El divorcio entre populismo y razón en el gobierno de López Obrador
Existe una relación histórica y profunda entre la razón y la democracia. La llamada Edad de la Razón, que floreció en el siglo XVIII, coincidió precisamente con el nacimiento de la democracia liberal, impulsada por pensadores como John Locke. Desde entonces, ambos conceptos han evolucionado de manera paralela, fortaleciéndose mutuamente. Sin embargo, en el caso específico del populismo mexicano encarnado por Andrés Manuel López Obrador, se observó un evidente y preocupante divorcio entre el ejercicio del gobierno y el uso de la razón.
Un perfil cognitivo marcado por el desprecio al conocimiento
Durante su mandato, el expresidente López Obrador realizó innumerables intervenciones públicas que pueden calificarse, sin ambages, como abiertamente irracionales. Su perfil cognitivo se reflejó de manera clara en la pésima relación que mantuvo con el mundo de la ciencia, los expertos y los intelectuales. Siempre sostuvo, de manera reiterada, que los intelectuales eran meros servidores de la élite neoliberal, descalificando así su labor y contribuciones.
Su menosprecio por la ciencia fue manifiesto desde decisiones clave, como la designación de María Elena Álvarez Buylla al frente del CONACyT. Buylla, identificada como una fanática de la causa populista y anti-neoliberal, atrajo la antipatía y el rechazo de gran parte de la comunidad científica nacional e internacional. Esta designación simbolizó el rumbo que tomaría su administración en materia de ciencia y tecnología.
Declaraciones que evidencian el rechazo a la racionalidad
AMLO manifestó en múltiples ocasiones su desdén por el conocimiento científico. En octubre de 2018, cuestionó abiertamente: “argumentan que extraer petróleo es un asunto de tecnología. ¿De cuándo acá se requiere tanta ciencia para extraer el petróleo?”. Una postura similar expresó respecto al acto de gobernar. En junio de 2019, afirmó de manera contundente: “no tiene mucha ciencia gobernar… No crean que tiene mucha ciencia el gobernar. Eso de que la política es el arte y la ciencia de gobernar no es tan apegado a la realidad”.
Sin embargo, fue durante la pandemia de COVID-19 donde se registró el mayor número de declaraciones fuera de todo sentido común, contrarias a la evidencia científica y que, francamente, pueden calificarse como peligrosamente irracionales. En enero de 2020, minimizó la gravedad del virus: “no es tan fatal este virus llamado coronavirus”. Dos meses después, desacreditó las medidas de distanciamiento social: “Miren, lo del coronavirus, eso de que no se puede uno abrazar; hay que abrazarse, no pasa nada”.
El 4 de junio de 2020, ofreció una recomendación carente de base científica: “para que no te dé el coronavirus, lo que ayuda es no mentir, no robar y no traicionar y estar bien con la conciencia”. Posteriormente, en diciembre, declaró que “usar cubrebocas contra el COVID no es indispensable”. Un episodio particularmente memorable ocurrió cuando el Subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, en un acto de servilismo, aseguró al presidente que estaba inmunizado contra el virus “gracias a su fuerza moral”.
Consecuencias devastadoras y un legado de desprecio intelectual
En los hechos, la pandemia tuvo consecuencias desastrosas para la población mexicana. Se estima que el número de fallecidos osciló entre 350,000 y 800,000 personas, una tragedia que pudo mitigarse con políticas basadas en la ciencia y la razón.
El prejuicio de López Obrador contra los intelectuales se reveló de diversas formas. Mostró una clara animadversión contra los dos principales grupos de intelectuales mexicanos agrupados en torno a las revistas Nexos y Letras Libres, cuyos líderes, Héctor Aguilar Camín y Enrique Krauze, fueron víctimas cotidianas de agravios. Diariamente, durante sus conferencias matutinas, el presidente lanzaba insultos, improperios, mofas, acusaciones degradantes, calumnias y señalamientos falsos contra estas figuras.
En otros ámbitos, sus actitudes antirracionales y anti-intelectuales se manifestaron con nitidez:
- Rechazo a los expertos: Defendió constantemente la “sabiduría popular” sobre el conocimiento especializado.
- Reforma educativa: La Nueva Escuela Mexicana fue planteada como un rechazo a la cultura elaborada y un elogio a la cultura popular o étnico-popular, priorizando la ideología sobre el rigor académico.
Un fenómeno global del populismo contemporáneo
El régimen de López Obrador no es una excepción aislada. El rechazo a la razón y a la cultura parece ser un atributo común de regímenes populistas en otras latitudes que han erosionado las bases de la democracia liberal. Casos como los de Venezuela, Hungría y Turquía muestran patrones similares de confrontación con el conocimiento establecido y las instituciones intelectuales. En México, este divorcio entre populismo y razón dejó una huella profunda en la gestión de la pandemia, la política científica y el debate público, con consecuencias que seguirán analizándose en los años venideros.



