El ingeniero César González Cruz, especialista en ingeniería de perforación e integridad de pozos con más de 20 años de experiencia, ofreció una entrevista exclusiva en la que detalló su trayectoria profesional y expuso su visión experta sobre el fracturamiento hidráulico (fracking), sus riesgos, beneficios y posibles medidas de mitigación, basándose en su experiencia técnica.
Trayectoria del experto
González Cruz es ingeniero colegiado egresado del Tecnológico de Monterrey, campus Estado de México, con maestría en Administración de Ingeniería por la University of Technology Sydney. Cuenta con certificaciones como Professional Engineer en Queensland (RPEQ) y Chartered Professional Engineer (CPEng) en Australia. Actualmente se desempeña como líder técnico en integridad de pozos para Origin Energy en Australia, una de las principales compañías de energía integrada del país, con operaciones en exploración, producción de gas natural, generación eléctrica y exportación de GNL. Ha trabajado en proyectos de gas y petróleo convencional y no convencional (shale gas y coal seam gas) en Australia, México, Latinoamérica y Asia, tanto en campo como en oficina.
Qué es el fracking
“En términos sencillos, es una técnica que se utiliza para extraer gas o petróleo atrapado en rocas muy compactas, como las lutitas, que de forma natural no permiten el flujo de fluidos. Consiste en perforar un pozo vertical u horizontal y luego inyectar a alta presión una mezcla de agua, arena y una pequeña proporción de aditivos para crear microfracturas en la roca. La arena mantiene abiertas esas fracturas, permitiendo que el hidrocarburo fluya hacia el pozo. Se trata de un proceso de ingeniería diseñado, modelado y monitoreado”, explicó.
Impactos ambientales
Reconoció que, como cualquier actividad industrial, el fracking tiene riesgos potenciales que deben gestionarse. Mencionó el elevado consumo de agua, la generación de aguas residuales con sales, metales o hidrocarburos, el riesgo de contaminación de acuíferos (principalmente por fallas en la integridad del pozo, no por las fracturas mismas), posibles derrames en superficie y sismicidad inducida. Señaló que muchos problemas documentados en el mundo se deben más a cementaciones deficientes, manejo inadecuado de residuos o falta de supervisión que al proceso de fracturamiento en sí.
¿Son inevitables los impactos negativos?
Sobre la afirmación de que los impactos negativos son “reales e inevitables”, consideró que mezcla elementos ciertos con una conclusión exagerada. Aceptó que existe incertidumbre geológica y que han ocurrido casos de afectaciones, pero sostuvo que los riesgos pueden reducirse significativamente con diseños robustos, múltiples barreras de contención, monitoreo continuo y regulación estricta. “No es correcto afirmar que el deterioro sea inevitable. En ingeniería de pozos, el riesgo no se elimina totalmente, pero sí puede reducirse a niveles aceptables mediante diseños robustos y controles rigurosos”, afirmó.
Medidas de mitigación
En las operaciones modernas se utilizan pozos diseñados con múltiples barreras para evitar problemas de integridad y asegurar que los acuíferos y otras formaciones estén aislados adecuadamente, como las tuberías de revestimiento de acero y el cemento. Los pozos deben mantenerse en programas de monitoreo, mantenimiento preventivo e inspecciones rutinarias. Los fluidos que se producen deben tener trazabilidad química; el agua debe tratarse y reutilizarse. A nivel regional debe existir monitoreo sísmico y planes de respuesta. “Cuando estos controles existen y se regulan seriamente, los riesgos disminuyen significativamente”, aseguró.
Recomendaciones para México
Para el caso de México, recomendó varias medidas prioritarias: una rigurosa selección técnica de áreas aptas, considerando geología, disponibilidad de agua, cercanía con comunidades y sensibilidad ambiental; así como una regulación robusta enfocada en la integridad de pozos. Propuso una gestión integral del agua con énfasis en la reutilización y el uso de agua no potable; transparencia química con registros públicos; monitoreo sísmico en tiempo real; beneficios sociales concretos para las comunidades; y una fiscalización independiente con capacidad técnica y sanciones reales. Insistió en la importancia de la licencia social a través del diálogo con comunidades, academia, industria y sociedad civil.
El papel del gas natural en la transición energética
El experto planteó que la discusión energética no debe ser excluyente entre renovables y combustibles fósiles, sino orientarse a la construcción de un sistema balanceado. “La discusión correcta no es si el fracking es ‘bueno’ o ‘malo’ desde un punto de vista absoluto, sino si un país cuenta con la geología adecuada, regulación sólida, capacidad técnica, transparencia y vigilancia independiente para ejecutarlo responsablemente. Si esas condiciones no existen, el riesgo aumenta. Si existen, puede desarrollarse de forma segura y competitiva”. Consideró al gas natural como un posible combustible de transición para respaldar la intermitencia de las energías renovables, siempre bajo altos estándares ambientales y con una visión de soberanía energética. Enfatizó la necesidad de investigación rigurosa e independiente, adaptada a las condiciones locales de México, así como de políticas sustentables y una regulación eficaz y creíble.
Conclusión
“He tenido responsabilidades tanto en campo como en oficina, abarcando desde el diseño y planificación de pozos hasta la ejecución operativa, gestión de riesgos, optimización de costos y supervisión de contratistas. La clave está en hacerlo con buenos estándares técnicos, diseño adecuado del pozo, aislamiento de acuíferos, manejo responsable del agua y estricta supervisión regulatoria. Bien ejecutado, puede aportar energía, empleo e ingresos; mal ejecutado, puede generar riesgos operativos y ambientales”, concluyó.



