Krauze celebra 50 años de 'Caudillos culturales', obra clave sobre intelectuales revolucionarios
Krauze celebra 50 años de 'Caudillos culturales' en la Revolución

Krauze conmemora medio siglo de su obra seminal sobre los constructores de la Revolución

En un evento cargado de significado histórico y reflexión intelectual, Enrique Krauze presentó ayer en El Colegio Nacional la reedición de su ensayo "Caudillos culturales en la Revolución Mexicana", que cumple 50 años de su publicación original. La obra, que ahora conforma el primer tomo de sus obras completas, fue analizada por una distinguida mesa integrada por el crítico literario Christopher Domínguez Michael y los escritores Jesús Silva-Herzog Márquez y Enrique Serna.

Los orígenes: una búsqueda tras la decepción del 68

Krauze reveló que el germen de esta investigación surgió de su desencanto con el papel de los intelectuales durante y después del movimiento estudiantil de 1968. "Habiendo participado en el 68, me pareció muy desconcertante y decepcionante el papel de los intelectuales en el 68 y, sobre todo, después del 68 porque la mayoría se fue con Echeverría", recordó el historiador, destacando las excepciones de su maestro Daniel Cosío Villegas y de Octavio Paz.

Su objetivo inicial era estudiar a los intelectuales dentro del proceso revolucionario, una tarea que lo llevó a descubrir archivos invaluable. Con emoción, Krauze narró cómo, tras la muerte de Manuel Gómez Morín en abril de 1972, la viuda del fundador del PAN, Lidia Torres Fuentes, le permitió acceder inmediatamente a su archivo personal. "Descubrí un tesoro que, por fortuna, ahora se conserva maravillosamente", afirmó sobre este material que actualmente se preserva en el ITAM gracias a su nieta Alejandra.

Héroes discretos: los constructores de instituciones

Durante su intervención, Enrique Serna destacó que en esta obra temprana ya se manifiestan cualidades persistentes en toda la producción de Krauze. "El interés por los personajes de la historia que no figuran en el altar de la patria porque no fueron héroes de la espada, sino héroes discretos que se dedicaron a educar, a fundar las instituciones que educaron a millones de mexicanos", explicó.

Serna subrayó el cultivo de la biografía breve como característica distintiva, con las excepciones de los perfiles más extensos de Gómez Morín y Vicente Lombardo Toledano, los dos protagonistas centrales del ensayo. El escritor también mencionó que este trabajo antecedió a la biografía intelectual de Daniel Cosío Villegas, otro proyecto fundamental en la trayectoria de Krauze.

Lombardo Toledano: un espíritu religioso práctico

Krauze compartió una reveladora observación sobre Lombardo Toledano, citando una frase de Gómez Morín: "Lombardo Toledano era un espíritu religioso". El historiador enfatizó que no se trataba de una figura mesiánica, sino de un hombre que cultivaba una religiosidad práctica. Como evidencia, describió la biblioteca en la casa estilo Tudor de Lombardo, dedicada a los Padres de la Iglesia: San Agustín, San Ambrosio, San Anselmo y Santo Tomás.

"Lombardo se guió por un principio cristiano, por eso yo le guardo cariño a esa figura", confesó Krauze, quien expresó un afecto especial tanto por Lombardo como por Morín. Los imaginó como personajes de un cuadro de René Magritte, posiblemente "L'Art de la Conversation", "discutiendo en algún lugar".

Un texto académico con vocación narrativa

Jesús Silva-Herzog Márquez caracterizó "Caudillos culturales en la Revolución Mexicana" como quizá el trabajo más académico de Krauze, al tratarse de su tesis doctoral presentada en El Colegio de México. Sin embargo, destacó que incluso en este texto riguroso se manifiesta el talento narrativo y la vocación de estilo del autor.

"Lo que tenemos frente a nosotros en este libro es un extraordinario lienzo que hila la confesión y el desplante, lo íntimo y lo público, lo luminoso y lo oscuro", afirmó Silva-Herzog, quien identificó a Plutarco como guía espiritual de estas vidas paralelas, recordando la máxima del historiador griego: "Escribo vidas, no historias".

Constructores versus destructores

Christopher Domínguez Michael retomó una idea de José Luis Martínez para contextualizar la obra: "La cultura no puede ser un grupo de solitarios, desinteresados de la vida pública, encerrados en la proverbial Torre de Marfil, sino una actividad honorable, desde luego constructiva". El crítico literario ubicó a Krauze entre los hombres que construyen, en contraste con aquellos que destruyen.

Silva-Herzog amplió esta reflexión, señalando que el ensayo sirve para entender tanto el pasado constructivo como el presente de destrucciones. "En estas vidas encontramos la semilla, seguramente, de la tecnocracia y del populismo y reconocemos ante todo la urgencia de hacer algo por México, apreciar y reemprender la vocación creativa de México".

México: una construcción milenaria

Krauze concluyó la presentación con una pregunta retórica cargada de emoción: "¿Cómo no emocionarse frente a todo lo que los constructores han hecho?". Su mirada se extendió más allá de la generación revolucionaria, abarcando a liberales y conservadores de épocas anteriores, todos aquellos que han contribuido a edificar la nación.

Con un guiño final a Gómez Morín, el historiador expresó su convicción de que México es una construcción milenaria, imaginando a aquellos "que están caminando allá arriba", moviendo el rostro pero finalmente reconociendo la continuidad de este proyecto civilizatorio. La reedición de esta obra seminal no solo celebra cinco décadas de su publicación, sino que reafirma su vigencia para comprender las tensiones entre intelectualidad y poder en la México contemporáneo.