El costoso legado del Mundial Rusia 2018: estadios con futuro incierto y mantenimiento millonario
Costoso legado del Mundial Rusia 2018: estadios con futuro incierto

El costoso legado del Mundial Rusia 2018: estadios con futuro incierto y mantenimiento millonario

Las inmensas estructuras metálicas que se instalaron como tribunas temporales en cada extremo de la Arena Ekaterimburgo fueron construidas con un propósito claro: demostrar que Rusia hablaba en serio sobre controlar el gasto durante la organización de la Copa del Mundo de 2018. Sin embargo, al finalizar el torneo, estas gradas simbolizan ahora los profundos problemas económicos que enfrenta el legado del evento deportivo.

Podrían ser desmanteladas para ahorrar en mantenimiento, pero esto es solo la punta del iceberg de un desafío financiero que afecta a múltiples sedes a lo largo del país.

Un estadio transformado y sus limitaciones

La Arena Ekaterimburgo, que anteriormente se utilizaba para partidos de futbol y otros deportes como el atletismo, tras su renovación para el Mundial ahora solo sirve exclusivamente para el futbol. Este cambio ha elevado su mantenimiento anual a la astronómica cifra de 5.9 millones de dólares, una carga económica significativa para las autoridades locales.

"El estadio no puede sobrevivir exclusivamente del futbol", reconoció el vicegobernador Sergei Shvindt, quien expresó su esperanza de que el recinto pueda albergar conciertos y otras galas para generar ingresos adicionales. Sin embargo, esta solución no es suficiente para cubrir los costos recurrentes.

Costos disparados y ayuda federal

Los problemas de mantenimiento no se limitan a Ekaterimburgo. En otros estadios del Mundial, los costos también se han disparado, con las autoridades locales rogando por ayuda del gobierno federal para hacer frente a estas obligaciones financieras.

El caso más extremo es el estadio de Samara, cuyo mantenimiento anual alcanza los 8 millones de dólares, convirtiéndolo en el más caro de todos los recintos utilizados durante el torneo.

Uso limitado y dependencia de subsidios

La situación se agrava aún más cuando se analiza el uso práctico de estas instalaciones. De los 12 estadios que albergaron partidos del Mundial, solo seis se emplearán para partidos de la liga nacional de futbol ruso.

La mayoría de los clubes rusos son subvencionados por los gobiernos regionales, lo que añade una capa adicional de dependencia financiera. Pocos clubes divulgan sus cuentas de manera transparente, pero el Spartak de Moscú, que está en manos privadas, refleja la magnitud del problema.

En la temporada 2016-17, el Spartak solo recaudó 9.25 millones de dólares en venta de entradas, una cifra que palidece en comparación con los costos de mantenimiento de los estadios.

El prestigio frente a la realidad económica

A pesar de estos desafíos económicos, para el gobierno ruso el prestigio internacional y la oportunidad de presentar al país con una imagen renovada fueron aspectos valiosos del evento. El presidente Vladimir Putin destacó este logro al afirmar: "Los estereotipos negativos se desintegraron. La gente se dio cuenta que Rusia es un país hospitalario".

Sin embargo, esta percepción positiva contrasta con la cruda realidad financiera que enfrentan las autoridades locales, quienes deben encontrar soluciones sostenibles para mantener estos emblemáticos recintos sin hundirse en deudas.

El futuro de los estadios del Mundial Rusia 2018 sigue siendo incierto, con preguntas sin respuesta sobre cómo se financiarán sus costosos mantenimientos y qué uso se les dará a largo plazo en un contexto donde el futbol profesional ruso no genera suficientes ingresos para sostenerlos.