Sarampión: Una Enfermedad de Alta Contagiosidad y Medidas Críticas de Control
El sarampión se destaca como una enfermedad infecciosa que demanda un manejo riguroso de los periodos de aislamiento y descanso para contener su propagación. Este virus se transmite principalmente a través de gotas de saliva suspendidas en el aire, facilitando contagios masivos en entornos poblados. Identificar las etapas de transmisión es fundamental para interrumpir la cadena de infección, especialmente considerando la capacidad del virus para sobrevivir en superficies y ambientes, lo que exige medidas de higiene estrictas y protocolos de distanciamiento físico.
¿Cuánto Tiempo Puede Contagiar una Persona con Sarampión?
Una persona infectada con sarampión posee la capacidad de transmitir el virus desde cuatro días antes de la aparición del sarpullido característico hasta cuatro días después de que las manchas rojas se hagan visibles en la piel. Esta ventana de contagio convierte a la infección en una amenaza difícil de detectar en sus fases iniciales, ya que los síntomas pueden no ser evidentes. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC), los mecanismos clave incluyen:
- Alta capacidad de contagio: Hasta el 90% de las personas cercanas y sin protección pueden contraer el virus si comparten espacio con un enfermo.
- Transmisión previa a los síntomas: El contagio comienza días antes de que señales físicas, como fiebre o sarpullido, alerten sobre la enfermedad.
- Persistencia ambiental: Las gotas de saliva infectadas pueden flotar en el aire, con el virus sobreviviendo hasta dos horas, esperando ser inhalado por otros individuos.
Medidas de Aislamiento para Detener la Transmisión
Para frenar la propagación del sarampión, es crucial que una persona infectada permanezca aislada durante el periodo de contagio, que abarca desde cuatro días antes del sarpullido hasta cuatro días después de su aparición. El confinamiento en una habitación bien ventilada y la restricción de visitas son medidas necesarias para proteger a grupos vulnerables. El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) ofrece consejos para un aislamiento seguro:
- Espacio exclusivo: El paciente debe contar con un área con ventilación constante y puerta cerrada; los traslados fuera del domicilio deben limitarse a emergencias médicas.
- Restricción de contacto: Se debe evitar cualquier acercamiento físico con bebés, mujeres embarazadas y adultos mayores, debido al riesgo de complicaciones graves en estos grupos.
- Uso de barreras físicas: Si la persona con sarampión necesita salir de su habitación o acudir a una unidad de salud, el uso correcto de mascarilla es obligatorio para reducir la dispersión de partículas infecciosas.
Recuperación y Prevención del Sarampión
La recuperación total del sarampión generalmente ocurre en un lapso de dos a tres semanas. Aunque la fase aguda presenta síntomas intensos como fiebre alta, tos y congestión nasal, el proceso de sanación sigue un ciclo biológico definido. Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), este ciclo incluye una fase de fiebre que dura entre cuatro y siete días, seguida por la evolución de las manchas rojas que inician en el rostro y se extienden por el cuerpo, permaneciendo visibles por cinco o seis días antes de desaparecer. Además, quienes superan la infección adquieren una defensa biológica permanente contra este virus específico.
En cuanto a la prevención, la vacunación es la herramienta principal para evitar que el virus afecte a la población. Mantener altos niveles de protección garantiza la seguridad colectiva y reduce la probabilidad de casos graves. La Secretaría de Salud (Ssa) recomienda:
- Esquema infantil: La vacuna triple viral protege durante la niñez contra el sarampión, la rubéola y las paperas, mediante la aplicación de dos dosis.
- Refuerzo en adultos: La vacuna doble viral está destinada a jóvenes y adultos con esquemas incompletos para fortalecer las defensas.
La efectividad de la vacuna triple viral para prevenir el sarampión alcanza el 97% tras administrar las dos dosis recomendadas. Por esta razón, se requiere una cobertura de vacunación superior al 95% para mantener la inmunidad de rebaño y evitar la circulación del virus en la comunidad.