El Museo Egipcio de Turín, ubicado en el norte de Italia, es mucho más que un depósito de momias y sarcófagos. Con una colección superior a los 40 mil objetos, de los cuales 13 mil se exhiben en 18 salas distribuidas a lo largo de dos kilómetros y medio, este recinto apuesta por la investigación para mostrar cómo vivían los antiguos egipcios, no solo cómo morían.
Un museo con historia y vocación científica
Inaugurado en 1824, el museo ocupa el palacio de la Academia de Ciencias de Turín, un edificio barroco diseñado por el arquitecto Guarino Guarini en 1678. Es el segundo museo egipcio más importante del mundo, después del de El Cairo, y su acervo inicial de 5 mil piezas ha crecido hasta los 40 mil objetos actuales.
La investigación científica es el eje central de sus actividades. Según Enrico Ferraris, curador del museo desde 2013, el objetivo es “llevar la investigación a las salas”. Un equipo de 15 egiptólogos, junto con físicos, químicos, geólogos, restauradores y filósofos, prepara exposiciones y se ocupa de la conservación.
Excavaciones que desentierran la vida cotidiana
El museo realiza excavaciones arqueológicas desde 1906. Actualmente excava en tres yacimientos: Deir el-Medina (desde 2016), un poblado de artesanos que trabajaban en las tumbas reales del Valle de los Reyes; Coptos, a orillas del Nilo; y uno en Sudán. Ferraris explica que estas investigaciones han permitido recuperar objetos de la vida diaria: camas, baúles, textiles, vestidos, túnicas y utensilios de cocina.
“La mayor parte de los materiales del antiguo Egipto proceden del ámbito funerario”, señala el curador. “Pero si nos basamos exclusivamente en ese material, corremos el riesgo de describir una civilización de forma muy parcial”.
Impacto cultural y económico
El Museo Egipcio de Turín recibe 1 millón 300 mil visitantes al año y cuenta con un presupuesto anual de 13 millones de euros. Su impacto económico en la región del Piamonte alcanza los 400 millones de euros. En 2024, con motivo del bicentenario, se actualizaron varias salas para explicar el futuro de la investigación egiptológica.
Actualmente, el patio central está cerrado por obras: se construye una sala inmersiva, una sala de conferencias y un jardín egipcio en el sótano. El proyecto incluye una cubierta de acero y cristal al estilo del Museo Británico, así como una cafetería y un taller. Ferraris destaca que “el público podrá entrar a esta área sin pagar”.
Nuevas secciones y digitalización
El museo organiza sus colecciones en tres zonas temáticas dedicadas a maderas y pigmentos, cerámica y piedra. A finales de este año se añadirán dos más: una de metales y otra de fayenza, una cerámica típica egipcia. “En 2015 decidimos poner en marcha una línea de investigación sobre los materiales, involucrando a la comunidad científica internacional. Diez años después, eso ha dado lugar a este espacio permanente de mil metros cuadrados”, explica Ferraris.
Además, el museo está digitalizando su acervo. Ya hay 12 mil objetos disponibles en línea. “La egiptología ha evolucionado; ahora usamos la ciencia como herramienta para estudiar los objetos, transformando cómo vemos la colección”, concluye el curador.



