La escritora y periodista Elena Poniatowska, de origen francés pero mexicana por convicción, se prepara para cumplir 94 años el próximo martes. En una entrevista exclusiva, compartió sus reflexiones sobre la vida, la escritura y el paso del tiempo.
Una vida de preguntas y asombro
“Lo que hago me parece nuevo. Cada mañana lo siento. No es cierto que los años te den experiencia. A mí todo me sorprende. Es una manera de mantenerme viva. No debemos dejar de observar, de escuchar”, afirmó la autora de obras como Lilus Kikus y El amante polaco.
En la antesala de su cumpleaños, Poniatowska se deja llevar por los recuerdos, pero también admite que sigue teniendo preguntas y preocupaciones, sobre todo por el futuro de los niños en un mundo marcado por la violencia.
“Toda mi vida ha sido una interrogación. Pero me siento tranquila. Ya pasaron los años de los hijos, de la crianza, de la escuela, del ‘ya duérmanse’. También de las prisas por trabajar, por entregar las notas. Ahora me siento una privilegiada por vivir aquí, entre plantas, flores y el silencio”, expresó.
El oficio de escribir
La Premio Cervantes 2013 confesó que disfruta seguir escribiendo, tanto ficción como periodismo, en su estudio ubicado en el segundo piso de su casa en Chimalistac, rodeada de objetos, pinturas y muñecas que le han obsequiado amigos y lectores.
“Las mujeres nos hacemos más preguntas que los hombres. Mi esposo, Guillermo Haro, como era astrónomo, se preguntaba por las estrellas, por qué estamos aquí, de dónde venimos, por qué somos como somos, por el origen de la vida. Yo pienso en lo mismo; pero, además, cuestiono cosas que tienen que ver con la desigualdad, con los abismos que hay entre una clase social y otra, por la falta de oportunidades, por la educación de los jóvenes”, señaló.
La autora admitió que se pregunta poco sobre sí misma. “Nunca piensas en cómo amaneces, si estás despeinada o no, si vas a comer o no. Como periodista, las preguntas siempre son para los otros”.
Novelista, cuentista, cronista y ensayista, Poniatowska dijo que no necesita un ambiente especial para escribir. “No importa si hay ruido, si hay música o no, si estoy sentada o de pie. Me acostumbré a concentrarme como sea”, comentó entre risas.
Recuerdos de familia
Junto a su gata Váis, heredada de su amigo Carlos Monsiváis, Poniatowska evocó a dos mujeres que marcaron su vida: su madre Paulette Amor Yturbe y su hermana Kitzia.
“Mi mamá manejó una ambulancia durante la Segunda Guerra, cuando vivíamos en Francia, cosa que me llena de orgullo. Tenía un uniforme militar con condecoraciones. No sé cómo lograba manejar sin luces en la noche, para que los aviones alemanes no la vieran. Recogía en los bombarderos a mucha gente”, recordó.
“Era una mamá guapísima, un cuero formidable. Era dulce y risueña; lo que uno más agradece siempre es la risa y la posibilidad de la felicidad. No era regañona, bailaba, cantaba y saltaba; era una gran amazona, montaba muy bien a caballo”, agregó.
Sobre su hermana Kitzia, la también poeta mencionó que eran muy cercanas. “Ella era bailarina, actriz. Se casó muy joven, a los 18 años. Juntas íbamos a la escuela, nos bañábamos. Juntas el regaderazo, la risa. Nos llevaban gallo los noviecitos. En la noche o a las cinco de la mañana. Te cantaban ‘qué bonitos ojos tienes’. Tenías que asomarte a la ventana con un pañuelo blanco para que supieran que ya habías oído que el gallo era para ti”.
Sin miedo a la muerte
Triste por la reciente muerte de su amiga Celia Chávez de García Terrés, Elena agradeció a la vida por el amor de sus tres hijos, Emmanuel, Felipe y Paula, y sus diez nietos, por su salud y su fortaleza para seguir viviendo. “No le tengo miedo a la muerte. Le tengo más miedo a tus preguntas”, bromeó.
Adelantó que quisiera escribir un libro en el que detalle sus vivencias. “No una memoria o biografía, sino algo más divertido, nada formal”. Sobre su cumpleaños, aclaró que “no haré absolutamente nada. Ya son demasiados años. Ya estoy muy viejita. Ya no quiero ni que me tomen fotos. Quiero estar tranquila y feliz”. Sin embargo, posó con gusto ante la cámara de Excélsior, periódico donde empezó su carrera a los 19 años.



