Reflexión Evangélica: Quitar la Piedra para Renovar la Vida con Cristo Hoy
En el Evangelio de hoy, Juan 11, 3-7. 17. 20-27. 33b-45, se presenta la poderosa narración de la resurrección de Lázaro, un relato que trasciende el tiempo para ofrecer una enseñanza profunda sobre la fe y la acción divina en el presente. La frase central, "Quitar la piedra", se convierte en un llamado a la renovación espiritual inmediata, más allá de las esperanzas futuras.
El Contexto Bíblico: Un Milagro que Desafía la Muerte
La historia comienza cuando Marta y María envían un mensaje a Jesús informándole que Lázaro, su amigo querido, está enfermo. Jesús responde con palabras que resuenan en la tradición cristiana: "Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella". A pesar de su amor por la familia, Jesús se detiene dos días antes de dirigirse a Judea, donde Lázaro ya lleva cuatro días en el sepulcro.
Al llegar, Marta expresa su fe mezclada con dolor: "Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano". Jesús le asegura: "Tu hermano resucitará", y en un diálogo crucial, declara: "Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá". Marta confirma su creencia en Él como el Mesías.
Jesús, conmovido, llega al sepulcro, una cueva sellada con una losa. Ordena: "Quiten la losa". Marta objeta, señalando el mal olor por la descomposición, pero Jesús insiste: "¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?". Tras una oración al Padre, grita: "¡Lázaro, sal de allí!", y Lázaro resurge, liberado de sus vendas. Este milagro lleva a muchos a creer en Jesús.
Interpretación: Más Allá del Mal Olor, una Invitación a la Acción
El signo que Marta da a Jesús, el mal olor, simboliza aquellas áreas de nuestra vida que parecen irremediablemente corruptas o descompuestas. Como Marta, muchas personas tienen fe, creen en la resurrección futura, pero dudan de la capacidad de Dios para actuar en el presente ante situaciones que "ya huelen mal". Esto incluye no solo grandes males sociales, como la corrupción política o las injusticias, sino también las disfunciones cotidianas: relaciones rotas, adicciones normalizadas, pequeñas transgresiones y violencias que se acumulan.
Jesús no se conforma con dejar la renovación para el último día; Él quiere quitar la piedra hoy, aquí y ahora. La esperanza cristiana no es un asunto exclusivo del "más allá", sino una realidad que comienza en el momento presente, en la situación concreta de cada persona. Quitar la piedra requiere valor, no solo actos de voluntad o intentos humanos de arreglar las cosas, sino una apertura a dejar entrar a Dios, incluso en medio de la inseguridad y el desorden.
La vida espiritual florece precisamente en esos lugares donde el mal olor parece dominar, porque es ahí donde Jesús puede hacer resurgir la vida. Esta reflexión, basada en el análisis de Rubén Corona, SJ del ITESO, invita a los creyentes a confiar en que, donde hay fe, la gloria de Dios se manifiesta, renovando y transformando lo que parecía perdido.
Lecturas Complementarias y su Relevancia
En la Primera Lectura, Ezequiel 37, 12-14, Dios promete abrir los sepulcros y infundir su espíritu para dar vida, reforzando el tema de la resurrección y la acción divina restauradora. La Segunda Lectura, Romanos 8, 8-11, subraya que vivir conforme al Espíritu de Cristo trae vida verdadera, incluso en cuerpos mortales, enfatizando la presencia activa de Dios en el aquí y ahora.
Estos pasajes bíblicos, junto con el Evangelio, forman un mensaje coherente: la fe en Cristo no es pasiva ni meramente futura, sino una fuerza dinámica que invita a remover obstáculos—las piedras de nuestras tumbas personales y colectivas—para experimentar la plenitud de la vida que Él ofrece. En un mundo lleno de desafíos, esta enseñanza resuena como un llamado a la esperanza activa y la transformación espiritual continua.



