Maternidad en soledad: la carga invisible de las madres mexicanas
Maternidad en soledad: carga invisible de las madres

Recuerdo que en una conversación con dos grandes amigas, ambas comentaban que les gustaría ser como sus madres o, al menos, "la mitad de fregonas", como dijo una de ellas. Ambas tuvieron madres que trabajaban y por la tarde-noche regresaban a casa para continuar con la segunda y tercera jornada. Se asombraban de que, antes de irse a trabajar, sus madres dejaban la casa limpia, la comida lista y refrigerios para ellas y sus hermanos, y al volver revisaban tareas, bañaban, daban de cenar y dormían a los hijos.

Sin embargo, yo noté algo que también compartían, pero que ellas no habían visto. El silencio se hizo enorme e incómodo cuando les pregunté dónde estaban sus papás. Ambas respondieron: "Pues estaban trabajando". "Como sus mamás", me apresuré a señalar. "Mientras sus madres estudiaron, se superaron laboralmente y regresaban a casa a otras jornadas de trabajo no remunerado y no reconocido, sus papás SÓLO trabajaron", rematé.

Sus historias no son diferentes a las de muchos de nosotros. Hace un par de años, en una plática autocrítica, mi padre reconoció que si mis hermanos y yo éramos gente de bien, se debía esencialmente a mi madre. "Yo me enfoqué en traer dinero a la casa, dejé que ella se ocupara de ustedes, ella fue quien realmente los formó".

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Esa realidad es aplastante, porque la maternidad, incluso contando con el padre de los hijos, independientemente de estar casados, en unión libre o divorciados, se vive muchas veces en soledad, pues la distribución de las actividades relacionadas con los hijos no es equitativa. Mientras muchos padres argumentan que son los proveedores del hogar (en caso de que vivan con la madre de sus hijos), no regresan a realizar labores domésticas como lavar platos o cocinar, ni siquiera aquellas relacionadas con el cuidado de los niños; pocos son los que regresan a revisar tareas, bañar, dar de cenar, preparar mochilas o dormir a los niños.

Cuando las mujeres empiezan a vivir en pareja, muchas asumen automáticamente que las labores de la casa deben realizarlas ellas. A veces, por desgracia, ni siquiera se detienen a preguntar, incluso a su pareja, cómo será la división de ese trabajo invisible pero fundamental para que cualquier familia u hogar funcione.

Por eso, cuando vi ese video viral donde una chica lloraba desconsolada porque su pareja no le trajo un refresco que le pidió, entendí inmediatamente que no era por el Sprite que no le llevaron, sino por la enorme desigualdad que estaba viviendo como madre. Mientras ella estaba 24/7 con su bebé, cansada, sin un momento para ELLA, su pareja sí tenía la posibilidad de salir con sus amigos a tomarse una cerveza. Ella apuntaba con dolor: "Yo también quiero salir un rato".

Sin embargo, para la mayoría de las madres, el tiempo no vale lo mismo; su deseo de ser mujer, amiga, hija lo ponen en pausa para dar prioridad a la maternidad. No hay descanso. Las mujeres, sobre todo las madres, organizan su vida en función de los demás: quehaceres domésticos, la pareja e hijos, incluso si tuvieran un espacio para el esparcimiento, tienen que anticiparse para dejar todo listo antes de salir.

En cambio, los hombres no rechazan una invitación a salir porque para ellos no hay pendientes, ya que de facto saben que todo lo que concierne al hogar (quehacer, hijos, etcétera) es trabajo de la mujer (madre, hermanas, abuelas, tías, hijas, pareja).

Por eso es pertinente que los hombres realicen dos cosas: una, entender que no son un apoyo o ayuda en el hogar, y dos, reflexionar si las labores que realizan en casa las hacen porque una mujer se los pide o porque realmente entienden que también es SU trabajo como integrante de una familia. Su familia. Ahí se los dejo.

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