Hasta hace unos años, el tratamiento contra la esclerosis múltiple solo controlaba los brotes. Ahora, la ciencia avanza hacia opciones más cómodas y efectivas: una inyección subcutánea de minutos y una pastilla oral que podría reducir la inflamación, los brotes y el daño neurológico.
La enfermedad de las mil caras
La esclerosis múltiple afecta el sistema nervioso central, donde el sistema inmune ataca la mielina, la capa que recubre las fibras nerviosas. Sin esta protección, las señales entre el cerebro y el cuerpo se distorsionan o se interrumpen, causando síntomas variables como pérdida de fuerza, problemas de visión o dificultad para caminar. Por eso se le conoce como "la enfermedad de las mil caras".
Evolución del tratamiento
Durante años, el tratamiento se centró en controlar brotes y aliviar síntomas, sin frenar la progresión de la enfermedad. En los años noventa llegaron los interferones y el acetato de glatiramer, que reducían recaídas. Luego aparecieron medicamentos intravenosos y anticuerpos monoclonales más eficaces, seguidos de opciones orales. Hoy, el objetivo es tratar temprano, reducir la inflamación, evitar nuevos brotes y preservar la función neurológica, adaptando la terapia a la vida del paciente.
Inyección subcutánea en minutos
En 2024, la FDA y la Comisión Europea aprobaron una formulación subcutánea de ocrelizumab e hialuronidasa para adultos con formas recurrentes y primaria progresiva de esclerosis múltiple. La inyección dura aproximadamente 10 minutos y se administra dos veces al año, permitiendo al paciente retomar sus actividades rápidamente.
¿Una pastilla contra la esclerosis múltiple?
Fenebrutinib, un inhibidor de BTK en investigación, actúa sobre células B y microglía, reduciendo inflamación y daño neurológico. Se administra por vía oral dos veces al día y ha mostrado resultados prometedores en ensayos fase III, reduciendo recaídas y lesiones cerebrales. Su aprobación dependerá de las evaluaciones regulatorias de eficacia y seguridad.



