El traumático secuestro de Ernestina Sodi y Laura Zapata: ¿Thalía se negó a pagar el rescate?
El fallecimiento de la escritora e historiadora Ernestina Sodi a los 64 años, ocurrido el 8 de noviembre de 2024, ha reavivado la memoria de uno de los episodios más dolorosos de su vida: el secuestro que sufrió junto a su hermana, la actriz Laura Zapata, en el año 2002. Este evento traumático, que duró 34 días, no solo dejó profundas secuelas emocionales, sino que también generó rumores y controversias familiares, especialmente en torno al papel de su hermana menor, la cantante Thalía, y su entonces esposo, el empresario Tommy Mottola.
Los hechos del secuestro en septiembre de 2002
En septiembre de 2002, Ernestina Sodi y Laura Zapata salían del Teatro San Rafael, ubicado en la alcaldía Cuauhtémoc de la Ciudad de México, cuando fueron interceptadas por sujetos armados. Inicialmente, Laura Zapata pensó que se trataba de un simple robo, pero pronto comprendió la gravedad de la situación cuando los captores mencionaron sus nombres. Ambas fueron forzadas a subir a un vehículo, donde a Laura la metieron en la cajuela, mientras Ernestina vivía momentos de angustia, imaginando desde un robo hasta un posible asesinato.
Al llegar a una casa de seguridad, fueron interrogadas por el líder de la banda, a quien Ernestina describiría posteriormente como "El Diablo". Fue entonces cuando les confirmaron que estaban siendo víctimas de un secuestro. La primera llamada de rescate la recibió en su hogar Claudio, hijo de Laura Zapata, a quien los secuestradores le ordenaron contactar a Thalía y a Tommy Mottola para iniciar las negociaciones, advirtiéndole que no era un juego.
Las negociaciones y el papel de Thalía y Tommy Mottola
Thalía, al recibir la llamada, inicialmente pensó que se trataba de una broma, pero pronto se percató de la seriedad del asunto. Cuando la familia de Laura Zapata contactó a Tommy Mottola, el empresario activó de inmediato al FBI, lo que desencadenó un protocolo de seguridad que incluyó la intervención de las comunicaciones y el congelamiento de cuentas bancarias. Este procedimiento, según versiones, complicó las negociaciones.
Los secuestradores exigían más de 5 millones de dólares y enviaron fotografías de las hermanas con armas apuntándoles. A las tres semanas, las negociaciones se estancaron, y fue entonces cuando decidieron liberar a Laura Zapata, supuestamente tras un acuerdo entre ella y Ernestina, para que pudiera participar más activamente en las gestiones de rescate.
Según la versión de Juan Sodi de la Tijera, exesposo de Laura Zapata, circuló el rumor de que Thalía no quería utilizar el dinero de Tommy Mottola para pagar el rescate, ofreciendo en su lugar su propio patrimonio. Esto generó especulaciones sobre una posible negativa de la cantante a apoyar a sus hermanas. Sin embargo, Ernestina Sodi siempre mantuvo una postura contraria a estos rumores, agradeciendo públicamente a Thalía y a Mottola por su intervención, afirmando que fue gracias a ellos que logró su liberación el 26 de octubre de 2002, después de 34 días de cautiverio.
Las secuelas y controversias posteriores
El secuestro dejó una profunda herida en la relación entre las hermanas. En su libro "Líbranos del Mal", Ernestina Sodi sugirió que Laura Zapata pudo haber orquestado el secuestro, ya que fue liberada antes que ella. Por otro lado, Laura Zapata estrenó una obra de teatro basada en el evento, lo que generó molestia en la familia. Thalía, a través de un abogado, pidió que se retiraran su nombre y el de su esposo de la obra, pero la actriz hizo caso omiso. Ernestina tampoco estuvo de acuerdo con la puesta en escena, creando un distanciamiento que persistió hasta el fallecimiento de la escritora.
La banda de secuestradores fue identificada y presentada por la Procuraduría de Justicia del Estado de México en 2003, cerrando el capítulo legal del caso. No obstante, las emociones y recuerdos de aquel traumático episodio continuaron resonando en la vida de las hermanas, marcando un antes y un después en sus relaciones familiares.



