Caos en Guadalajara: Narcobloqueos y terror durante maratón mientras confirman abatimiento de El Mencho
Narcobloqueos paralizan Guadalajara durante maratón; confirman abatimiento de El Mencho

Un Domingo de Terror en la Perla Tapatía

Las calles de Guadalajara amanecieron soleadas y aparentemente tranquilas aquel domingo a las 10:00 am. Mientras los primeros corredores del Medio Maratón de Guadalajara comenzaban su recorrido, múltiples vías alrededor de la Expo Guadalajara y hasta la Minerva permanecían cerradas con lazos amarillos. Los elementos de tránsito redirigían el flujo vehicular hacia otras rutas, creando una escena que inicialmente parecía parte del evento deportivo.

La Calma que Precedió a la Tormenta

Los participantes del maratón avanzaban concentrados en su objetivo, completamente ajenos a lo que se avecinaba. En los restaurantes cercanos, las familias disfrutaban de sus desayunos dominicales. "Estamos por Chapalita, acá no hay nada", comentaban algunos comensales, confiados en su burbuja de normalidad.

Sin embargo, los primeros indicios de que algo andaba mal comenzaron a llegar a través de los celulares. Las pantallas se iluminaban con notificaciones urgentes: "Están incendiando carros en la ciudad". Los grupos de WhatsApp explotaban con mensajes alarmantes, fotos reenviadas y videos que mostraban columnas de humo elevándose en distintos puntos de la ciudad.

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El Restaurante como Refugio Incierto

En "El Molletero", un restaurante popular, la situación parecía controlada inicialmente. La fila de espera era larga y el lugar estaba lleno. "Aquí a nadie parece importarle", mencionó uno de los comensales. El problema inmediato era la falta de luz eléctrica, que impedía preparar algunas bebidas y sumía los baños en oscuridad.

Afuera, las patrullas recorrían las calles con sus sirenas a todo volumen, rompiendo la aparente normalidad. Dentro del establecimiento, los comentarios comenzaron a cambiar de tono. Personas mayores revisaban sus celulares de vez en cuando y soltaban frases como "Qué barbaridad, ¿eh?".

La tensión escaló cuando una mujer joven y su prometido llegaron al restaurante. Al encontrarse casualmente con una adulta mayor, esta les preguntó directamente: "¿Viste lo de las balaceras? ¿No les tocó?". La respuesta fue escalofriante: "Venimos del centro, nos tocó ver un carro incendiado, pero ya nos vinimos para acá".

La Confirmación que Cambió Todo

Los murmullos entre los comensales se intensificaron mientras los celulares no dejaban de vibrar. Mensajes de "Cuídense mucho" y "¿Saben qué pasó?" se acumulaban en las pantallas. El rumor que circulaba con más fuerza finalmente se confirmó a través de múltiples medios: habían abatido a El Mencho, el líder del Cártel Jalisco Nueva Generación.

En ese momento, el mundo exterior desapareció y todo se concentró en las pantallas de los teléfonos. Las conversaciones se volvieron urgentes, con pedidos constantes de ubicaciones y advertencias de no salir. La paradoja era evidente: mientras algunos estaban atrapados fuera de sus hogares, preocupados por la falta de luz en los baños del restaurante, otros enviaban mensajes desesperados pidiendo confirmación de que sus seres queridos estaban a salvo.

El Pánico se Apodera de la Ciudad

Las cadenas de WhatsApp se volvieron cada vez más alarmantes. Circuló el rumor de que a partir de las 12:00 pm comenzarían a atacar civiles. El pánico se apoderó del restaurante. Los comensales comenzaron a levantarse abruptamente, pidiendo sus cuentas con desesperación.

Los comentarios se volvieron más específicos y aterradores: "En Polanco ya mataron gente", "Tienen tomado el aeropuerto", "A mi ex cuñada la bajaron del carro... o eso me dijeron". Las redes sociales estallaron con información, incluyendo el comunicado oficial del Gobernador Pablo Lemus declarando a Jalisco en código rojo y ordenando a la población permanecer en sus hogares.

Los videos que circulaban mostraban escenas dantescas: familias siendo despojadas de sus vehículos por hombres armados. En el restaurante, la host se acercó a la entrada y comenzó a quitar los tapetes. Los meseros cerraron las puertas. Cuando un comensal preguntó si cerraban por la falta de luz o "por lo otro", la respuesta fue contundente: "Por lo otro".

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La Desbandada Final

El personal del restaurante comenzó a hablar por teléfono con sus familiares, confirmando los peores temores. "No manches, wey, que a la vuelta de la casa incendiaron otro carro", se escuchó decir a uno de los cocineros.

Los comensales formaron una fila ansiosa frente a la caja, donde las cuentas debían hacerse manualmente debido a la falta de electricidad. Todos querían irse inmediatamente. Algunos que todavía estaban desayunando optaron por pedir sus platillos para llevar al ver el miedo colectivo.

Al salir a la calle, el terror se multiplicó. Cada camioneta que se situaba junto a un vehículo en el tráfico podía ser una banda de sicarios lista para despojar a sus ocupantes. La mayoría de los conductores ignoraban los semáforos, avanzando con precaución pero visiblemente alterados.

La Ciudad se Paraliza

Las patrullas recorrían la ciudad con las sirenas encendidas, aumentando el estado de alerta general. Los celulares no dejaban de vibrar con exigencias de ubicaciones, llamadas y mensajes para confirmar que todos estaban llegando a casa seguros.

El paisaje urbano cambió radicalmente en cuestión de horas: farmacias, Oxxos y restaurantes cerraron sus puertas. La gente hacía compras de emergencia en las tiendas de la esquina, llevando sopas instantáneas y comentando entre susurros lo que estaba ocurriendo.

En las conversaciones, inevitablemente surgió el nombre de Felipe Calderón. "Es lo mismo", señalaban algunos. "No había narcobloqueos desde ese momento", comentaban otros mientras procuraban irse cuanto antes.

Las casas, que deberían ser refugios seguros, se convirtieron en guaridas que no terminaban de sentirse completamente protegidas. El retorno al hogar planteaba una incógnita aterradora: ¿cuándo sería seguro volver a salir?

Lo que había comenzado como un domingo normal con evento deportivo terminó como una jornada de terror que dejó a Guadalajara paralizada, demostrando una vez más la frágil línea entre la normalidad y el caos en una ciudad sitiada por la violencia del narcotráfico.