Legumbres: La Respuesta Mexicana a la Doble Crisis Alimentaria y Climática
En un contexto de desafíos globales, las legumbres se posicionan como una de las soluciones más concretas que tiene México para enfrentar simultáneamente la crisis alimentaria y la emergencia climática. Sus extraordinarias características nutricionales y sus ventajas productivas las convierten en una de las formas más saludables y sostenibles de obtener proteínas y nutrientes esenciales para toda la población.
Un Día Mundial que Debería Ser Todos los Días
Cada 10 de febrero, desde 2016, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) conmemora el Día Mundial de las Legumbres. Esta celebración busca sensibilizar sobre el papel fundamental que desempeñan estos alimentos en la transición hacia sistemas agroalimentarios más eficientes, inclusivos, resilientes y sostenibles. Sin embargo, el verdadero objetivo debería ser colocar a las legumbres en el centro de nuestra alimentación no solo ese día, sino los 365 días del año.
Frijoles, lentejas, garbanzos, habas y chícharos merecen un lugar protagónico en nuestras mesas. De ellos obtenemos proteínas de alta calidad, vitaminas esenciales y minerales cruciales a un costo económico significativamente menor que las proteínas animales y con un impacto ambiental radicalmente reducido. Su producción genera una huella ecológica considerablemente inferior a la de carnes, huevos o productos lácteos.
Una Paradoja Alarmante: Producimos pero No Consumimos
A pesar de su arraigo histórico en la cultura mexicana, el consumo de legumbres ha experimentado una disminución sostenida y preocupante. Según datos reveladores de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut), entre 2012 y 2022 la ingesta diaria de leguminosas en personas adultas descendió de 10 gramos a apenas 7.7 gramos, representando una caída del 23% en una década.
El patrón de consumo actual presenta marcadas desigualdades:
- El mayor consumo se concentra en personas mayores de 60 años
- Las comunidades rurales del norte del país mantienen patrones alimentarios tradicionales
- Las generaciones más jóvenes crecen en entornos dominados por productos ultraprocesados
Esta tendencia debería encender todas las alarmas de salud pública. Las nuevas Guías Alimentarias Saludables y Sostenibles de la Secretaría de Salud recomiendan consumir una taza diaria de frijoles (aproximadamente 170 gramos) para adultos, adolescentes y niños. La brecha entre lo que consumimos y lo que deberíamos consumir es abismal.
La Contradicción Productiva de México
Nuestro bajo consumo interno contrasta dramáticamente con nuestra capacidad productiva. México es el octavo productor mundial de frijol, siendo este cultivo, después del maíz, el segundo con mayor superficie sembrada en el país según el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias.
Sin embargo, enfrentamos una paradoja nacional:
- Producimos significativamente pero no consumimos lo suficiente
- Importamos aproximadamente el 10% de nuestro consumo nacional
- Ingresan anualmente un promedio de 139,000 toneladas desde Estados Unidos, Canadá y China
- Las sequías afectan recurrentemente los cultivos nacionales
Para el ciclo 2025-2026, la Secretaría de Agricultura estima una producción de 1.2 millones de toneladas, concentrada principalmente en estados como:
- Zacatecas y Durango
- San Luis Potosí y Chihuahua
- Chiapas y Oaxaca
- Puebla, Guanajuato, Jalisco y Morelos
Un Desajuste Sistémico que Requiere Soluciones Integrales
Tenemos un doble desequilibrio estructural: mientras implementamos precios de garantía para apoyar a los productores, no desarrollamos con la misma intensidad políticas públicas que incentiven la incorporación de legumbres como alimentos centrales en:
- Comedores escolares y hospitalarios
- Programas sociales de alimentación
- Sistemas de compras públicas
- Políticas nutricionales nacionales
Es momento trascendental de dejar de ver a las legumbres como simples acompañantes o guarniciones secundarias. Estos alimentos poseen el potencial nutricional y gastronómico para convertirse en platos principales, reduciendo significativamente la presencia de productos de origen animal y ultraprocesados, y con ello, mitigando los impactos negativos asociados tanto a la salud pública como al cambio climático.
Una Campaña por la Revalorización Alimentaria
Revalorizar las legumbres no es solo una estrategia nutricional o climática. Representa una decisión económica y territorial estratégica que puede fortalecer nuestro sistema alimentario desde la producción hasta el consumo final. Por esta razón, la Alianza Alimentaria y Acción Climática ha lanzado la campaña #MásLegumbresHoy, destinada a concientizar sobre los múltiples beneficios de estos alimentos.
La iniciativa incluye tres recetarios gratuitos diseñados para ayudar a la población a incorporar legumbres en su alimentación diaria con las porciones recomendadas por la Secretaría de Salud, facilitando así la transición hacia patrones alimentarios más saludables y sostenibles.
El Círculo que Debe Cerrar la Política Pública
Si las Guías Alimentarias recomiendan priorizar proteínas de origen vegetal, la política pública debe cerrar el círculo virtuoso: producción, distribución y consumo deben alinearse consistentemente con esa evidencia científica. Es ineludible continuar apoyando al productor mediante mecanismos de precio justo, pero es igualmente necesario aumentar estructuralmente el consumo nacional.
El frijol, junto con lentejas, garbanzos y habas, ya forma parte indeleble de nuestra cultura agrícola y gastronómica. La discusión de fondo es si tenemos la voluntad política y social para colocar estos alimentos en el centro de una estrategia nacional integral que articule coherentemente salud pública, acción climática y seguridad alimentaria. Porque la verdadera transición alimentaria no comienza en los discursos: comienza concretamente en nuestros platos diarios.
Sofía Ruiz Oldenbourg es Ingeniera Ambiental por el Instituto Tecnológico de Colima, con más de una década de experiencia en el ámbito ambiental y de sostenibilidad en el sector privado y organizaciones de la sociedad civil. Actualmente se desempeña como Gerente de Políticas Alimentarias en Alianza Alimentaria y Acción Climática, organización mexicana sin fines de lucro que transforma el sistema alimentario hacia prácticas más éticas y sostenibles. Su trabajo incluye colaboración con sectores público y privado implementando menús sostenibles en comedores organizacionales para reducir impactos ambientales y riesgos a la salud asociados a patrones alimentarios actuales.



