El domingo negro: cuando el CJNG paralizó a México y expuso la realidad del crimen organizado
Lo sucedido el pasado domingo en territorio mexicano constituye una cruda y dolorosa ilustración del verdadero estado en que se encuentra el combate contra la delincuencia organizada. Las escenas de caos y violencia que presenciamos no guardan relación alguna con el triunfalismo discursivo que frecuentemente emana de las esferas oficiales.
Un estado de sitio no declarado
El primer elemento que impacta es que el parámetro para medir la seguridad pública ese día fueron los protocolos de protección civil que entidades públicas y privadas activaron de manera espontánea a lo largo de la jornada:
- Suspensión masiva de clases en numerosos municipios
- Cierre generalizado de módulos de servicios gubernamentales
- Cancelación de corridas de autobuses de pasajeros en múltiples rutas
- Camiones de carga varados en carreteras y puntos de acceso
- Eventos deportivos reprogramados a última hora
- Vuelos comerciales cancelados en varios aeropuertos
- Infinidad de comercios que bajaron sus cortinas por precaución
En numerosas localidades, sin exageración alguna, lo que se experimentó fue un auténtico estado de sitio. Hoy, el juicio sobre la seguridad pública ya no proviene exclusivamente de los críticos habituales, los medios de comunicación o los opositores políticos. Ese juicio ahora anida en la ciudadanía común que, ante una amenaza tangible y generalizada, optó por resguardarse como único mecanismo de protección disponible.
Un operativo militar exitoso con interrogantes de mando
El segundo aspecto que debe destacarse es que se trató de un operativo exitoso por parte del Ejército Mexicano, cuyo valor táctico hay que reconocer, aunque lamentando profundamente la pérdida de vidas humanas que siempre acompaña estos enfrentamientos. Sin embargo, también fue un operativo sui generis en el sentido de que la jefa máxima de las fuerzas armadas no parecía estar al mando directo de las acciones desde un cuarto de guerra, ni informando de manera constante sobre la evolución del conflicto ante la ciudadanía.
Un parteaguas en la estrategia contra el crimen organizado
Como quiera que se analice, este evento marca un punto de inflexión histórico en la estrategia de combate a la delincuencia organizada, y sus consecuencias definirán un antes y un después en la seguridad nacional. La demostración de fuerza desplegada por el Cártel Jalisco Nueva Generación realizando desmanes, balaceras, incendios y 252 bloqueos simultáneos en 20 entidades federativas es un hecho inédito en la historia reciente de México.
Esa cifra representa el tamaño actualizado de la capacidad operativa del cártel más importante del país, aunque ciertamente no es el único. Se trata de un dato que debería quitarnos el sueño y obligarnos a replantear profundamente las estrategias de seguridad.
La tregua incierta y la necesidad de un cambio de paradigma
Finalmente, el regreso a la calma no parece fundamentarse en una victoria contundente de las fuerzas del orden, sino más bien en un cálculo estratégico de los propios cárteles. La duración de esta tregua es completamente incierta. La experiencia histórica demuestra que el descabezamiento de un líder criminal nunca ha significado la desaparición de un cártel; ojalá que en este parteaguas sea posible replantear el combate a la delincuencia organizada y asumir que la jornada del domingo fue una contundente demostración de que la estrategia de los abrazos y el ataque supuesto a las causas estructurales de la violencia ha resultado totalmente inoperante.
Los retos de largo plazo que no pueden esperar
Más allá de los dilemas narrativos que el oficialismo pueda enfrentar respecto al combate al crimen, lo verdaderamente relevante es enderezar acciones concretas que incrementen la cooperación internacional, permitan la previsión de escenarios para evitar que se repitan episodios como el del domingo, y diseñen estrategias eficientes que privilegien el desmantelamiento estructural y no meramente el descabezamiento temporal de los cárteles.
A juzgar por lo presenciado el domingo, se trata de retos de muy largo plazo que requieren comenzar a abordarse con urgencia y determinación. La seguridad de millones de mexicanos depende de que empecemos pronto este replanteamiento fundamental.