La amenaza se cumplió. Los llamados del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para que el Gobierno mexicano permitiera operativos en territorio nacional contra el crimen organizado se materializaron por dos vías: la presencia de agentes de la CIA en Chihuahua sin conocimiento de la presidenta Claudia Sheinbaum, y una acusación criminal con solicitud de extradición contra el gobernador de Sinaloa y otros nueve servidores públicos. La pregunta no es cuándo intervendrá Estados Unidos, sino desde cuándo y cómo lo hace.
Acusación sin precedentes
El miércoles pasado, el Departamento de Justicia presentó una acusación por narcotráfico contra el gobernador morenista Rubén Rocha Moya y otros nueve funcionarios estatales. Esto marca un punto de inflexión en la turbulenta relación bilateral. Aunque el impacto fue alto, a nadie sorprendió, pues los rumores sobre vínculos entre altos mandos de Sinaloa y el cártel local son añejos. Desde que Rocha ganó la elección en junio de 2021, se le acusó de colaboración con la facción de Los Chapitos, hijos de Joaquín Guzmán Loera.
El dilema de Sheinbaum
Para nadie es secreto que el narcotráfico opera con negligencia o complicidad política. En Sinaloa, esto ocurre desde hace décadas. La diferencia es que ahora gobierna un partido que se dice distinto, de izquierda, defensor de la soberanía y combatiente de la corrupción. Nada de eso representa Rocha Moya. La acusación crea uno de los mayores problemas políticos para Sheinbaum. Por un lado, debe evitar actuar subordinada a Estados Unidos deteniendo y extraditando sin más al gobernador. Por otro, si lo defiende, dará razón a la oposición que acusa al partido gobernante de vínculos con el crimen, y argumentos a Trump, quien sostiene que en México gobiernan los cárteles.
La postura de Sheinbaum, basada en “verdad, justicia y soberanía”, no resuelve el dilema. No basta con remitir todo a la FGR, como ocurrió en el penoso caso del general Salvador Cienfuegos, detenido por EE.UU., liberado a petición de López Obrador y exonerado tras una rápida investigación. Ahora no puede repetirse ese expediente.
Urgencia de acción
Sheinbaum debe ejercer su liderazgo para que Rocha deje el cargo, ya sea por licencia o desafuero. Si Morena quiere ser un partido distinto, debe deshacerse de sus personajes más indeseables, empezando por Rocha. De no hacerlo, será inútil que insistan en que “no son iguales”. Pero ya no se trata solo del prestigio de Morena. No actuar crearía el pretexto perfecto para una intervención directa de EE.UU. Este país mantiene una postura intervencionista, y el Gobierno mexicano no debe darle más elementos.
Contexto geopolítico
El episodio ocurre en un contexto geopolítico complejo: el fracaso de EE.UU. en Irán, el ascenso de China y su repliegue en el Hemisferio Occidental. Washington ya ha advertido que quiere gobiernos afines en toda América, y ha conseguido aliados como Javier Milei, y mandatarios de Ecuador, Honduras y Costa Rica. Claramente, trabaja para que llegue al poder un partido distinto a Morena. Los casos de Chihuahua y Sinaloa muestran que EE.UU. ya se prepara para ese escenario. Por ello, Sheinbaum y su partido deben anticiparse y deshacerse de personajes indeseables como Rocha Moya. Washington puso a México contra la pared.



