Del 'modo no molestar' a la búsqueda del ahora: cómo la hiperconexión digital erosiona nuestro presente
Hiperconexión digital: cómo erosiona nuestro presente y bienestar

La transformación digital: de la productividad compulsiva al modo "no molestar" permanente

Antes de la pandemia, era la personificación misma de la productividad instantánea. Cualquier mensaje, ya fuera de una amiga distante preguntando por mi día o una consulta laboral urgente, recibía respuesta inmediata. Hoy, mi teléfono vive en "modo no molestar" de manera permanente, mis respuestas digitales son cortantes y escasamente elaboradas, y sólo un puñado privilegiado logra que suene una notificación en este mi estado evasivo hacia la socialización digital.

El smartphone: ventana directa a la ansiedad contemporánea

Estoy profundamente cansada de que un dispositivo determine mi estado de ánimo, de que me exija atención con cada vibración o sonido. Para mí, y estoy convencida que para muchos otros, el teléfono inteligente se ha convertido en una puerta de acceso directo a la insatisfacción y la ansiedad constante. Cuando hablamos de ansiedad, sabemos que vivimos con una dosis extra de futuro: ese repasar mental constante de lo que podría suceder.

¿Cuántos de nosotros no hemos vivido mil vidas en un solo día? Montados en nuestra propia cabeza, con pensamientos que susurran escenarios que jamás existirán. Al final de la jornada, terminamos exhaustos sin comprender por qué, cuando en realidad hemos experimentado tan poco del presente verdadero. Sí, los pensamientos pesan enormemente, y así es como el momento actual se vuelve frágil e insostenible.

La fractura del presente: entre el metaverso personal y la realidad

Por un lado, estamos atrapados en nuestra mente, generando ideas que no tienen cabida real en el ahora, sino en un futuro incierto. Por otro, hemos creado una especie de metaverso de nosotros mismos: existimos desdoblados y vivimos en fragmentos dispersos. Sí, adivinaron correctamente: me refiero específicamente a las redes sociales y cómo éstas han puesto el dedo en la llaga de esa grieta sensible que implica "vivir el presente".

La búsqueda espiritual y el difícil encuentro con el ahora

Hace algunos años, tuve la firme convicción de leer "El poder del ahora" de Eckhart Tolle. Atravesé una etapa profundamente espiritual donde los libros de desarrollo humano parecían contener las respuestas que necesitaba para comprender la realidad. Aquel libro me costó trabajo inicialmente porque no conectaba con el concepto de presente; lo abandoné, pero meses después decidí terminarlo, esta vez sin permitir que mis cuestionamientos obstaculizaran la lectura.

Al concluirlo, no estaba completamente convencida de algunos postulados, pero últimamente me encuentro más segura de lo que Tolle planteaba: argumento con facilidad que nuestra infelicidad se debe fundamentalmente a que no sabemos habitar el presente, el único espacio donde pueden residir la paz y la felicidad genuinas.

De la iluminación libresca al choque con la realidad hostil

En aquella época de erudición espiritual, todo me parecía perfecto en los libros. Me sentía iluminada, subrayando frases que me hacían creer que finalmente tenía todas las respuestas. Curiosamente, fue el período pandémico donde no hice más que trabajar desde casa, terminar de escribir mi primera novela, ejercitarme y leer montones de libros, incluidos, por supuesto, esos textos de desarrollo humano recomendados por mi psicólogo.

Pero pronto regresamos a la realidad hostil, y experimenté un choque brutal. Los libros de desarrollo humano se transformaron en ideales que no podía llevar a la práctica ante los retos reales de la existencia. Conceptos como aceptación, rendición, fluir, sanar, perdonar, Dios, fe y alma se volvieron cada vez más confusos. Y ahí persistía en mi mente el concepto de Tolle: EL PODER DEL AHORA.

El tiempo líquido y la imposibilidad del presente lineal

Me dije claramente: ya es imposible vivir solamente la vida que el presente nos muestra. Nuestra concepción del tiempo es cada vez más líquida y diluida; desde luego, ya no es lineal en absoluto. Lo próximo se siente asfixiante porque estamos pensando constantemente en todo lo que viene, o en todo lo que fue.

En enero de este año se popularizó el trend de "tú en 2016 vs. tú en 2026", y yo sólo pensaba en que ojalá el reflexionar sobre nuestro yo de hace diez años no nos hiciera descuidar al yo que somos hoy, para luego recordarlo hasta dentro de diez años más. ¿Qué nos contaremos a nosotros mismos dentro de una década? ¿Un recuerdo del presente? Porque qué difícil es mantener los ojos al frente.

La mirada fija en la ventanita digital

Me he encontrado en todo tipo de escenarios vitales, sintiendo cómo a mi alrededor las miradas están clavadas en el teléfono, en esa pequeña ventana hacia otro tiempo. Ya no observamos lo que está o quién está junto a nosotros, y mucho menos nos interesa saber algo de ese otro; sin embargo, mantenemos un millón de conversaciones abiertas de manera digital. Más conectados, pero más solos y ensimismados.

Vivimos en una gran nube que con un soplido puede desmoronarse. Y todavía no hemos vivido lo peor: no hemos atravesado las consecuencias más graves de esta comunicación vacía, no hemos visto el impacto psicológico real de no saber quiénes somos en realidad. Rotos y digitales, observando los logros ajenos, sintiendo que vamos tarde, que por más que corramos no logramos alcanzar al presente.

La felicidad pendiente de un hilo y la fuga de la vida

Nuestra felicidad pende de un hilo delgado, fino y frágil. La vida se nos está escapando, y no sé dónde está el freno de mano para detenernos de un tirón. Ya nadie quiere detenerse. Todo es tan fugaz, tan rápido; el chiste es seguir, caminar sin pausa, porque o te subes al trajín o quedas fuera de la vida. El presente dura menos.

La inteligencia artificial: otra grieta en el criterio humano

Si a esta hermosa receta de la decadencia comunicativa agregamos a la Inteligencia Artificial, abrimos otra gran grieta: la del criterio, la del conocimiento, la de abaratar nuestra existencia a un prompt al que le dictamos lo que queremos ver, a conversaciones con ChatGPT que ahora nos conoce más que nuestros propios padres, a un montón de profesiones y oficios que parecen estar en declive ante este nuevo escenario. Pero ese es tema para otro momento de reflexión.

La esperanza en el arte y la reconexión con lo real

Y sin embargo, mantengo esperanza. Tengo fe en que nuevamente el arte nos salve. En que todas esas personas a quienes nos duele la realidad, nos refugiemos en crear desde lo real, que es lo único que puede desencadenar nuestra humanidad, a conectarnos a través de mover fibras verdaderas. Porque nos urge realidad, nos urge sentir, y para ello hay que conectarse al presente.

Por eso aquí, desde mi computadora, lo más revolucionario que puedo hacer es detenerme a pensar, a cuestionar, y sobre todo a escribir y aferrarme a mis letras. Unas letras que son sólo mías, esperando encontrar a alguien real del otro lado que le interese quedarse aquí, en un presente más sólido y significativo.