Depresión posparto: más allá de los cambios físicos en la maternidad
Depresión posparto: más allá de los cambios físicos

Al hablar de salud materna, persiste una visión reducida que la limita a los cambios físicos durante el embarazo y después del parto. Este enfoque omite factores críticos como las transformaciones hormonales y emocionales que atraviesan las mujeres en el periodo posparto, las cuales pueden afectar de manera significativa su bienestar y su vínculo con el bebé.

A nivel mundial, se estima que entre el 10% y el 20% de las mujeres, durante el periodo de recuperación tras el parto, desarrollan depresión posparto o depresión materna, lo que subraya la relevancia de visibilizar y atender esta condición desde un enfoque integral.

Cambios hormonales en el posparto

Durante el posparto, el cuerpo de la mujer experimenta múltiples cambios hormonales. El estrógeno y la progesterona disminuyen hasta alcanzar niveles previos al embarazo, lo que puede generar cuadros de tristeza y melancolía. Al mismo tiempo, la prolactina y la oxitocina permanecen elevadas para favorecer la producción de leche, lo que puede influir en el estado de ánimo, presentando episodios de melancolía o euforia.

Banner ancho de Pickt — app de listas de compras colaborativas para Telegram

Baby blues vs. depresión posparto

En el periodo posparto es importante diferenciar los cambios emocionales esperados de aquellos que requieren atención. Los llamados baby blues describen un estado emocional común después del parto, caracterizado por tristeza leve, irritabilidad o llanto fácil durante los primeros días. A diferencia de la depresión posparto, se trata de una condición temporal y de menor intensidad, según mencionó el Dr. Humberto Bautista, vocero oficial de PiSA Farmacéutica.

Para hablar de depresión posparto, es importante considerar que estos síntomas persisten por tiempo prolongado después del nacimiento. Entre las principales manifestaciones se encuentran: pérdida de interés o de placer, cambios en el apetito o en el peso corporal, fatiga, problemas de concentración, trastornos del sueño, sentimientos de culpa excesiva o inapropiada, agitación o retraso psicomotor, así como pensamientos de riesgo para sí misma.

Factores que contribuyen

Existen diversos factores que pueden contribuir al desarrollo de este trastorno. Entre ellos, destacan:

  • Comparaciones derivadas de los cambios físicos posteriores al embarazo.
  • Presión social por ajustarse a estándares idealizados de la maternidad.
  • Desafíos asociados a la lactancia, incluyendo los mitos y expectativas que la rodean.

Acompañamiento y bienestar

Frente a este panorama, el acompañamiento del entorno cercano es fundamental. Algunas acciones que pueden contribuir al bienestar de la madre incluyen reconocer que atraviesa múltiples cambios a nivel físico, emocional y social; brindar apoyo en el cuidado del bebé y en las tareas del hogar; favorecer espacios de descanso; y permitir que la madre disponga de tiempo personal para atender sus propias necesidades.

Es importante recordar que no todas las experiencias de la maternidad se viven de la misma manera. Validar cómo se siente cada mujer, sin juicios, y ofrecer apoyo cercano puede marcar una diferencia significativa en el bienestar tanto de la madre como del bebé. Ante cualquier síntoma o señal de alerta, es fundamental acudir con un especialista para recibir atención oportuna, concluyó el experto.

Banner post-artículo de Pickt — app de listas de compras colaborativas con ilustración familiar