Dieta saludable a los 45 años puede alargar la vida hasta tres años, revela estudio internacional
Un estudio exhaustivo realizado por un consorcio de prestigiosas instituciones académicas ha demostrado que mantener patrones de alimentación saludables, particularmente a partir de los 45 años, puede incrementar la esperanza de vida en hasta tres años. La investigación, que analizó a 103,649 participantes durante un seguimiento de más de una década, ofrece estimaciones precisas sobre los años de vida ganados mediante la adopción de dietas equilibradas.
Reducción significativa de la mortalidad
Los hallazgos indican que las personas que siguen dietas saludables, como la dieta mediterránea, registran un riesgo de mortalidad por cualquier causa entre un 18% y un 24% menor. Esta reducción se traduce en un aumento tangible en la esperanza de vida, con ganancias que varían según el género y el tipo de dieta adoptada.
El estudio evaluó cinco esquemas nutricionales reconocidos:
- Índice Alternativo de Alimentación Saludable 2010
- Dieta Mediterránea
- Índice de Dieta Saludable basada en Plantas
- Enfoques Dietéticos para Detener la Hipertensión (DASH)
- Dieta para la Reducción del Riesgo de Diabetes (DRRD)
Todos estos modelos mostraron una asociación clara con mejores indicadores de salud a largo plazo y una menor probabilidad de muerte prematura.
Ganancias específicas por género y edad
El análisis detallado reveló que, a los 45 años, los hombres con las puntuaciones dietéticas más altas pueden ganar entre 1.9 y 3 años de vida adicionales, mientras que las mujeres pueden esperar entre 1.5 y 2.3 años más. Curiosamente, la dieta DRRD demostró ser particularmente beneficiosa para los hombres, mientras que la dieta mediterránea mostró mayores ventajas para las mujeres.
Una de las conclusiones más impactantes es que estos beneficios son independientes de la predisposición genética. Según los autores, seguir un patrón alimentario saludable es crucial para una mayor esperanza de vida, sin importar si las personas portan genes asociados con la longevidad.
Perspectivas de expertos en nutrición y salud pública
Esther López García, catedrática de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad Autónoma de Madrid, destacó que el estudio responde a una pregunta fundamental: si la dieta puede modificar nuestra predisposición genética hacia una vida más larga. Sus resultados confirman que, independientemente de los genes, una dieta saludable es esencial para lograr una vida más longeva.
Fernando Rodríguez Artalejo, investigador de CIBERESP e IMDEA Food, enfatizó que, aunque ya se sabía que ciertas dietas ricas en alimentos de origen vegetal reducen la mortalidad, este trabajo aporta la novedad de cuantificar los beneficios en años de vida ganados. Además, advirtió que los efectos positivos de la dieta mediterránea—que incluye consumir frutas, verduras, cereales integrales y proteínas vegetales, mientras se minimizan bebidas azucaradas y productos altos en sal—no se limitan a personas de 45 años, sino que se extienden a lo largo de casi toda la vida.
Rodríguez Artalejo también señaló que nunca es tarde para mejorar la dieta. Incluso a los 80 años, una buena alimentación puede asociarse con una ganancia de hasta dos años de vida para hombres y un año para mujeres, en comparación con aquellos que mantienen una dieta deficiente a esa edad.
Enfoque integral para una vida saludable
Dolores Corella, investigadora del CIBEROBN y catedrática de la Universidad de Valencia, recordó que el objetivo actual no es solo aumentar la esperanza de vida, sino lograr una esperanza de vida libre de enfermedad. Esto implica que las personas mayores puedan mantenerse sanas sin depender excesivamente de fármacos. Para ello, no solo la dieta es crucial, sino también factores como la actividad física, el sueño adecuado, evitar el tabaquismo y, en general, practicar un estilo de vida saludable.
El estudio, publicado recientemente, fue realizado en colaboración por investigadores de la Facultad de Medicina Tongji de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Huazhong, la Facultad de Medicina de la Universidad de Zhejiang, la Universidad Queen Mary de Londres y la Universidad de Sydney en Australia, consolidando su validez a nivel internacional.