El crecimiento económico en México, que en 2025 fue de apenas 0.8%, no se ha traducido en una reducción sostenida de la pobreza. Datos del Inegi y evidencia internacional coinciden en que factores estructurales, como la informalidad laboral, los bajos ingresos y las brechas en educación y salud, limitan el impacto del crecimiento.
Economistas como Abhijit V. Banerjee, Esther Duflo y Michael Kremer, ganadores del Premio Nobel de Economía 2019, han mostrado que el aumento del ingreso por sí solo no garantiza mejoras sostenidas en bienestar, especialmente cuando persisten rezagos estructurales. El análisis basado en evidencia internacional indica que el crecimiento del PIB tiene efectos desiguales cuando no va acompañado de políticas que fortalezcan el acceso a oportunidades.
Los datos más recientes del Inegi refuerzan este patrón: millones de personas tienen empleo, pero sin estabilidad ni acceso pleno a seguridad social, lo que limita su capacidad de salir de la pobreza. Aunque el análisis es global, sus conclusiones son consistentes con lo observado en México.
Distintos estudios coinciden en que no atender las causas estructurales limita los efectos de las políticas sociales en el largo plazo. A nivel internacional, el desarrollo se entiende como un proceso multidimensional, donde la calidad del crecimiento importa más que su magnitud. En contextos como el de México, donde más de la mitad de la población ocupada se encuentra en la informalidad, los avances en pobreza tienden a ser limitados o reversibles si no se atienden los factores estructurales que condicionan el acceso real a oportunidades.



