La Unión Eléctrica de Cuba (UNE) confirmó este domingo la "desconexión total" del sistema electroenergético nacional, un nuevo apagón que dejó a toda la isla sin electricidad. La falla se produjo en horas de la noche y afectó de inmediato a los 9.4 millones de cubanos, incluidos los habitantes de La Habana, donde a esa hora numerosas personas permanecían en las calles buscando alivio al calor del verano. Según reportó la agencia AFP, el apagón es el más reciente de una serie de colapsos que han sumido al país en la oscuridad.
En la capital, las luces se apagaron repentinamente y los residentes que aún estaban en la vía pública lamentaron otro fallo de la red eléctrica. La UNE informó a través de sus redes sociales que se trató de una "desconexión total" y que ya se habían activado los protocolos para restablecer el servicio. El Ministerio de Energía, por su parte, señaló que se están aplicando las medidas necesarias para la reactivación progresiva del sistema, aunque no ofreció un plazo concreto.
Un sistema eléctrico al borde del colapso
Este nuevo apagón ocurre apenas 24 horas después de que cinco de las 15 provincias del país sufrieran un corte parcial de electricidad, lo que evidencia la fragilidad de la infraestructura energética. Desde el inicio de 2025, Cuba ha registrado al menos seis apagones generalizados, y si se contabilizan los cortes masivos desde finales de 2024, la cifra asciende a once, según datos recopilados por medios locales y confirmados por fuentes oficiales. El apagón de este domingo se suma también al colapso del 14 de julio pasado, que dejó imágenes de calles vacías y aisladas en toda la nación.
Infraestructura envejecida y dependencia del exterior
La raíz del problema se encuentra en las siete plantas termoeléctricas que forman la columna vertebral de la red nacional. Estas centrales, que llevan más de 40 años en funcionamiento, presentan distintos grados de deterioro, lo que reduce su capacidad de generación y las hace propensas a fallas. A ello se suma el embargo de Estados Unidos, que impide a Cuba adquirir el combustible necesario para abastecer las centrales y las piezas de repuesto para su mantenimiento. La combinación de estos factores ha provocado que la oferta eléctrica sea insuficiente para cubrir la demanda, incluso en horarios de bajo consumo.
La vida cotidiana, al límite
Los apagones han hecho que la vida diaria en la isla sea casi imposible. Cada interrupción del servicio también reduce el suministro de agua, ya que los sistemas de bombeo dependen de la electricidad, y detiene por completo el funcionamiento de los ventiladores en plena temporada de calor. Los cubanos no dudan en admitir que están agotados por las constantes interrupciones, que afectan la conservación de alimentos, la actividad comercial y las comunicaciones. En los barrios de La Habana, los vecinos salen a las puertas de sus casas a compartir la oscuridad, mientras esperan noticias sobre la restauración del servicio.
Acusaciones cruzadas entre Cuba y Estados Unidos
La Habana sostiene que Washington es responsable de la situación crítica del sistema eléctrico, mientras que Estados Unidos atribuye la crisis energética cubana a una mala gestión económica interna. Este cruce de acusaciones se intensificó después de que la administración estadounidense autorizara la llegada de un solo petrolero ruso con 100 mil toneladas de crudo, en marzo, pero esas reservas ya se agotaron. Washington también ha endurecido las sanciones contra empresas estatales cubanas en los últimos meses, lo que ha llevado a numerosas compañías extranjeras a suspender sus operaciones en la isla, limitando aún más la capacidad de Cuba para importar tecnología y repuestos.
Reformas económicas y un futuro incierto
A finales de junio, el canciller cubano Bruno Rodríguez afirmó que las conversaciones con Estados Unidos "no muestran progresos", en referencia a las negociaciones bilaterales sobre temas energéticos y económicos. En paralelo, La Habana ha puesto en marcha una serie de reformas de libre mercado destinadas a impulsar la economía, como la apertura de nuevas formas de gestión privada y la flexibilización de las importaciones. Sin embargo, estos cambios no abordan la raíz del problema energético, que exige inversiones masivas en nuevas plantas de generación, en la reparación de las existentes y en fuentes renovables.
Mientras los técnicos de la UNE trabajan para reconectar el sistema, los cubanos vuelven a enfrentar la incertidumbre de un nuevo apagón. La crisis eléctrica no solo afecta la comodidad, sino que también golpea la economía familiar y la salud pública. Hasta que no se resuelva la obsolescencia de la infraestructura y se levanten las restricciones impuestas por el embargo, las noches a oscuras seguirán siendo una constante en la isla.



