia Sheinbaum.

Trump y su obsesión por el legado

El libro retrata a un presidente que, según sus autores, opera “más que nunca por puro instinto” y que quiere pasar a la historia como “el gran hombre, con mayúsculas”. Trump les dijo que este segundo mandato “es sobre el legado”: “Vamos a hacer cosas grandes; hasta los que no me quieren las van a querer”. Llegó a mostrar un documento que lo comparaba con Atila, Napoleón y Gengis Kan. Fue a la guerra con Irán sin siquiera consultar al Congreso. No gobierna pensando en administrar; gobierna pensando en su estatua.

Venezuela, la verdadera obsesión hemisférica

El libro es claro: en privado, su obsesión hemisférica fue Venezuela, al punto de fantasear con convertirla en un territorio donde él nombrara gobernador. Soñó con Groenlandia y con anexar Canadá. En esa lista de conquistas imaginarias, México simplemente no está. Venezuela le ofrece un Maduro que derrocar, petróleo y un trofeo del tamaño de un monumento. México le ofrece una frontera y un problema. Lo primero alimenta su épica; lo segundo es una tarea administrativa.

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México como trámite delegado

Para Trump, México no es una conquista ni un socio: es un trámite. Y lo que no le interesa personalmente, lo delega. El mismo libro lo muestra decidiendo en una “burbuja de información” de apenas media docena de personas y entregando las operaciones a subordinados: Venezuela quedó en manos de Marco Rubio, hoy en ascenso. México, sin el brillo del legado, cae en ese mismo reflejo: lo procesan los hombres de la doctrina. Rubio, desde la seguridad, el fentanilo y los cárteles. Stephen Miller, desde la frontera. Para ellos, México no es un negocio que se cierra, sino un expediente que se administra con presión. Es revelador que incluso la violencia que el libro documenta —la muerte de presuntos narcos en aguas del Caribe, empujada por Miller— ocurra lejos de territorio mexicano. Ni siquiera ahí México es el centro.

El peligro de ser un trámite

Esto invierte la intuición habitual. Solemos pensar que el peligro es ser el objetivo de Trump. Pregúntenle a Venezuela: serlo es lo más arriesgado que existe. Pero ser su trámite tiene su propia trampa. Significa que la relación no la conduce el negociador caprichoso que podría intercambiar concesiones por un buen titular, sino los ideólogos para quienes México es, antes que nada, una amenaza que contener. México no es el premio ni la contraparte: es el archivo que otros gestionan.

La estrategia contraintuitiva para México

La lectura estratégica se vuelve entonces casi contraintuitiva. La mayor ventaja de México es que Trump no se obsesiona con él ni con su presidenta. El peor error sería convertirnos en el nuevo villano que su épica necesita, convertirnos en el siguiente capítulo de su grandeza. Pero la complacencia es la otra trampa. Que no seamos su obsesión no significa que estemos a salvo; significa que el vacío lo llenan los más duros. Por eso la única defensa real es quitarle el expediente a la doctrina: investigar, procesar y mostrar resultados propios hasta que la “carpeta del narco” pierda urgencia y deje de ser palanca. Y, en paralelo, construir lo que el libro sugiere que falta: un canal directo con el único hombre que, cuando se involucra, puede pasar por encima de sus propios halcones. A un trámite se le ignora; a un interlocutor, no.

La clave: no entrar en la epopeya de Trump

El dato más útil del libro sobre México es la frase que nunca escribe. Trump fantasea con Venezuela, con Groenlandia, con los grandes conquistadores de la historia. México no está en esa fantasía. Bien administrado, eso es lo mejor que podría pasarnos. La tarea no es entrar en su epopeya, sino seguir siendo una nota al pie que nunca se convierte en enemigo. Y eso, afortunadamente, lo tiene claro la presidenta Sheinbaum. “Serenidad y paciencia, Kalimán…”

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