México ante la guerra civil molecular: violencia sin reglas en el siglo XXI
Hace casi quince años, con notable clarividencia, el politólogo austriaco Andreas Schedler, avecindado en México, advirtió que en nuestro país se perfilaban escenarios de guerra civil. Sin edulcorantes ni eufemismos, señaló que la creciente violencia, los asesinatos sin control, las miles de desapariciones, el dominio criminal de territorios y actividades económicas, el desorden territorial y el sometimiento de gobiernos municipales y estatales por la delincuencia organizada, expresaban y traían consigo una profunda descomposición política y social.
La democracia en guerra civil
El ensayo de Schedler, "La democracia de la guerra civil mexicana", publicado por el CIDE en 2013, sostenía desde entonces: "Lo que propongo llamar democracia en guerra civil es un sistema político que es democrático, pero incapaz de contener la violencia organizada... un escenario donde ocurren la subversión de los derechos humanos, la subversión de las libertades y la subversión de la determinación electoral".
El académico no cayó en el error de culpar a la democracia o a las elecciones del auge delincuencial, sino que vio correctamente que las organizaciones mafiosas estaban presentes desde hacía décadas, dispersas, pero ahora se adaptaban a la nueva realidad política e institucional. Los criminales aprendieron a reproducirse en el nuevo ecosistema, un proceso que comenzó durante el gobierno de Felipe Calderón y alcanzó su cima en la administración de Andrés Manuel López Obrador.
El mundo de las nuevas guerras
Esta situación ha ubicado a México como un ejemplo del nuevo y angustiante pasaje histórico global establecido luego de la Guerra Fría, lo que la teórica Mary Kaldor denominó "el mundo de las nuevas guerras". La caída de la Unión Soviética desbarató un ancla política global que había servido para la contención de conflictos, no solo entre Estados, sino también entre grupos, etnias o bandas criminales.
Durante la segunda mitad del siglo XX, casi cualquier guerra civil o conflicto entre Estados era rápidamente instrumentalizado por las superpotencias para sus fines geoestratégicos. Este mecanismo de contención dejó de existir en 1991, liberando demonios regionales, religiosos, nacionales, étnicos y criminales que habían sido inhibidos durante décadas.
Violencias sin fronteras claras
La época actual se caracteriza por la multiplicación de conflictos que precisan su propia explicación y antídoto. La violencia incontrolada en Michoacán, los territorios ingobernables de Culiacán o el desplante del Cártel Jalisco Nueva Generación en ese estado y en dos decenas más, deben entenderse como expresiones de una moderna guerra civil, según la conceptualización de Hans Magnus Enzensberger en su obra "Perspectivas de guerra civil" (1993).
Kaldor profundiza esta idea: "El tiempo que corre en el siglo XXI nos ha mostrado que los límites entre crimen organizado, guerra y violaciones a los derechos humanos han sido borrados... las nuevas guerras van a ser una extraña mezcla de esas tres desgracias" (2010).
Características de las nuevas guerras
El método de estas nuevas guerras se basa en:
- Intimidación sistemática de la población civil
- Amedrentamiento y provocación de éxodos masivos
- Expulsión forzada de comunidades
Esto explica la saña contra la población civil característica de los últimos años. A principios del siglo XX morían 8 militares por cada civil, mientras que hoy la relación se ha invertido dramáticamente: 8 civiles por cada militar muerto.
Protagonistas y estrategias
Los protagonistas de estas nuevas guerras no son ejércitos regulares, sino:
- Unidades y comandos pequeños y descentralizados
- Grupos paramilitares sin un mando único centralizado
- Organizaciones que utilizan tecnología sofisticada: drones, armamento ligero, minas indetectables, conexiones informáticas y teléfonos celulares
Su objetivo no es derrotar ejércitos convencionales, sino atentar contra la estabilidad de gobiernos, comunidades y sociedades locales. La experiencia de este siglo ni siquiera deja claro si se trata de guerras convencionales, guerras civiles, genocidios o masivas violaciones a los derechos humanos.
La guerra civil molecular
La "guerra civil molecular" de Enzensberger reimplanta socialmente la necesidad de herir, destruir o lastimar, sin rastro del envoltorio ideológico que caracterizaba los conflictos del siglo pasado. Vivimos una guerra sorda de organizaciones criminales contra las sociedades, los gobiernos o contra bandas rivales, merodeadoras sin proyecto ni ideal, cuya estrategia se reduce a las ganancias económicas, el odio, el terror, el asesinato y el saqueo.
Este tipo de guerra civil, financiada por las pingües ganancias del narcotráfico y su red transnacional, hace rato que está entre nosotros. Más nos vale reconocerla y llamarla por su nombre, porque la diferencia entre guerra y paz, entre estado de guerra y estado de paz, se ha difuminado no solo en términos jurídicos, sino en la cruda realidad cotidiana de millones de mexicanos.



