Hoy, 7 de julio de 2026, el gobierno federal de México informará oficialmente sobre los pormenores de la captura de Ismael El Mayo Zambada y Joaquín Guzmán López, ocurrida el 25 de julio de 2024, hace casi exactamente dos años. El anuncio se produce después de que el FBI donara a un museo de la zona el avión en el que ambos narcotraficantes llegaron al aeropuerto de Santa Teresa, en Nuevo México, dejando constancia implícita de que fue el resultado de una operación encubierta de la seguridad estadounidense.
Dos años de reclamos sin respuesta
Durante dos años, el gobierno federal, tanto en los últimos meses de la administración de Andrés Manuel López Obrador como en lo que va del gobierno de Claudia Sheinbaum, ha solicitado explicaciones tanto al gobierno de Joe Biden como al de Donald Trump, sin obtener nada a cambio. Tampoco han recibido información ahora, según fuentes oficiales.
El 29 de julio de 2024, pocos días después de la caída de los capos, Jorge Fernández Menéndez escribió en su columna Razones que existían “innumerables versiones circulando, ninguna oficial, lo que es comprensible porque estamos ante la mayor operación de inteligencia, en un juego de espejos y engaños simultáneos, realizada por los Estados Unidos contra el narcotráfico en décadas, equiparable con la muerte de Osama bin Laden, con la similitud de que ni el gobierno de Pakistán entonces, ni el de México ahora tuvieron la menor idea de lo sucedido”.
Tesis del engaño versus rendición
Una de las versiones iniciales, difundida por el Wall Street Journal y otros medios, sugería que la DEA negoció con Joaquín Guzmán López después de la detención de Ovidio Guzmán y logró convencerlo de que se entregara y entregara a El Mayo. Según esta teoría, El Mayo, confiado y sin equipo de seguridad, se subió a un avión para supuestamente ver terrenos donde construir pistas de aterrizaje y terminó engañado en El Paso, Texas.
Sin embargo, Fernández Menéndez calificó esa versión como “inverosímil”: “El Mayo estuvo en el mundo del narcotráfico 50 años y durante la mitad de ellos, por lo menos, fue líder del cártel del crimen organizado más poderoso y violento de México con presencia en al menos 20 países, 40 según las autoridades estadunidenses… El Mayo, que era especialmente desconfiado y cuidadoso con su seguridad, por eso nunca había sido detenido, ¿habría aceptado subirse a un avión que no era de los suyos con Jesús, uno de sus ahijados, pero que era parte de Los Chapitos, con los que estaba enfrentado desde hace meses? ¿Viajaría sin armas, sin custodias, sin protección alguna? Sería insólito…”
En contraste, la tesis de la rendición cobró fuerza. El Washington Post reportó que El Mayo se había “rendido”, lo que parecía lógico: estaba enfermo, enfrentado con su propio cártel, incluyendo a los hijos de El Chapo, también con el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), con grupos de Sonora y con Aureliano Guzmán. Necesitaba atención médica. Su hermano y su hijo ya eran testigos protegidos y habían declarado incluso contra El Chapo; otro hijo, El Mayito Gordo, se declaró culpable en San Diego y estaría en la misma situación. El hijo que supuestamente quedaría como su sucesor en México, Ismael Zambada Sicairos, conocido como El Mayito Flaco o El Caballero, mantenía una estructura debilitada, aunque conservaba relaciones con proveedores asiáticos de metanfetaminas y fentanilo, enfrentado con lo que queda de Los Chapitos.
Dos años después: las variables se cumplieron
Han pasado dos años y todas esas variables se han cumplido. Quizás El Mayo efectivamente se rindió aquel día. El hecho cierto es que hoy no solo esos, sino muchos otros narcotraficantes se han convertido en colaboradores de la justicia estadounidense. Además, el gobierno federal está intentando, al resucitar el tema de El Mayo Zambada, reconstruir una narrativa que justifique lo inadmisible: la negativa a actuar contra Rubén Rocha, Enrique Inzunza y otros funcionarios de Sinaloa acusados de ser parte de la estructura de complicidad y protección del cártel de Los Chapitos, así como de toda la oleada de acusaciones que vendrán en cascada al terminar el Mundial.
La información sobre El Mayo Zambada debería ser también la oportunidad para explicar por qué durante dos años no se ha actuado contra Rocha, contra las autoridades de la fiscalía estatal que fraguaron un relato falso y hasta un video sobre el asesinato de Héctor Melesio Cuén, y por qué no actuaron durante años contra el propio Mayo Zambada. Para explicar la operación encubierta que terminó con su caída, se tiene que asumir que ello fue consecuencia de los abrazos y no balazos, de años de impunidad y protección, y de no cumplir una y otra vez los compromisos asumidos por López Obrador, primero en el gobierno de Trump y después en el de Biden. Todo lo que estamos viendo ahora, y lo que vendrá, es la cosecha de lo que entonces se sembró.
Por cierto, la carta enviada por Zambada al juez Brian Cogan aceptando su culpabilidad y su condena sin ir a juicio solo confirma lo anterior: El Mayo se rindió.



