Organizaciones civiles y expertos en salud han solicitado a las autoridades mexicanas que refuercen las investigaciones sobre la presencia de plomo en alimentos, debido a los graves riesgos que este metal representa para la salud pública, especialmente en la población infantil.
Preocupación por la contaminación
El plomo es un metal tóxico que puede causar daños irreversibles en el sistema nervioso, problemas de aprendizaje y retraso en el desarrollo en niños. En adultos, la exposición prolongada se asocia con enfermedades cardiovasculares, renales y reproductivas. A pesar de ello, los estudios sobre su presencia en alimentos en México son limitados.
Diversas organizaciones, entre ellas la Red por los Derechos de la Infancia y el Centro de Estudios para el Desarrollo Rural, han señalado que es urgente ampliar el monitoreo de plomo en productos de consumo básico como maíz, frijol, chile y verduras de hoja verde. También piden que se investigue la presencia del metal en alimentos procesados y envasados.
Fuentes de contaminación
Las principales fuentes de contaminación por plomo en alimentos incluyen la exposición a suelos contaminados, el uso de aguas residuales para riego, la aplicación de fertilizantes y plaguicidas con alto contenido de plomo, y la cocción en utensilios de barro vidriado. En México, el uso de loza de barro es común en muchas regiones, y se ha documentado que algunos esmaltes pueden liberar plomo a los alimentos.
Además, la contaminación atmosférica por emisiones industriales y vehiculares también contribuye a la deposición de plomo en cultivos. Por ello, los expertos recomiendan realizar estudios integrales que consideren todas las posibles vías de exposición.
Llamado a las autoridades
Las organizaciones han instado a la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) y a la Secretaría de Salud a que establezcan un programa permanente de monitoreo de plomo en alimentos. Asimismo, piden que se actualicen las normas oficiales mexicanas para establecer límites máximos permisibles de plomo en alimentos, y que se implementen campañas de información dirigidas a la población sobre cómo reducir la exposición.
“No podemos seguir ignorando este problema. La falta de datos no significa que no exista contaminación. Necesitamos más investigación para proteger la salud de las familias mexicanas”, declaró un portavoz de la Red por los Derechos de la Infancia.
Impacto en la salud infantil
Los niños son especialmente vulnerables a los efectos del plomo, ya que su organismo absorbe más fácilmente el metal y su sistema nervioso está en desarrollo. La exposición crónica, incluso a niveles bajos, puede afectar su coeficiente intelectual y su rendimiento escolar. Por ello, los especialistas consideran que la investigación debe priorizar los alimentos consumidos por los menores.
Además, se ha documentado que la desnutrición y las deficiencias de hierro y calcio pueden aumentar la absorción de plomo. Por lo tanto, las comunidades con mayor marginación y pobreza son las más expuestas.
Experiencias internacionales
En otros países, como Estados Unidos y la Unión Europea, se realizan monitoreos regulares de plomo en alimentos y se han implementado medidas para reducir la exposición. En México, en cambio, los estudios son esporádicos y no existe un sistema de vigilancia epidemiológica para intoxicación por plomo de origen alimentario.
Las organizaciones también piden que se fortalezca la investigación sobre métodos de remediación de suelos contaminados y sobre alternativas a los utensilios de barro vidriado que no representen riesgos para la salud.
En conclusión, la solicitud de mayor investigación sobre plomo en alimentos busca generar evidencia científica que permita tomar decisiones informadas y proteger la salud de la población mexicana, especialmente de los grupos más vulnerables.



