Política y diplomacia: las claves para la defensa de México en el escenario global
Cuando escuchamos el término "política", nuestra mente suele evocar dos conceptos distintos: por un lado, el trato cortés y respetuoso en las interacciones cotidianas, y por otro, los sistemas diseñados por la humanidad para resolver los desafíos que surgen al vivir en comunidad. En esencia, la política se manifiesta en dos ámbitos principales: uno que se relaciona con las buenas relaciones interpersonales y el gobierno interno, y otro que abarca la vida de las naciones y la diplomacia. Este artículo se enfoca precisamente en este segundo aspecto, explorando su relevancia para México en el contexto internacional.
Los orígenes y la evolución de la política
Desde la antigua Grecia, la política ha sido un tema de profunda reflexión y estudio para las mentes más brillantes de la historia. La palabra misma, derivada de "polis", que se refiere a las primeras organizaciones sociales, nos permite comprender la evolución de las formas de gobierno y la participación ciudadana en la vida comunitaria, extendiéndose luego a pueblos y naciones enteras. No es casualidad que algunos países alcancen un gran poder; factores como sus sistemas educativos, estructuras productivas, avances tecnológicos, capacidades militares e inversiones en inteligencia les han permitido dominar, a menudo con fines de explotación, a las naciones denominadas eufemísticamente como "países en vías de desarrollo".
El poderío de las naciones y sus implicaciones
A lo largo de la historia, las naciones más poderosas han influido e incluso determinado el destino de los pueblos más débiles. Para lograr esto, se han apropiado de territorios o han reemplazado a gobernantes por otros que se alinean con sus intereses. En la actualidad, somos testigos de las ambiciones expansionistas y hegemónicas de gobiernos como el de Estados Unidos, que busca anexar territorios como Groenlandia y participa activamente en el derrocamiento de líderes que no le son afines, como en el caso de Maduro en Venezuela.
La política como herramienta de defensa
Frente a este panorama de poderío desequilibrado, la única vía que tienen los países para proteger sus intereses es la política. Esto implica la unión de inteligencias y recursos, respaldados por argumentos que promuevan la paz, la cooperación mutua, la justicia y una sólida capacidad diplomática. México, desde 1930, ha defendido en foros internacionales el principio de no intervención y autodeterminación de los pueblos, conocido como la Doctrina Estrada. Esta postura surgió de la necesidad de convivir con el país más poderoso de la historia, obligando a los mexicanos de esa época a "hacer política" para salvaguardar sus intereses nacionales.
Desafíos y contradicciones en la política exterior mexicana
Sin embargo, un problema clave en esta postura es la congruencia: no se puede invocar el principio de no intervención en algunos casos y ignorarlo en otros. Recientemente, la Presidenta Claudia Sheinbaum ha enfrentado críticas al defender la iniciativa de Andrés Manuel López Obrador de recaudar fondos para el gobierno cubano, una medida considerada imprudente y poco política. Esta acción pone en duda su deber institucional y expone, desde un dogmatismo peligroso, una práctica que históricamente ha servido como escudo frente al poderío de vecinos como Estados Unidos.
Al alejarse de una diplomacia coherente, la titular del Poder Ejecutivo ha dejado de hacer política de manera efectiva, arriesgando no solo nuestras economías domésticas, sino también el futuro de nuestras familias. Es crucial recordar que su responsabilidad principal es política y debe estar centrada en México, manteniendo un equilibrio entre principios históricos y las realidades del escenario global actual.



