El gobierno federal ha priorizado los programas sociales por encima de la inversión en infraestructura y desarrollo económico, según un análisis de expertos en políticas públicas. Esta estrategia, aunque ha beneficiado a sectores vulnerables, ha relegado proyectos clave para el crecimiento del país.
Enfoque en transferencias directas
Los programas como Pensión para Adultos Mayores, Jóvenes Construyendo el Futuro y Sembrando Vida han recibido incrementos presupuestales significativos en los últimos años. Sin embargo, la inversión en carreteras, energía y tecnología ha disminuido en términos reales.
Impacto en el desarrollo
De acuerdo con el Centro de Estudios de las Finanzas Públicas, el gasto en desarrollo económico pasó de representar el 12% del presupuesto en 2018 al 8% en 2023. Esto contrasta con el aumento del 20% en el gasto social durante el mismo periodo.
- La inversión en infraestructura cayó un 15% en términos reales.
- El gasto en ciencia y tecnología se redujo un 10%.
- Los programas sociales crecieron un 25% en presupuesto.
Expertos señalan que, si bien los apoyos directos alivian la pobreza a corto plazo, no generan empleos ni impulsan la productividad. La falta de inversión en infraestructura limita la competitividad del país, advierte el investigador Luis Foncerrada.
Consecuencias a largo plazo
El Banco Mundial ha recomendado a México equilibrar el gasto social con inversiones que fomenten el crecimiento. Sin embargo, el gobierno ha defendido su enfoque, argumentando que primero se debe atender a los más necesitados.
Organizaciones como el IMCO han señalado que la política de austeridad republicana ha afectado la capacidad del Estado para invertir en proyectos estratégicos. La reducción de fideicomisos y la cancelación de proyectos como el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México son ejemplos de esta tendencia.
Perspectivas
Para el próximo año, el presupuesto prevé un aumento del 10% en programas sociales, mientras que la inversión física se mantiene estancada. Analistas consideran que, sin un cambio de rumbo, México podría enfrentar un menor crecimiento económico y una mayor dependencia de las transferencias gubernamentales.
La discusión sobre el balance entre asistencia social y desarrollo sigue abierta, con voces a favor y en contra. Lo cierto es que la priorización de los apoyos ha relegado el desarrollo en varias áreas clave.



