La 'envidia estructural': el mecanismo que empuja a jóvenes al crimen organizado
La 'envidia estructural' que lleva a jóvenes al crimen organizado

La 'envidia estructural': el mecanismo que empuja a jóvenes al crimen organizado

En ocasiones, uno simplemente busca comprender. ¿Qué motiva a decenas de soldados del cártel, en su mayoría jóvenes, a incinerar 806 vehículos en Jalisco tras la muerte de Nemesio Oseguera, conocido como El Mencho? ¿Qué impulsa a estos jóvenes a empuñar armas letales y unirse voluntariamente a las filas del narcotráfico?

Parte de la respuesta se encuentra en Geografías de la crueldad, un documento presentado por el Programa de Seguridad Ciudadana de la IBERO, el Seminario sobre Violencia y Paz de El Colegio de México y México Evalúa. Este compendio surge de las Jornadas para la Reducción de la Violencia Homicida, celebradas en noviembre de 2025, con la participación de 33 especialistas de la academia, la sociedad civil y el periodismo de investigación.

Más allá de la medición de delitos

Los enfoques son múltiples, todos orientados a responder una pregunta fundamental: ¿cómo construir una política de paz efectiva? En la conferencia inaugural, el antropólogo Claudio Lomnitz destacó que no es lo mismo medir delitos que comprender la función social de la violencia, dos aspectos que los gobiernos suelen confundir.

Una de las aristas analizadas se relaciona directamente con los jóvenes reclutas y el mecanismo detrás de su enrolamiento voluntario en el crimen organizado. Los especialistas identifican un fenómeno llamado comparación social, que va más allá de las explicaciones tradicionales centradas en la pobreza material.

La desigualdad como motor de la violencia

Los gobernantes suelen abordar la pobreza como el factor principal que propicia entornos violentos y facilita el camino hacia la criminalidad. Se argumenta que es necesario sacar a estos jóvenes de la precariedad, atendiendo las causas estructurales. Sin embargo, el problema no se reduce a una simple falta de medios materiales para subsistir.

El estudio señala que lo que los jóvenes reclutados experimentan no es la pobreza como carencia absoluta, sino la desigualdad como posición relativa. Se trata de la constatación cotidiana de que otros tienen lo que ellos no poseen, un fenómeno que podría denominarse envidia estructural.

Este sentimiento de exclusión se intensifica mediante la comparación constante con los otros, catalizando un deseo meteórico de alcanzar un estatus superior, sin importar el costo. Las transferencias monetarias a través de programas como Jóvenes Construyendo el Futuro, aunque alivian carencias inmediatas, resultan insuficientes frente a esta privación relativa.

El vacío de reconocimiento social

No basta con proporcionar un ingreso si este no cierra la brecha simbólica de estatus que empuja al joven a buscar en el crimen organizado el reconocimiento que la sociedad le niega. Estamos ante individuos cuya filosofía puede resumirse en la frase popular: mejor vivir una hora como rey que una vida de buey.

Los testimonios de jóvenes reclutas revelan elementos recurrentes:

  • La percepción de exclusión no se limita a condiciones económicas.
  • La comparación social genera frustración y resentimiento.
  • El crimen organizado ofrece una vía rápida para alcanzar estatus y poder.

Este análisis sugiere que las políticas públicas deben ir más allá de abordar la pobreza material y enfocarse en reducir las desigualdades estructurales y proporcionar alternativas de reconocimiento social para los jóvenes en situación de vulnerabilidad.