Concordia, Sinaloa: El Microcosmos del Horror del Crimen Organizado en México
Concordia: Microcosmos del Horror del Crimen en México

Concordia: El Microcosmos del Horror Nacional que México Prefiere Olvidar

La vorágine informativa ha relegado al olvido lo ocurrido hace casi tres semanas en Concordia, un municipio sinaloense ubicado a una hora al sur de Mazatlán. El secuestro de 10 mineros, cinco de los cuales fueron hallados sin vida, dejó de ser prioridad en los noticiarios y desapareció de las primeras planas de los periódicos. La minera canadiense Vizsla Silver Corp. emitió ayer una actualización sobre la búsqueda de sus cinco empleados desaparecidos, pero sin novedades significativas. Las condolencias a las familias continúan, y las operaciones mineras permanecen suspendidas.

La Normalización de la Violencia Narcotraficante

Como sucede con todas las noticias vinculadas al narcotráfico y su violencia, la sociedad mexicana, incluyendo al Gobierno, actores políticos y agentes económicos, ya ha normalizado estos hechos. Uno, dos, cinco, diez o más muertos o secuestrados por el crimen organizado se convierten en meras estadísticas, números fríos que acumulan víctimas en el México rojo que habitamos. Sin embargo, Concordia no desaparecerá pronto; apenas comenzamos a descubrir lo que se perfila como el microcosmos del horror nacional.

Concordia, otrora un centro minero de oro, plata y cobre, es un pueblo con menos de 25 mil habitantes atravesado por una carretera rural. Lejos de las zonas urbanas, escondido en la Sierra Madre Occidental, ha sido durante años el cementerio clandestino de personas ejecutadas por órdenes de Iván Archivaldo Guzmán, jefe de la facción del Cártel de Sinaloa en guerra contra las milicias de Ismael “El Mayo” Zambada, quien dirigió la organización criminal por cuatro décadas. Esta situación habría persistido, ante los ojos cerrados de las autoridades, que prefirieron la simulación a enfrentar la realidad y su responsabilidad.

El Secuestro que Cambió la Inercia Cómplice

El secuestro de diez mineros de una empresa canadiense, ampliamente publicitado, alteró esa inercia cómplice arraigada en la región desde tiempos inmemoriales. Al menos cinco de ellos fueron trasladados a El Verde desde Pánuco, la comunidad donde se ubicaba la mina, a unos 30 kilómetros de distancia. El horror estalló cuando se encontró el cuerpo de un minero en El Verde, una comunidad de mil habitantes en Concordia, y horas después otro más. Las autoridades excavaron junto al panteón, descubriendo más cuerpos, algunos con casi una década de antigüedad, junto a otros tres mineros.

La periodista María Idalia Gómez reveló que solo en el área del panteón hay dos o tres fosas, con aproximadamente 120 cadáveres. En El Verde, según fuentes involucradas en las investigaciones, existen más de 20 fosas en cuatro puntos, estimándose que podrían albergar más de 1,500 cuerpos, algunos destrozados. Concordia, según Gómez y el periodista Luis Chaparro, está controlado por los hermanos Óscar Martínez Larios, “El Caso”, y Gabriel, “Gabito”, jefe de plaza en Rosario, quienes responden a Víctor Manuel Barraza, El 40, exsecretario de Iván Archivaldo y actual jefe de plaza en Mazatlán y el sur de Sinaloa.

La Extorsión como Método Criminal

De acuerdo con Gómez, “El Caso” enterraba en El Verde a los enemigos de los chapitos, y este campo de la muerte podría superar en tamaño a los hallados en Jalisco. Actualmente, El Verde está sellado por autoridades federales y locales para iniciar la exhumación fosa por fosa. Las autoridades federales informaron esta semana que los mineros fueron secuestrados por error, al ser confundidos con un grupo rival, versión cuestionada por los mineros y fuentes de primera mano.

La historia que narran es diametralmente opuesta: no hubo confusión, sino una extorsión no pagada. Según esta versión, “Gabito” cobraba a la mina 200 mil pesos mensuales hasta hace dos meses, cuando exigió el 50% de la producción en lugar de efectivo. Este cambio parece responder a la falta de recursos de los chapitos para su guerra fratricida con Zambada. Previamente, hizo lo mismo con dos minas en un municipio colindante, exigiendo oro para pagar sicarios al Cártel Nueva Generación.

En esta narrativa, la mina con sede en Vancouver se negó, pero al mes siguiente entregó 250 mil pesos. La respuesta fue el secuestro de sus trabajadores, con una demanda de 10 millones de rescate por cada uno en cinco días. “No se pagó”, afirmó una fuente cercana a la negociación frustrada, “y levantaron a los mineros”. Los llevaron a una casa en el fraccionamiento La Clementina, en Concordia, a 30 minutos de la mina en Pánuco. Los ejecutores fueron lugartenientes de “El Casco”, incluyendo a Ramón Héctor Morales, “El Chino”, y otros conocidos solo por sus apodos, “El Guicho” y “El Bryan”.

Consecuencias y Futuro Incierto

Mineros de la zona sostienen que los 10 secuestrados fueron ejecutados, y se cree que sus victimarios se refugiaron en Puerto Vallarta y Zapopan, Jalisco, controlados por el cártel Nueva Generación. Credenciales y pertenencias de los mineros fueron halladas recientemente en El Verde, aunque el destino de los cinco desaparecidos sigue incierto. La extorsión a mineras en México es un problema de años, pero pocos hablan abiertamente de casos específicos.

Un vocero de cámaras mineras estima que los costos por extorsión alcanzan el 10% de las utilidades, incluyendo inversiones en seguridad y control de riesgos. El problema no cesará, pero la exposición internacional del caso de Concordia podría forzar a las autoridades, ciegas por años, a abrir los ojos y asumir su responsabilidad ante este microcosmos del horror que refleja la cruda realidad del crimen organizado en el país.