Incidente marítimo reaviva el debate sobre Cuba y su futuro político
Debate sobre Cuba se intensifica tras incidente marítimo

Incidente Marítimo Reaviva el Debate Histórico sobre Cuba

La respuesta de Cuba a la llegada de una nueva lancha rápida desde Florida, con el aparente propósito de transportar familiares a Miami o provocar un enfrentamiento, evoca fuertemente lo sucedido cerca de La Habana en febrero de 1996. En aquella ocasión, durante negociaciones con el presidente Bill Clinton para avanzar en la normalización de relaciones iniciada por Jimmy Carter, las defensas aéreas cubanas derribaron dos avionetas de exiliados de Florida, resultando en la muerte de dos ocupantes. Este acto no solo torpedeó las negociaciones, sino que indujo a Clinton a no vetar la Cuban Democracy Act, también conocida como Helms-Burton. Gracias a ello, el embargo impuesto por Kennedy se transformó en un acto del Congreso, únicamente derogable por el mismo cuerpo legislativo.

Consecuencias Limitadas en la Era Trump

En esta ocasión, parece que no habrá mayores consecuencias para Cuba en su relación con el gobierno de Donald Trump. No se espera una suspensión de pláticas secretas, si es que existen, ni un equivalente a un incidente tipo Golfo de Tonkin, el pretexto utilizado en 1965 por Lyndon Johnson para enviar tropas en masa a Vietnam. El senador Marco Rubio afirmó que habría consecuencias por el deceso de cuatro personas, probablemente de nacionalidad estadounidense, pero también se cuidó al reconocer que Washington apenas había iniciado una investigación. No obstante, este episodio puede incidir significativamente en un debate en curso en Estados Unidos y en la comunidad de Miami.

Dos Visiones Enfrentadas sobre el Futuro de Cuba

Un sector influyente del exilio cubano ha sido partidario desde principios de siglo de un enfoque moderado hacia la isla. Esta postura propone, además del diálogo, el fin del embargo y una ayuda humanitaria inmediata, un proceso paulatino de apertura económica, inversión privada local y extranjera, y expansión del sector privado cubano. Solo más adelante se hablaría de apertura política, libertades y elecciones. En pocas palabras, un esquema parecido al de Carlos Salinas en México, de Deng Xiaoping en China, y de Barack Obama para Cuba en 2015-2016. En China, nunca pasó nada en términos políticos; en México sí, pero diez años después, y los cubanos le tomaron el pelo a Obama.

Los partidarios de esta opción sospechan que Rubio la comparte, sobre todo a la luz de unas declaraciones suyas en Múnich después de su discurso, donde enfatiza la importancia de las reformas económicas en Cuba. Por otro lado, otro sector cubanoamericano sostiene exactamente lo contrario. Cree que, si Estados Unidos no presiona de entrada, ahora que la dictadura se encuentra postrada, por un cambio de régimen, sucederá precisamente lo que aconteció en China y en Cuba con Obama: mucha o poca apertura económica, pero ninguna apertura política. Insisten en que se hable de liberación de presos políticos, libertades públicas, elecciones y reformas económicas al mismo tiempo. Al cabo de 67 años de dictadura, argumentan, cualquier retraso resulta inadmisible.

La Lógica de las Estrategias y el Papel de México

Resulta difícil aceptar la primera tesis, pero se ve su lógica. No es igual al esquema puesto en práctica por Trump en Venezuela, pero se parece: el acento recae en los temas económicos, como el petróleo, y mucho menos en el regreso de los exiliados, el fin de la represión y la programación a corto o mediano plazo de elecciones. A la luz de la crisis humanitaria que azota a la isla, uno podría concluir que lo primero y más urgente reside en la llegada de ayuda, petróleo y asistencia para reparar o actualizar las centrales eléctricas, y que Washington debiera permitirlo. Pero eso sería hacer caso omiso de la voluntad de amplios sectores norteamericanos de acabar con el régimen, y de los réditos políticos y de legado que un tal desenlace acarrearía para Trump y Rubio.

México podría desempeñar un papel en este debate, pero solo si se resignara al fin de la dictadura y a coadyuvar a una transición justa, expedita y equilibrada. No parece ser el caso: Claudia Sheinbaum y Andrés Manuel López Obrador, junto con la mayoría de sus colaboradores, son considerados castristas hasta la médula. Allá ellos, pero el debate sobre Cuba continúa intensificándose, marcado por este reciente incidente y las profundas divisiones en la política exterior estadounidense.