Donald Trump señaló que los cárteles del narcotráfico gobiernan México. Las actitudes confrontadas entre México y Estados Unidos, sobre todo en los días recientes con motivo de las narco-acusaciones hacia el gobierno, nos recuerdan viejos episodios de terquedad en la vida mexicana. Uno de ellos lo narra Julio Torri: “Por el angosto callejón de la Condesa, dos carrozas se han encontrado. Ninguna retrocede para que pase la otra. —¡Paso al noble señor don Juan de Padilla y Guzmán, Marqués de Santa Fe de Guardiola, ¡Oidor de la Real Audiencia de México! —¡Paso a don Agustín de Echevez y Subiza, Marqués de la Villa de San Miguel de Aguayo, cuyos antepasados guerrearon por su Majestad Cesárea en Hungría, Transilvania y Perpiñán! —¡Por bisabuelo me lo hube a don Manuel Ponce de León, el que sacó de la leonera el guante de doña Ana! —¡Mi tatarabuelo Garcilaso de la Vega rescató el Ave María del moro que la llevaba atada a la cola de su bridón! Tres días con sus noches se suceden y aún están allí los linajudos magnates, sin que ninguno ceda el paso al otro. Al cabo de estos tres días —y para que no sufriera mancilla ninguno de ambos linajes— mandó el Virrey que retrocedieran las carrozas al mismo tiempo, y la una volvióse hacia San Andrés, y la otra fuese por la calle del Puente de San Francisco”.
Tensión diplomática
Mientras el señor Donald Trump insiste en la indulgencia y quizá complicidad gubernamental mexicana hacia los narcotraficantes; por su molicie y falta de resultados (falso) tal él los pide y requiere y apremia para el arresto y extradición del Club Sinaloa (por no llamarlo cartel terrorista) a través del poder judicial de su país el cual exige la entrega de 10 mexicanos a su jurisdicción, donde los quieren exprimir hasta extraer el jugo de las complicidades, la señora presidenta (con A) de México, hace ostentación y alarde una y otra vez de los grandes logros nacionales en cuanto al combate sin abrazos contra el crimen organizado en todas sus modalidades y una y otra vez cuenta y recuenta y también, otra y otra vez —cuando se habla del tema— les exige a los Estados Unidos pruebas frente a una circunstancia de carretas inmóviles como en el anterior relato, pero aquí sin autoridad virreinal para desatascar el paso y satisfacer el orgullo de los engreídos.
Operaciones encubiertas
Las amenazas de Trump y EU son tantas como para comenzar a dudar de ellas. Pero aun cuando no las cumpla territorialmente, ya las ha cumplido desde antes. La operación accidentalmente descubierta en Chihuahua con el narco laboratorio vacío descubierto por la CIA, por no hablar del caso Zambada, no es la única operación en México de esa agencia. Trabaja aquí todos los días a ciencia y paciencia del Supremo Gobierno. Se ha violado la soberanía, dicen. Y es verdad. También se viola cuando se hacen concesiones sobre ella. Cuando se les autoriza a sobrevolar el país con sus drones o navegar en nuestras aguas o entrenar para sus fines (no para beneficio nacional) a nuestros soldados y marinos o se tolera la presencia de sus espías y agentes, se viola la soberanía. Pero nomás poquito, diría alguien.
Soberanía en entredicho
A veces el sistema mexicano (el de ahora y el de antes), se comporta como la abuela desalmada de la pobre Eréndira cuyo negocio era la renta interminable del cuerpo de su nieta. Como ella lo permitía (y lo cobraba), nunca nadie violó a la niña vuelta suripanta forzada, a pesar de haberle desfilado por encima todos los viajeros del desierto del polvoriento deseo. México sufrió daños soberanos cuando se sometió (tiempo ha), a las vergonzosas certificaciones a cambio de trato favorecido; también sucedió cuando Andrés López movilizó por primera vez al Ejército para agradar la clausura migratoria de Trump y cuando lo llenó de zalemas en Washington arrellanado en el sillón del olvido por los agravios e insultos recibidos; y lo padece ahora cuando los aeropuertos requieren clasificación favorable de las autoridades aeronáuticas de EU o cuando ponen y quitan grados a nuestro comportamiento con el pretexto de un trato preferente a la patria. Ya ni hablemos de las presiones tan caprichosas como eficaces en el comportamiento arancelario. Pero eso se soporta y se disfraza de “cooperación”. Limpieza de conciencia.
