El llanto del secretario de la Defensa: vulnerabilidad masculina en la mira pública
Llanto de Trevilla: vulnerabilidad masculina en la mira

El momento en que al secretario de la Defensa se le quebró la voz

Durante una conferencia de prensa en la que ofrecía condolencias a las familias de los 25 elementos de la Guardia Nacional fallecidos en Tapalpa, Jalisco, el secretario de la Defensa Nacional, Ricardo Trevilla Trejo, experimentó un momento de profunda emoción. Vestido con su uniforme militar camuflajeado, mientras hablaba del operativo para capturar a Nemesio Oseguera Cervantes, "El Mencho", su voz se entrecortó visiblemente.

Un gesto que se volvió conversación nacional

"Aprovecho primero para dar el pésame a las familias de nuestros compañeros que perdieron la vida...", declaró Trevilla antes de hacer una pausa, tomar aire y contener las lágrimas que amenazaban con brotar. Este instante de vulnerabilidad de un alto mando militar, ocurrido en medio de la tensión e incertidumbre que vive el país, rápidamente se transformó en tema de análisis y discusión pública.

La reacción social ante las lágrimas masculinas sigue sin ser neutral en nuestra sociedad contemporánea. Cuando un hombre llora en público, especialmente figuras de autoridad, el gesto se convierte en acontecimiento mediático que genera diversas reacciones:

  • Se viraliza en redes sociales
  • Provoca comentarios y análisis
  • Genera sorpresa, incomodidad o juicios
  • Reabre debates sobre expresión emocional

Los estereotipos tradicionales de masculinidad

¿Por qué sigue sorprendiendo que un hombre adulto, y particularmente un militar de alto rango, muestre emoción hasta el punto de las lágrimas? La respuesta se encuentra en los estereotipos tradicionales de masculinidad que asocian al hombre con:

  1. Fortaleza física y emocional
  2. Autocontrol absoluto
  3. Dureza ante la adversidad
  4. Racionalidad por encima de la emotividad

Estos modelos, impuestos desde la infancia con frases como "los hombres no lloran", niegan sistemáticamente la vulnerabilidad humana. Las lágrimas contradicen directamente esa narrativa de dominio emocional que se espera de los varones, especialmente en posiciones de liderazgo.

La paradoja del llanto femenino

Mientras el llanto masculino sorprende, el femenino enfrenta su propia paradoja social. Aunque históricamente se ha asociado lo femenino con sensibilidad y emotividad, dando cierta "licencia" para llorar, este permiso tiene trampas significativas. En espacios laborales, políticos o cuando se trata de figuras públicas, la expresión emocional de las mujeres suele percibirse como señal de menor liderazgo o estabilidad.

Imaginemos por un momento: ¿qué reacciones habría generado si quien contuviera las lágrimas durante esa misma rueda de prensa hubiera sido la Presidenta de México, Claudia Sheinbaum? El llanto femenino se normaliza superficialmente, pero simultáneamente se utiliza como herramienta para cuestionar autoridad y capacidad de mando.

La ciencia detrás de las lágrimas emocionales

Más allá de las lágrimas fisiológicas que lubrican los ojos o responden a irritantes, el llanto emocional representa un fenómeno exclusivamente humano con funciones sociales documentadas científicamente. El psicólogo neerlandés Ad Vingerhoets, especialista en el estudio del llanto adulto, ha demostrado que las lágrimas emocionales:

  • Incrementan la empatía en los observadores
  • Favorecen el apoyo interpersonal
  • Fortalecen vínculos sociales
  • Facilitan la conexión humana genuina

Llorar tiene, por tanto, un sentido biológico y social comprobado. No se trata de debilidad ni falta de control, sino del reconocimiento honesto de lo que duele, importa o simplemente desborda nuestra capacidad de contención.

Hacia una nueva comprensión de la expresión emocional

El momento de Trevilla Trejo nos invita a reflexionar colectivamente sobre cómo entendemos y valoramos la expresión emocional en espacios públicos. Las lágrimas no tienen género, y llorar nos hace profundamente humanos, independientemente del uniforme que vistamos o la posición que ocupemos.

Quizás ha llegado el momento de dejar de sorprendernos cuando un hombre muestra vulnerabilidad y de dejar de trivializar o politizar cuando una mujer expresa emoción. En un país que enfrenta desafíos complejos de seguridad y violencia, reconocer nuestra humanidad compartida podría ser el primer paso hacia una sociedad más empática y resiliente.