Puerto Vallarta: La devastación comercial tras la captura de 'El Mencho' y narcobloqueos
Destrucción en Puerto Vallarta tras captura de 'El Mencho'

Puerto Vallarta: La devastación comercial tras la captura de 'El Mencho' y narcobloqueos

Han transcurrido cinco días desde el operativo que culminó con la captura de Nemesio Oseguera, alias 'El Mencho', líder del Cártel Nueva Generación (CNG), y mientras algunas zonas afectadas por los narcobloqueos intentan retomar la normalidad, la colonia Fluvial en Puerto Vallarta permanece sumida en un paisaje de destrucción y silencio.

Un rastro de fuego y miedo en la Avenida Francisco Villa

Sobre la Avenida Francisco Villa, en apenas una cuadra, se despliega una escena desoladora: fachadas ennegrecidas, cristales pulverizados, láminas retorcidas y un persistente olor a gasolina quemada que impregna el aire. En menos de 200 metros, hombres encapuchados incendiaron al menos seis locales comerciales durante los violentos actos delictivos del domingo 22 de febrero.

El inventario del desastre incluye:

  • Dos tiendas de conveniencia, incluyendo sucursales de Oxxo.
  • Una agencia de motocicletas Vento.
  • Una tienda de ropa deportiva Pirma.
  • Una farmacia Farmacias Benavides.
  • Una refaccionaria de aires acondicionados 'Cool y Parts'.
  • Una oficina del Servicio de Administración Tributaria.
  • Más de 30 vehículos incendiados en un estacionamiento de Costco.

La escena mantiene un silencio extraño, apenas interrumpido por el crujir del vidrio bajo los pies. 'Todavía huele a muerte… a algo muy feo', susurra Marta Ríos, vecina del lugar, mientras observa los restos de los comercios donde solía comprar a diario. 'Ese día pensamos que era un asalto, pero luego vimos humo por todos lados. Nos encerramos y apagamos las luces'.

Los daños más severos en el número 1447

En el número 1447 de la avenida, se concentran tres de los daños más devastadores. Según Protección Civil municipal, el fuego consumió aproximadamente 900 metros cuadrados de locales de gran tamaño. La farmacia Farmacias Benavides fue el primer blanco. Testigos relatan que los agresores, armados, obligaron a empleados y clientes a salir y rociaron gasolina entre los pasillos.

'Nos apuntaron y dijeron que saliéramos sin mirar atrás', recuerda una trabajadora que pidió omitir su nombre por seguridad. 'Escuchábamos cómo tiraban cosas, cómo rompían frascos… luego el olor a gasolina fue muy fuerte. Corrimos'. Hoy, dentro del local, los anaqueles están derretidos, las cajas de medicamento reducidas a bloques deformes y los envases de fórmula para bebé convertidos en plástico chamuscado. El suelo está cubierto de vidrios, sueros calcinados y ceniza gris.

El fuego se extendió después a la refaccionaria 'Cool y Parts'. El techo metálico luce vencido, combado por el calor, con riesgo visible de colapso. 'Se oía como si tronaran cohetes, pero eran los equipos explotando', relata Luis Navarro, comerciante de la zona. 'Nunca habíamos visto algo así aquí'.

La tercera víctima del complejo fue la tienda deportiva Pirma. En su interior, los maniquíes permanecen de pie, ennegrecidos y deformados, como figuras fantasmales. Algunos tenis, con las suelas parcialmente fundidas, quedaron esparcidos hasta la banqueta. Las vitrinas explotaron hacia afuera y la fachada adquirió un tono negro uniforme, señal inequívoca de temperaturas extremas.

Motocicletas y tiendas de conveniencia reducidas a cenizas

A unos metros, la agencia de motocicletas Vento presenta un panorama similar. Más de 20 unidades de exhibición fueron incendiadas; sólo quedan chasis retorcidos y masas metálicas ennegrecidas. 'Parecía un cementerio de fierros', describe un guardia privado de un negocio cercano. 'Las motos se consumieron rapidísimo'.

Las dos tiendas Oxxo de la cuadra también fueron atacadas. Una de ellas conserva los refrigeradores abiertos y chamuscados, como si los clientes hubieran desaparecido de pronto. En la otra, los anaqueles colapsaron y las paredes muestran grietas por el calor.

Coordinación y rapidez en los ataques

Vecinos aseguran que los agresores actuaron con rapidez y coordinación. 'No tardaron ni media hora en destruir todo', afirma José Luis Peña, taxista que vive en la colonia. 'Venían en varios vehículos, encapuchados, armados. Nadie se atrevió a salir'.

Hoy, no hay acordonamientos, vigilancia permanente ni trabajos visibles de remoción. La cuadra permanece abierta, expuesta, como una herida urbana sin atender. El tránsito circula con normalidad a unos metros, pero basta detenerse para percibir que la zona sigue marcada por el miedo.

La Fluvial Vallarta, una de las zonas comerciales más activas del puerto, quedó convertida en un recordatorio tangible de la violencia desatada aquella jornada. Entre cenizas, metal fundido y fachadas carbonizadas, la cuadra sigue contando su historia sin necesidad de palabras: la de un domingo en que el fuego sustituyó a la vida cotidiana y dejó, cinco días después, un silencio que todavía pesa.