El Mundial como escenario
En esas condiciones nos vamos acercando a una coyuntura cuya naturaleza debería estar muy distante de las escaramuzas de la política. Pero no: el campeonato mundial de fútbol de la FIFA; cuya mayor actividad se va a desarrollar al norte de México (una especie de NAFTA en calzoncillos del cual México se lleva el raquítico 10 por ciento). La inauguración aquí, le puede ofrecer a Trump una oportunidad única para someter, al menos en la imagen, a la presidenta (con A) de México quien ha prometido no asistir al juego. No le vayan a silbar. Si al señor le place, ¿cómo se impediría su presencia en el juego de apertura en el estadio Ciudad de México (Banorte-Azteca)? Y peor aún, ¿cómo explicaríamos la subordinación de los cuerpos de seguridad a los dictados del Servicio Secreto y la propia FIFA adueñada del estadio, mientras los marines se pavonearían en el exterior y cubren la ruta de llegada dejando como franeleros a los cuicos de la policía local? Nadie sabe si eso va a ocurrir. Hasta ahora no parece posible, pero en el comportamiento presidencial estadunidense muchas cosas inesperadas han ocurrido.
Fútbol y desorganización
Y si ya hemos caído en el tema del futbol (no dije tema deportivo, conste) acabamos de ver un paso más hacia el abismo. El sainete de los clubes y la Selección Nacional nada más exhibe algo muy simple: la organización está desorganizada y eso es culpa, principalmente, de Javier Aguirre, el embaucador (no entrenador) mexicano y su arrogancia disfrazada de disciplina. ¿Disciplina para qué? Para (como es habitual) hacer el ridículo en el torneo, para fracasar. Como es tradición ratonera. La presencia de Aguirre, cuyo recurso ha sido ofrecer “un proceso” nos ha demostrado en días recientes con el desacuerdo entre los clubes y la representación nacional. A pesar de esto, pronto, los vamos a ver muy serios en el Palacio Nacional con ditirambos sin fruto, cuando la presidenta (con A) los conmine a darlo todo por el pueblo vestido de verde, cuando ya se ha demostrado algo: como Aguirre no puede ni formar un equipo en condiciones armónicas, ya le metió ruido al vestidor mucho antes de la primera patada. Ya no hablemos de jugar como Dios manda, si el creador se ocupara de ordenar en el rectángulo de pasto. Con esto dio el primer paso hacia el desfiladero. Aguirre no sólo está negado para llevar a los deportistas a un buen lugar (lo ha probado ya dos veces). Está incapacitado hasta para seleccionar a los mejores sin perturbaciones con los equipos, la liga y la FMF de por medio. Por eso estas frases son absolutamente inadmisibles: “...Quisiera agradecer a los clubes, a los dueños que nos apoyaron, es un pacto, un proyecto que no se ha roto...” “De momento estamos en lo que firmamos y no es la primera vez que se juega sin seleccionados una liguilla. Realmente creo que estamos preparando algo importante, hemos tenido partidos (ni mencionarlos, pues) y el apoyo total de la liga y de los clubes. Me ilusiona estar aquí, eso no nos la puede quitar nadie, el estar preparándonos para el gran evento y hacer un gran Mundial no tiene precio”. Pues para no tener precio, el suyo, como vendedor de espejitos y diamantes de vidrio, es demasiado alto, si se le opone con los resultados por venir. Después de eso “El vasco” prometió guardar la húmeda. Ni una palabra más porque en boca cerrada no entran moscas. Ni ratones.



