El próximo jueves 25 de junio, el Consejo General del Instituto Nacional Electoral (INE) dará la bienvenida a un nuevo participante en la contienda democrática: Somos México, organización de la que Cecilia Soto forma parte con orgullo. Durante 16 meses, el grupo ha superado una carrera de obstáculos que, según Soto, les haría merecedores de un nutrido medallero olímpico.
Intentos de obstaculización por parte de Morena
Soto afirma que en las últimas semanas lograron detener dos intentos de "gol" por parte de Morena, comparables a las atajadas de Jorge Campos y Memo Ochoa juntos. Morena había denunciado que ministros de culto ocupaban puestos directivos en Somos México, pero estas acusaciones resultaron falsas y ahora los denunciantes están demandados penalmente. Además, el INE y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) ratificaron que decenas de miles de afiliaciones recientes del partido oficial, realizadas con el objetivo de afectar el número requerido de asambleas de Somos México, no estaban respaldadas con la documentación exigida por el INE.
Razones detrás de la resistencia a nuevos partidos
Existen diversas razones por las cuales los partidos políticos con registro no reciben con entusiasmo a nuevas organizaciones. Una obvia es el aumento de la competencia política: todos, nuevos y viejos, competirán por conquistar el voto del mismo universo de 100 millones de electores. Pero hay otra razón más terrenal: por disposición de la Cámara de Diputados, la bolsa de recursos para los partidos políticos —los existentes y los que se registren cada seis años— es la misma y no crece. Esto incentiva a los partidos a intervenir con todo tipo de triquiñuelas para impedir que nuevos partidos obtengan su registro en junio de 2026.
Financiamiento público y privado: una desventaja monumental
La bolsa de financiamiento público para 2026 es de poco más de 7 mil millones de pesos. Soto señala que no es tanto, comparado con el presupuesto del Tren Maya, que asciende a 40 mil millones, una inversión para perder. A Morena le corresponden poco menos de 3 mil millones, sin contar el trabajo de los Servidores de la Nación y las "aportaciones" de la Financiera del Bienestar para ayudar a dispersar apoyos. A partir de septiembre inicia el año electoral, por lo que se agrega un 30% más, unos 24 mil millones adicionales.
A los partidos de nuevo registro se les asigna el 2% de la bolsa total, es decir, aproximadamente 154 millones, unos 13 millones mensuales, más el 30% por el año electoral. Una cantidad igual de desproporcionada va para el acceso a radio y televisión. El financiamiento privado puede subsanar parcialmente esa desventaja monumental: casi tres mil millones para el partido del régimen, frente a 154 millones para un recién llegado. Sin embargo, el financiamiento privado se permite siempre que sea menor al público y cumpla con una regulación tan estricta que, según Soto, aleja a los donantes.
El contexto de extorsión y miedo empresarial
Soto destaca que a los empresarios y productores en general los extorsiona el SAT, los gobiernos estatales y, de manera más intensa, los gobiernos municipales. Las encuestas sobre confianza empresarial reflejan que se sienten prácticamente indefensos legalmente frente a los gobiernos de Morena. "Mejor no provocar su ira", afirma Soto, sin tomar en cuenta la extorsión que practica el crimen organizado en regiones donde opera con relativa libertad. A pesar de ello, hubo personas que se atrevieron a donar públicamente. Como le dijo una de ellas recientemente: "Sabemos que nos van a hostigar, pero la actividad política juega un papel de impacto positivo más profundo que la filantropía".
Participación ciudadana y retos futuros
Sin el convencimiento de que hay que participar activa y abiertamente, no hubiera sido posible cumplir con las condiciones rigurosas y excesivas que exige la Ley General de Partidos Políticos para el registro de nuevos partidos. Cientos de miles de personas acudieron a las asambleas de Somos México, pública y entusiastamente, a pesar del ambiente de polarización que fomenta el actual gobierno.
México enfrenta retos nuevos y sin precedentes, varios resultado del proyecto mesiánico del expresidente López Obrador, que en mucho comparte el gobierno actual, y otros derivados de un desorden internacional que rechaza las reglas que permitieron 80 años de paz, además de un vecino, Estados Unidos, en crisis de identidad. Para encarar esos desafíos no basta una cabeza fría, sino muchas. En especial, una Cámara de Diputados autónoma y fuerte que ejerza un liderazgo responsable, sepa decir "no" cuando sea necesario y colaborar cuando sea preciso. Ése es el reto para 2027: ganar la Cámara de Diputados y ponerla al servicio de México, no de un partido.



