Radiación UV extrema en CDMX: un peligro invisible que acecha todo el año
Radiación UV extrema en CDMX: peligro invisible

Radiación ultravioleta extrema en la Ciudad de México: un riesgo cotidiano que pasa desapercibido

La capital mexicana puede registrar niveles de radiación ultravioleta clasificados como extremadamente altos durante gran parte del año. La altitud, la ubicación geográfica y la exposición acumulativa convierten al Índice UV en un indicador que rara vez se consulta, pero que implica riesgos reales y graves para la salud pública.

Un fenómeno estructural y no excepcional

En horas centrales del día, especialmente entre marzo y septiembre, la radiación ultravioleta en la Ciudad de México puede ubicarse en la categoría que la Organización Mundial de la Salud define como extremadamente alta. En la escala internacional, el nivel 11 marca el umbral máximo recomendado; en la capital mexicana, esa cifra puede alcanzarse o superarse durante buena parte de la primavera y el verano. No es un evento aislado, sino un patrón estructural que se repite anualmente.

De acuerdo con información pública de la Comisión Ambiental de la Megalópolis (CAMe), los niveles muy altos y extremos se presentan con frecuencia entre las 11:00 y las 16:00 horas, el periodo en que el Sol alcanza su mayor altura. A diferencia de una ola de calor, que se siente y obliga a reaccionar, la radiación ultravioleta opera de manera silenciosa, sin generar alarma visual inmediata, pero con efectos acumulativos devastadores.

Factores geográficos que intensifican el riesgo

La Ciudad de México se encuentra a más de 2,200 metros sobre el nivel del mar, una condición que no es anecdótica. A mayor altitud, la atmósfera es más delgada y filtra menos radiación solar. Diversos estudios atmosféricos estiman que por cada 1,000 metros de elevación, la radiación ultravioleta puede incrementarse entre un 10% y un 12%. En ciudades de altura como la capital mexicana, este impacto es permanente y no estacional.

A esto se suma la ubicación geográfica del país. México se encuentra dentro de una franja de latitudes con radiación elevada durante la mayor parte del año. A diferencia de regiones más alejadas del ecuador, no existen inviernos prolongados con baja intensidad solar. Incluso la nubosidad puede resultar engañosa: las nubes reducen la sensación térmica y la luz visible, pero no bloquean por completo la radiación ultravioleta. En días parcialmente nublados, los niveles pueden mantenerse en categorías de riesgo.

Un problema que se extiende más allá de la capital

Aunque la conversación suele centrarse en la Ciudad de México, el fenómeno no es exclusivo de la metrópoli. En el altiplano, ciudades como Puebla, Toluca y Zacatecas comparten condiciones similares de altitud. En el norte del país, urbes como Hermosillo y Mexicali registran niveles elevados por la combinación de cielos despejados frecuentes y radiación directa intensa. En zonas costeras como Cancún, Mérida o Acapulco, la incidencia solar más vertical se suma a la reflexión de arena y agua.

El resultado es claro: gran parte del territorio mexicano se encuentra expuesto a niveles elevados de radiación ultravioleta durante todo el año, lo que convierte este tema en una preocupación nacional de salud pública.

Consecuencias graves para la salud

La radiación ultravioleta penetra la piel y puede alterar el ADN celular. A corto plazo, puede provocar:

  • Quemaduras solares
  • Inflamación cutánea
  • Lesiones oculares

A largo plazo, la exposición acumulativa se asocia con:

  1. Envejecimiento prematuro de la piel
  2. Alteraciones inmunológicas
  3. Cáncer de piel

De acuerdo con información del Instituto Nacional de Cancerología, la exposición solar acumulada constituye uno de los principales factores vinculados al desarrollo de cáncer cutáneo. El riesgo no depende exclusivamente del tono de piel; aunque las personas con mayor pigmentación pueden tardar más en presentar enrojecimiento visible, el daño biológico puede producirse igualmente. En categorías extremas del Índice UV, el deterioro cutáneo puede iniciar en cuestión de minutos.

Un desafío cultural y de prevención

El problema no es únicamente físico; es también cultural. En la capital, los meses de mayor radiación coinciden con actividades al aire libre: recreos escolares, entrenamientos deportivos, terrazas, festivales y marchas. La narrativa dominante sigue asociando peligro con calor extremo, no con radiación invisible. El Índice UV se actualiza con frecuencia como parte de la información ambiental pública, pero su consulta no forma parte de la rutina cotidiana de la mayoría de la población.

La prevención no requiere medidas extraordinarias. Implica decisiones cotidianas simples pero efectivas:

  • Buscar sombra en horas centrales del día
  • Usar ropa protectora
  • Utilizar lentes con filtro UV
  • Aplicar protector solar de amplio espectro
  • Consultar el Índice UV antes de actividades prolongadas al aire libre

En una ciudad donde el clima rara vez parece extremo, la radiación ultravioleta representa una amenaza constante y medible. La información existe, se actualiza cada pocos minutos y está disponible públicamente. La diferencia no está en el cielo, sino en si decidimos mirarlo antes de salir y tomar las precauciones necesarias para proteger nuestra salud a largo plazo.