La política en la era de la hipervigilancia ciudadana
Las críticas, las crisis y los escándalos son elementos inherentes a la vida política. De manera sencilla y clara, si un político no enfrenta críticas, es muy probable que no sea relevante en el panorama público. Por esta razón, los mensajes y las acciones de los representantes deben ser meticulosamente preparados y ejecutados, con el objetivo de evitar que esas críticas crucen la línea hacia el escándalo o la crisis institucional.
Un ingrediente extra: la ciudadanía conectada
Los políticos de hoy deben lidiar con un factor adicional que las generaciones pasadas no conocían: ciudadanos equipados con celulares, acceso a internet y una presencia activa en redes sociales. Si surge un video o una foto donde alguien dice o hace algo que contradice los valores sociales, puede estar seguro de que los ciudadanos se encargarán de hacerlo viral, acompañado de una lluvia de críticas y comentarios mordaces.
En otras palabras, destrozarán la reputación del político en cuestión en cuestión de minutos. Esto hace que sea difícil entender, con todo respeto, por qué aún existen políticos que actúan con tanta imprudencia. Nos referimos a aquellos que justificarían que el shampoo incluya instrucciones detalladas, individuos cuyo origen y razonamiento resultan inexplicables.
Ejemplos recientes de falta de sentido común
Para ilustrar este punto, nos remitimos a dos casos específicos que han captado la atención pública recientemente. ¿Qué estaba pensando la diputada morenista Yoloczin Domínguez al sacarse el chicle de la boca y pegarlo junto al podio, durante una sesión plenaria, con cámaras presentes? ¿Acaso en su mente funcionaba la idea de que el movimiento sería tan rápido que nadie lo notaría? Si este es su sentido común para un acto tan sencillo y grotesco, ¿qué podemos esperar entonces de su desempeño en asuntos públicos de mayor envergadura?
De hecho, fue precisamente por esta acción que muchos nos enteramos de su existencia. Ahora, surge la curiosidad por ver cuál será su próximo paso para volver a estar en la conversación pública.
Y no nos detengamos ahí, porque hay otro ejemplo igualmente sorprendente: la regidora emecista de Ocotlán, Silvia Villarruel. Asistió a un evento en representación de la alcaldesa y consideró que era una idea brillante presentarse con un mono araña. Así como se lee. Uno se pregunta cuál fue su razonamiento: “Tengo un evento, pues me llevo al mono para presumirlo”. Quizás en algún momento nos lo cuente.
Lo que sí debe reconocerse es que, al menos, tuvo la decencia de renunciar a su cargo tras el incidente. Lo siguiente será que las autoridades federales investiguen por qué tenía en su posesión una especie protegida por la ley, ya que no es común andar con monos araña por la vida como si fueran mascotas comunes.
Consejo para la clase política
Si usted es político, asuma que siempre hay una cámara cerca, ya sea en manos de un ciudadano o en un dispositivo oficial, y actúe en consecuencia. No permita que se vuelva viral por las razones equivocadas, ya que el daño a su imagen puede ser irreversible.
Reflexión sobre prioridades
Sinceramente, preocupan más los diputados con antecedentes penales que alguien regalando viajes a Nueva York. En un entorno donde cada acción es potencialmente registrada y difundida, la transparencia y el comportamiento ético se vuelven más cruciales que nunca.