Mujeres enfrentan condenas más severas en México: el caso de Sara, 7 años en prisión por un delito no cometido
Durante siete largos años, Sara permaneció tras las rejas del penal de Santa Martha por un delito que jamás cometió. Su historia comienza el mismo día trágico en que asesinaron al padre de sus dos hijos pequeños, cuando fue detenida en lo que ella describe como "la levantada de cruz del papá de mis hijos". Las autoridades la acusaron de narcomenudeo basándose únicamente en declaraciones policiales, sin presentarle pruebas concretas.
La imposible decisión: culpabilidad falsa por libertad anticipada
"Si no aceptas declararte culpable vas a pasar de 15 a 21 años en prisión", le advirtió un juez. Sara, consciente de su inocencia pero enfrentando la perspectiva de un proceso judicial prolongado, tomó la desgarradora decisión de aceptar la culpabilidad para reducir su condena. "No me quedó de otra más que aceptar para que me dieran menos años", relata con voz quebrada.
Antes de esta decisión, pasó cuatro meses en espera de sentencia, tiempo durante el cual nunca le mostraron evidencias contundentes de su supuesta participación criminal. Aunque la sentencia redujo su tiempo en prisión, la carga emocional de admitir un crimen ajeno y el dolor por perder la infancia de sus hijos —de apenas uno y tres años cuando ingresó al penal— la acompañarían permanentemente.
El infierno carcelario y la lucha por sobrevivir
La vida dentro del penal de Santa Martha fue sumamente difícil y llena de dolor. "No cualquiera puede sobrevivir entre tantas adversidades", afirma Sara entre lágrimas. En su relato detalla:
- Peleas constantes entre reclusas
- Pensamientos negativos que amenazaban con consumirla
- Represiones injustas por parte de custodios
- Autolesiones impulsadas por la desesperación
- Dependencia de drogas como mecanismo de escape
En medio de este caos, encontró un ancla en su fe en Dios, que le dio fuerzas para continuar luchando por reunirse con sus hijos y su madre. "No hubo un solo día que fuera fácil", confiesa sobre su experiencia carcelaria.
La libertad y el rechazo social
Hoy, a sus 30 años y con tres en libertad, Sara enfrenta una nueva condena: el rechazo de la sociedad, de parte de su familia e incluso de sus propios hijos, quienes le reclaman su prolongada ausencia. Día a día intenta reconstruir la vida que la prisión interrumpió, trabajando, cuidando de sus hijos y su madre, y con la esperanza de retomar sus estudios de diseño gráfico.
"La felicidad para mí es recoger a mis hijos de la escuela y platicar con ellos de su día. Las sonrisas de mis hijos lo son todo", comparte emocionada. Aunque el dolor nunca desaparecerá completamente, expresa orgullo por la persona en que se ha convertido: "Hoy pongo todo de mí para que a mis hijos no les falte nada... El dolor nunca se va a olvidar pero estoy orgullosa de quien soy".
Un patrón nacional de criminalización severa hacia mujeres
La historia de Sara no es un caso aislado en México. Datos del INEGI revelan que, aunque las mujeres representan una minoría dentro del sistema penitenciario (13,985 de más de 236,000 personas privadas de libertad al cierre de 2024), enfrentan condiciones particularmente complejas:
- Casi la mitad (46.3%) se encuentra en prisión sin sentencia, proporción mayor que entre hombres
- Reciben condenas en promedio seis años más largas que los hombres por delitos similares
- En casos de participación como cómplices (no autoras), las penas son desproporcionadamente severas
La diputada Rebeca Peralta, vicepresidenta de la Comisión de Derechos Humanos del Congreso de la Ciudad de México, proporciona datos alarmantes: el 11% de las mujeres recibe condenas mayores a 50 años de prisión, frente a apenas 5.5% de los hombres. Esta disparidad se invierte en sentencias más cortas (5-10 años), donde los hombres representan 21% y las mujeres 18%.
Delitos y vulnerabilidad social
Según estadísticas analizadas por la legisladora, los principales delitos por los que son sentenciadas las mujeres en la Ciudad de México son:
- Robo
- Secuestro
- Homicidio
- Narcomenudeo
Peralta señala que estas diferencias reflejan cómo las mujeres suelen involucrarse en delitos vinculados a contextos de vulnerabilidad social, económica o coerción por parte de terceros. "Esto nos obliga a preguntarnos si realmente estamos aplicando justicia con perspectiva de género o si seguimos reproduciendo criterios punitivos más duros contra las mujeres", cuestiona.
Un mensaje de resiliencia y esperanza
Para las mujeres que han pasado por procesos similares, Sara tiene un mensaje claro: "uno como mujer es bien capaz y lo único que se necesita es el querer para lograr las cosas". Enfatiza la importancia del amor propio y la autoestima como fundamentos para reconstruir una vida después de la prisión.
En el marco del Día Internacional de la Mujer, testimonios como el de Sara ponen rostro a una realidad preocupante: un sistema de justicia que, en muchos casos, castiga con mayor severidad a las mujeres, obligándolas a elegir entre seguir peleando por su inocencia o recuperar su libertad lo antes posible, aunque sea al precio de admitir culpas ajenas.
