Contaminación del aire: riesgo cardiovascular global que causa 8.1 millones de muertes anuales
Contaminación del aire: riesgo cardiovascular global

La contaminación del aire se ha consolidado como un riesgo sanitario global de gran relevancia, según un editorial reciente publicado en la Revista Española de Cardiología, que advierte sobre su impacto directo en la mortalidad y en enfermedades cardiovasculares a nivel mundial.

Los investigadores señalan que la exposición al aire contaminado se ubica entre los principales factores de riesgo de muerte, junto a la hipertensión arterial, el tabaquismo y la obesidad.

El editorial y sus autores

El editorial fue elaborado por un equipo liderado por Alberto Domínguez, de la Universidad de La Laguna, junto a Daniel Hernández, del Instituto de Investigación Sanitaria del Principado de Asturias, y Néstor Báez, del Hospital Universitario de Canarias.

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Cifras alarmantes según la OMS

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la contaminación atmosférica causa alrededor de 8,1 millones de muertes al año, lo que equivale a más de una de cada ocho a nivel global.

Contaminantes y origen del problema

Gran parte de los contaminantes se concentra en zonas urbanas, donde vive más de la mitad de la población mundial, y proviene principalmente de la quema y uso de combustibles fósiles, biomasa y procesos industriales. A esto se suman fenómenos naturales como tormentas de polvo, incendios forestales y olas de calor extremas, que incrementan la presencia de partículas en suspensión y gases nocivos.

Entre los contaminantes más peligrosos se encuentran las PM2.5 y PM10, el monóxido de carbono (CO), los óxidos de nitrógeno (NOx), el dióxido de azufre (SO2) y el ozono troposférico (O3). Estas partículas pueden penetrar profundamente en los pulmones, alcanzar los alvéolos y desencadenar problemas respiratorios y cardiovasculares graves.

Aumento del riesgo de infarto

La evidencia científica demuestra que estos contaminantes incrementan significativamente el riesgo de infarto agudo de miocardio (IAM) y otras enfermedades cardiovasculares. En Madrid, un aumento de PM2.5 se relacionó con un incremento del 6,6 % en la mortalidad por infarto. Además, estudios en España muestran que niveles elevados de estas partículas durante los tres días previos a un ingreso hospitalario aumentan en 7,1 % la probabilidad de muerte intrahospitalaria tras un infarto.

El editorial también subraya la importancia de factores como la temperatura y la humedad, que pueden amplificar la respuesta fisiológica del organismo al estrés ambiental y elevar el riesgo cardiovascular durante olas de calor, frío extremo o alta humedad. Se estima que la contaminación del aire es responsable del 28 % de las muertes por cardiopatía isquémica, afectando especialmente a poblaciones urbanas y vulnerables.

Regulación internacional y costos económicos

La evidencia se alinea con las directrices de la OMS, que en 2021 endureció los límites recomendados de calidad del aire, en particular para PM2.5 (5 µg/m³) como promedio anual y PM10 (15 µg/m³). Sin embargo, la mayoría de las grandes urbes del mundo, incluidas capitales europeas y latinoamericanas, continúa superando estos umbrales. En la Unión Europea, la revisión de la normativa avanza hacia estándares más estrictos con horizonte en 2030.

Más allá de la mortalidad, organismos como el Banco Mundial estiman que la contaminación atmosférica genera pérdidas económicas equivalentes a varios puntos del PIB global por costos sanitarios, pérdida de productividad y mortalidad prematura. Los sistemas de salud enfrentan una presión adicional por el aumento de ingresos hospitalarios asociados a eventos cardiovasculares y respiratorios, especialmente durante episodios de alta contaminación o eventos climáticos extremos.

Desigualdad, cambio climático y respuesta pública

La exposición a la contaminación no es homogénea. Las poblaciones de menores ingresos suelen concentrarse en zonas con mayor carga de contaminantes, como áreas cercanas a vías de alto tráfico o zonas industriales, y tienen menor acceso a servicios de salud. En América Latina, ciudades como Ciudad de México, Bogotá o Lima presentan episodios recurrentes de mala calidad del aire, con impactos desproporcionados en adultos mayores y personas con enfermedades crónicas.

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El fenómeno también está estrechamente vinculado al cambio climático, ya que la quema de combustibles fósiles es fuente tanto de gases de efecto invernadero como de contaminantes locales, mientras que el aumento de incendios forestales y olas de calor intensifica la concentración de partículas finas.

La literatura reciente identifica medidas efectivas como la implementación de zonas de bajas emisiones, la electrificación del transporte público, el control de emisiones industriales y la sustitución de combustibles sólidos en hogares. Pese a los avances, persisten vacíos de información en regiones de África, Asia y América Latina debido a limitaciones en monitoreo y registros epidemiológicos.

El consenso científico y sanitario refuerza que la contaminación del aire ha dejado de ser un problema exclusivamente ambiental para consolidarse como un eje central de la política de salud pública global.