Hace 30 años, Mortal Kombat llegó a los arcades y revolucionó la industria de los videojuegos con su violencia gráfica. Los famosos 'Fatalities' —movimientos finales que permitían al ganador ejecutar a su oponente de formas brutales— provocaron una controversia que llegó al Senado de Estados Unidos. El senador Joseph Lieberman describió en una subcomisión cómo el juego instruía a 'arrancar la cabeza del oponente con la espina dorsal pegada', lo que encendió el debate sobre la violencia en los videojuegos.
En esa época, títulos como Doom y Night Trap también estaban bajo escrutinio. La digitalización de los personajes de Mortal Kombat los acercaba peligrosamente a la realidad, y las imágenes de violencia extrema eran consideradas inapropiadas para los niños. La tienda Toys R Us retiró el juego de sus estanterías, argumentando que no era un regalo adecuado para padres.
Esta controversia llevó a la creación del sistema de clasificación por edades en Estados Unidos (similar al PEGI europeo), un mecanismo voluntario de la industria para informar a los padres sobre la edad recomendada para cada juego. Irónicamente, esta etiqueta se convirtió en un reclamo para los adolescentes, similar a lo que ocurrió con la música rock y la etiqueta 'Parental Advisory'.
La rivalidad entre Sega y Nintendo también influyó: mientras que la versión de Sega Megadrive conservaba el gore original, la de Super Nintendo fue censurada. Esto resultó en mayores ventas para la consola de Sega, demostrando que la violencia podía ser un atractivo comercial.
Hoy, Mortal Kombat sigue siendo una franquicia exitosa. Mortal Kombat 11, lanzado en 2019, mantiene a los fans expectantes ante un nuevo título previsto para 2023. La controversia de los años 90, lejos de dañar a la industria, ayudó a popularizar los videojuegos y allanó el camino para futuras innovaciones.



